Hijos adolescentes obedientes

¿Conseguir que tu hijo adolescente te obedezca? No, gracias

Una de las mayores frustraciones de los padres y madres de adolescentes es que los hijos no obedecen, que hacen lo que quieren. Al buzón de Adolescencia Positiva llegan a diario mensajes con una misma queja: mi hijo adolescente no me hace caso. Y la respuesta es siempre la misma: si lo piensas bien, no quieres un hijo obediente.

Sorprende, pero en cuanto se piensa un poco, tiene mucha lógica. La obediencia es, desde luego, una virtud que alabamos en la infancia, y sobre todo en la adolescencia, pero no en la edad adulta: queremos niños obedientes, pero adultos con criterio propio. Queremos niños que se sometan y adultos que sean libres.

Y eso es muy difícil de conseguir, pues la obediencia continua suele generar más bien falta de iniciativa, la costumbre de la sumisión. Si pretendemos que nuestros hijos sean personas con criterio propio, debemos acostumbrarles a ello cuanto antes.

Pero… ¿no habíamos dicho que a los adolescentes les falta precisamente el criterio propio, porque aún no tienen totalmente desarrollada la corteza prefrontal? Sí y no. Los adolescentes tienen un cerebro capaz de abstracción, y por tanto de pensamientos muy complejos. Lo que sucede es que, en un momento emocional, su corteza prefrontal no es capaz de “hacerse con el control” cerebral.

Pero si educas a tu hijo adolescente en el ejercicio del criterio propio, en vez de en la obediencia, lo estarás protegiendo y además estarás cultivando las buenas relaciones familiares.

En este artículo te contamos un poco más.

Hijo adolescente que obedezca
Tener un hijo obediente no siempre es lo más conveniente para el adolescente.

Tres consecuencias (negativas) de la obediencia

En un clima donde se fomenta la obediencia, la única persona beneficiada es el adulto, pues dar órdenes suele ser más rápido que dialogar, que comprender al otro.

Y es que está ya muy estudiado que educar en la obediencia nunca sale gratis. Algunas de las consecuencias son:

Sumisión

Un niño acostumbrado a obedecer entenderá como normales las relaciones marcadas por la sumisión, por hacer siempre lo que el otro quiere sin cuestionarse las propias preferencias.

Esto, llevado al extremo, puede ser muy peligroso, incluso puede generar la pérdida de la perspectiva ética, como se demostró en el experimento de Milgram

Pero incluso sin llegar a tanto, la sumisión generará siempre malestar, pues la persona sumisa se infravalora continuamente, no tiene en cuenta su propio criterio.

Pasividad y dependencia

Los niños obedientes están acostumbrados a esperar que los otros decidan por ellos, y entienden, además, que si no se pliegan a los deseos ajenos, no son merecedores de amor.

Esto puede terminar generando personas pasivas y dependientes, incapaces de  expresar sus sentimientos, pensamientos y opiniones, y que tratan constantemente de agradar al otro. 

Las personas pasivas buscan la armonía a toda costa, incluso aunque para ello deban anteponer la felicidad de los otros a la propia.

Te invito a entrar en nuestro Taller CONFÍA, donde acompaño a padres y adolescentes a descubrir y sanar los miedos que os bloquean.

Malas relaciones familiares

Ciñéndonos a lo inmediato, la búsqueda de la obediencia genera un gran malestar en el seno de la familia. Los famosos gritos y enfados continuos que creemos consustanciales a la adolescencia. 

No es que la búsqueda de la obediencia cause los altibajos emocionales de los adolescentes, pero sí que genera un sentimiento de incomprensión frente a los adultos.  

La obediencia es silencio y sumisión, dos cosas que, cuando se exigen al adolescente, causan frustración y enfado, y son garantía casi segura de peleas en casa.

Consecuencias obediencia
Consecuencias de la obediencia

¿Por qué nos molesta tanto que nuestros hijos no obedezcan?

Antes de hablar de cómo guiar a los adolescentes sin exigirles obediencia, habría que preguntarse por qué como padres nos molesta tanto que los hijos no obedezcan.

Es una pregunta que cada uno debería hacerse de forma honesta, con el corazón en la mano, pues probablemente tenga que ver con las heridas de la propia infancia, pero, generalizando, podríamos decir que la desobediencia nos coloca, como adultos, en una situación vulnerable porque:

  • Sentimos que la desobediencia cuestiona nuestra autoridad

Hay una gran confusión entre autoridad y autoritarismo o coerción.

Si la autoridad es coerción, el hecho de que el otro no obedezca de forma inmediata la pone en cuestión.

Sin embargo, la autoridad no consiste en eso. La autoridad es la capacidad para ejercer un liderazgo justo, coherente y que busca el bien de las personas sobre quienes se ejerce. Una persona con autoridad debe estar abierta a dar explicaciones y a escuchar los argumentos del otro.

  • La desobediencia nos da miedo porque el mundo nos da miedo

Ya sabemos que los adolescentes tienen más probabilidad que otros grupos de tener conductas antisociales, de caer en adicciones, de poner, incluso, su vida en peligro. Y nos da miedo.

Además, socialmente está bastante extendida la idea de que un adolescente obediente está más a salvo de estos peligros que un adolescente rebelde

Pero la realidad funciona al revés: si nos acostumbramos a imponer y a que obedezcan, estamos poniendo a los adolescentes en una situación de mucho más riesgo, porque van a tender a mentir, y entonces no tendremos control de ningún tipo sobre su conducta.

  • Estamos acostumbrados al autoritarismo y nos cuesta salir de ello

En educación, como en muchos ámbitos de la vida, tendemos al automatismo: a repetir patrones sin cuestionárnoslos. Y la mayoría de los padres y madres de hoy en día venimos de una educación autoritaria.

Y, aunque es más que comprensible enfadarse cuando estamos haciendo la cena y nuestros hijos adolescentes dicen que “no es su trabajo” poner la mesa, y se comprende que en ese momento se nos escape un “pones la mesa porque yo lo digo, y punto”… Debemos saber que esa no es la manera.

Pero los automatismos también se pueden cambiar. Por eso en Adolescencia Positiva insistimos tanto en la necesidad de formarnos para educar.

¿Cómo conseguir que mi adolescente cumpla las normas?

hijo obedientes
Marionetas obedientes

Está claro: no queremos adolescentes que obedezcan.

Pero necesitamos que cumplan algunas normas sociales y familiares, que colaboren en casa, que se responsabilicen de lo suyo. ¿Cómo lo conseguimos?

Pues bien, deberíamos tener claro, antes de nada, que nuestro objetivo no es que cumplan todas las normas, todo el tiempo. Esta expectativa es irreal, no solo para los adolescentes, sino para cualquier persona, y solo provoca frustración. 

Por esta razón, es interesante distinguir entre normas y límites. Los segundos no se negocian, y no deben traspasarse nunca; las primeras, sin embargo, pueden negociarse y reevaluarse.

Teniendo esto claro, te podemos asegurar que sí, que hay algunas formas de conseguir que los adolescentes colaboren: 

1. Establece pocos límites, pero claros y sencillos.

El valor de los límites está en su número: cuantos menos haya, más claro quedará que son importantes, y más sencillo será que se cumplan.

Pero para ello es fundamental que estén formulados de forma muy sencilla. Cuanto más claro tengan nuestros hijos qué es lo que esperamos de ellos, más fácil será que lo cumplan.

“Respetar a los otros” parece un límite claro, pero en cuanto rascamos un poco, se complica. ¿Qué implica respetar? ¿No gritar? ¿Y criticar? ¿Puede suponer tener en orden las zonas comunes? Son temas que deberían hablarse porque lo que para nosotros puede parecer claro, quizá no lo esté para ellos.

2. Comunícate con tu hijo de forma fluida y llega a acuerdos.

Una vez que están claros los límites, las normas pueden negociarse. Si hemos puesto como límite “mantener ordenadas las zonas comunes” porque es importante en nuestra familia, podemos llegar a ello de diferentes maneras; por ejemplo, que cada cual compruebe, a la hora de acostarse, que en el salón no queda nada suyo: una norma.

Pero quizá para tu adolescente sea más fácil que cada noche una persona ordene el salón. Esto podría acordarse. La libertad y la responsabilidad van de la mano; por eso, cuando le das la responsabilidad de expresarse y elegir (de ser libre), tu adolescente se hace más responsable: su compromiso con el acuerdo aumenta.

Pero recuerda que un acuerdo debe ser siempre justo, flexible y sincero.

3. Sé ejemplo

En Adolescencia Positiva estamos convencidos de que la mejor manera de educar es con el ejemplo.

Y, en el caso de las normas y límites, esto significa hablar mucho, escuchar siempre, estar abierta a negociar y someterse a la disciplina de cumplir, también, con los acuerdos.

Piensa que si tú misma no eres capaz de cumplir un acuerdo, probablemente tu adolescente tampoco lo sea.

Dime, ¿le dejas a tu hijo negociar las normas? ¿Te habías planteado que cumplir no es lo mismo que obedecer? ¿O eres más de las de “quiero la mesa recogida ya, y no me repliques”?

Por cierto, que si en tu casa hay guerra diaria con el tema de las tareas del hogar, te interesa saber que el próximo miércoles, 26 de octubre, a las 19h de Madrid, tienes un nuevo taller, Ceniciencia, donde te cuento cómo puedes empezar a delegar en las tareas del hogar y conseguir que tu hijo colabore en casa. 

¡Espero verte allí!

Necesidades de un adolescente con criterio propio

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