¿Te resistes a formarte para educar?

¿Te resistes a formarte para educar mejor?

Recibo muchos mensajes, a diario, de madres de adolescentes. Normalmente me piden ayuda o consejo sobre un tema particular (de hecho, esas preguntas inspiran muchos de los posts que puedes leer en este blog), al que intento responder si puedo, porque desconociendo la situación no siempre es ético dar una respuesta. Pero, en ocasiones, también recibo mensajes de gente que no está de acuerdo con mis ideas sobre educación. Personas que me dicen que “toda la vida se ha educado así” y que no ven razones para cambiar. Y bueno, aunque yo estoy aquí para ayudar a quien quiere cambiar, y no para convencer a quien prefiere seguir igual, te diré que eso, el “toda la vida se ha hecho así”, que suele ir seguido de un “y no hemos salido tan mal”, es solo una excusa.

Es una excusa, porque cuando dices eso estás mirando a la persona adulta que eres hoy como si fueras solo “el resultado” de la educación que recibiste. Pero tú eres mucho más que el fruto de esa educación; quizá incluso hayas tenido que superar miedos o limitaciones que venían de esa educación (como seguir un camino determinado en tu vida o creer que “no valías” para estudiar, por ejemplo).Educación

Si en lugar de ver a quien eres hoy te centras en la persona que eras cuando estabas recibiendo determinadas prácticas educativas, probablemente tu análisis sea diferente. ¿Cómo vivías los gritos, la violencia física si la hubo? ¿Qué sentías cuando te mandaban callar? ¿Y cuando te castigaban sin salir? ¿No juraste entonces que nunca harías eso cuando crecieras?

Tampoco es que la educación de tus adolescentes deba ser una “venganza” por aquello que tú sufriste, no. Lo que quiero es que, mirando a la adolescente que fuiste, mires a tu adolescente hoy e intentes educar desde la empatía.

Las resistencias al cambio educativo

Cuando digo que es una excusa, no quiero decir que se diga conscientemente, no. De hecho, creo que la mayoría de las resistencias al cambio son inconscientes. Desde mi experiencia como educadora he reflexionado mucho sobre ellas y las clasifico en los siguientes grupos:

  • La gratitud mal entendida

El “a mí me educaron así” se emplea a menudo para justificar la desconexión y los castigos a los hijos adolescentes. Pero esa frase, en realidad, lo que justifica son las prácticas educativas de los propios padres. Como si saliendo de esa línea educativa se les diera la espalda.

El problema es que tú no eres tu madre, ni tu padre. Eres una persona diferente, autónoma, que toma sus propias decisiones.

Educar de forma diferente a como ellos lo hicieron no es mostrar ingratitud.

Tus padres te educaron guiados por el amor y por las ganas de hacerlo lo mejor posible, a su manera, con su propio bagaje de crianza, su conocimiento y sus medios, y tú deberías hacer lo mismo.

  • La seguridad

Esta resistencia no se enuncia tal cual pero es muy fácil de ver en familias que se sienten cuestionadas cuando intentan cambiar su forma de educar.

Regañar

Por desgracia, en el imaginario colectivo la vida con adolescentes está hecha de portazos, amenazas y gritos continuos, y no tener “mano dura” está muy mal visto. Parece que si no se educa con rigidez, los adolescentes acabarán siendo delincuentes juveniles.

Socialmente, la conexión con los adolescentes está condicionada a su comportamiento. Viene después de haber cumplido todas las expectativas adultas y solo la merecen quienes son “buenos chicos”. 

En este contexto, educar con conexión cuando tu adolescente no saca buenas notas, o no controla su ira, o no llega a casa a la hora, está muy mal visto. 

Y entonces surgen las dudas. Parece no haber resultados, pero sí recibimos muchas críticas: ¿no será mejor dejarse de experimentos, hacer “lo de toda la vida” y despreocuparnos? 

  • La resistencia cerebral a los cambios

Si no te han educado con conexión, entrar en este nuevo paradigma supone reprogramar tu cerebro.

Y eso no es tan fácil. El cerebro está diseñado para gastar la mínima energía posible, y por esta razón se resiste a los cambios (hablo del cerebro adulto; el adolescente, precisamente, se caracteriza por su facilidad para reconstruirse y abrazar nuevos hábitos). 

Es como cuando te propones hacer más deporte: te apuntas al gimnasio con el firme propósito de levantarte más temprano, o reducir la pausa de la comida en el trabajo… Pero tras dos o tres días siempre tienes una excusa.

Pero no eres tú: es tu cerebro.

Y hay una manera de vencer esta resistencia: ir poco a poco, visualizando la meta pero siendo consciente del camino, felicitándote por los logros y siendo generosa con tus errores. 

Márcate metas realistas en tu maternidad y verás cómo poco a poco llegas a ellas. Puedes consultar los episodios 15 y 31 del podcast, donde hablábamos de cómo reconocer los propios logros y de medir las metas en la maternidad.

  • La focalización en el error

Pues sí. Vivimos en una sociedad donde se ataca el error, y eso hace que el proceso de cambio de la educación autoritaria a la democrática sea más difícil.

En la educación democrática, el error se comprende como parte del aprendizaje. Incluso la oposición a la norma forma parte del proceso interno de asunción de esa norma. 

Cuando acompañas a tu adolescente desde la conexión, no atacas al error, sino a la causa. 

A veces me escriben madres diciéndome que a pesar de haber dejado de gritar a sus hijas, estas siguen llegando tarde los sábados. Y claro, les dan ganas de volver a gritar.

Pero es que el dejar de gritar no es una varita mágica que corrige la conducta, no. El dejar de gritar es solo un paso para reparar la conexión con tu adolescente, para ponerte en su lugar e intentar entender qué hay detrás de ese llegar tarde.

Si cambias el foco, serás más capaz de ver los resultados.

No, “lo de toda la vida” no es mejor

No es fácil abrazar el cambio, lo sé. Pero eso no significa que lo que se hacía antes sea mejor. Puede ser más sencillo porque lo podemos hacer de manera automática, pero genera mucha desconexión y frustración, no solo en los adolescentes, también en nosotros.

Además, ahora, comparando con la época en que éramos adolescentes, hay muchísima información sobre educación y crianza.Madre e hija

Está al alcance de cualquiera el informarse de las consecuencias de educar de forma autoritaria, o el saber por qué educar con conexión no hace de los adolescentes delincuentes en potencia, sino personas bien preparadas para afrontar la vida.

Hace algunas semanas ya tratamos el tema de los estilos de crianza según la teoría de Maccoby y Martin, de 1983, y los beneficios demostrados de educar de forma democrática, comparando con otros estilos educativos (el autoritario, el permisivo y el negligente).

No se trata de una moda, no. Son años de estudios en diferentes áreas (la disciplina positiva, la neurociencia, las inteligencias múltiples, la pedagogía…) que demuestran que la educación en positivo es mejor, tanto en la infancia como en la adolescencia.

Formarte es tu responsabilidad

Hay una cierta resistencia social a formarse en cuestiones de maternidad. Como si tuviéramos una especie de brújula interior innata que nos dijera lo que tenemos que hacer. Siempre.

Y claro, esto no es así.

Mucho menos teniendo en cuenta que en la tarea de educar hoy nos enfrentamos a muchas dudas que antes no existían, como la omnipresencia de internet.

De hecho, en una revisión de estudios sobre cómo influye en la educación de los hijos el hecho de que los padres se formen sobre educación, se demostró que cuando los padres y madres entienden los procesos de desarrollo de sus hijos, mejoran, al menos, los siguientes aspectos:

  • El apoyo escolar es más eficaz, más adaptado a la etapa de desarrollo y a las particularidades del hijo o hija, lo que se traduce en mejores resultados y en un mayor bienestar en la escuela. 
  • Los hijos tienen mayor autoestima, pues se sienten comprendidos y amados por quienes son, y reciben expectativas ajustadas (ni muy bajas, lo que lleva a la desmotivación, ni demasiado altas, lo que puede provocar frustración).
  • Los padres están más tranquilos y confían más en sus capacidades, lo que a su vez hace que sigan practicando esta forma de educación.

Aunque solo fuera por sentir más tranquilidad y confianza frente a las turbulencias de la etapa adolescente, merece la pena que dejes de escudarte en el “toda la vida se ha hecho así” y hagas el esfuerzo de formarte, de entender los porqués y los cómo de tu adolescente para poder educar desde la conexión.

Formarte para educar mejor es responsabilidad tuya.

Porque la adolescencia es tu última oportunidad para construir con tu hijo o hija la relación que quieres tener cuando ya no esté bajo tu techo.

Y puedes hacerlo desde ahora mismo, porque el lunes 15 de noviembre empezamos una nueva edición de los talleres gratuitos “Gestión de batallas con adolescentes”, en los que te doy las herramientas y estrategias fundamentales para que entiendas mejor a tu adolescente y afrontéis con calma esta etapa de cambios. 

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¡Te veo dentro!

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