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¿Conoces el experimento de Milgram?


Antes de entrar en materia sobre la obediencia en adolescentes debes conocer este caso. Stanley Milgram fue un psicólogo de la Universidad de Yale (EEUU) que llevó en el año 1961 una serie de experimentos. La finalidad era medir la disposición de un individuo para obedecer las órdenes de una autoridad. Incluso cuando estas órdenes pudieran ocasionar un conflicto con su sistema de valores y su conciencia. 

 

El experimento comenzó en julio de 1961, tres meses después de que Adolf Eichmann fuera sentenciado a muerte en Jerusalén por crímenes contra la humanidad durante el régimen nazi alemán. Milgram diseñó estos experimentos para responder a las preguntas: ¿Es posible que Eichmann y sus millones de asociados en el Holocausto simplemente obedecieran las órdenes? ¿Podríamos llamarlos cómplices?


El experimento consistía en atraer a un grupo de voluntarios a los que se les explicó que iban a hacer un experimento de memoria. El voluntario se sentaba en una habitación y al otro lado había un participante que debía recitar una lista de palabras por asociación. Cuando ese participante fallaba, el voluntario debía apretar un botón que soltaba una descarga eléctrica al participante. Al principio no sucedía nada porque se explicó al voluntario que las descargas eran bajas. Pero cada vez que se fallaba, con el tiempo, el voltaje iba subiendo más y más. 


Como es lógico, los quejidos del participante se hacían cada vez más sonoros y dolorosos hasta que llegaba un momento en el que ya no se escuchaba nada más. Es decir, el voluntario llegaba a creer que el participante podía haber muerto o haber tenido un infarto y, sin embargo, algunos voluntarios, en torno al 20%, continuaban el experimento hasta el final.

 

                                                                                      Campo nazi

 

Lo que esos voluntarios desconocían es que al otro lado de la habitación no había nadie en realidad, tan solo una grabación. 

Este experimento demuestra que nuestra voluntad queda anulada en ocasiones porque la sugestión hacia la persona que nos está mandando, el no enfadarle o el no fallarle, es superior a lo que sentimos al causar dolor a otra persona


Lo mismo sucede si trasladamos este experimento al requerimiento de obediencia en los adolescentes. La realidad es que cuando creemos que alguien es responsable, que tiene autoridad para llevar a cabo un experimento, dirigir a un grupo de trabajadores o dar órdenes, obedecemos, inconscientemente, para perder la responsabilidad ética. No pensamos por nosotros mismos. Ya no tomamos decisiones morales desde nuestra posición, las delegamos en las personas que tienen autoridad, lo que demuestra que nos importa bien poco lo que hacemos. 

 

Esto sucede a menudo entre jóvenes que siguen a sus grandes ídolos en redes sociales: lo identifican como el líder y creen que tiene autoridad suficiente para guiarles. Casos de consumo de drogas, alcohol, o tabaco pueden originarse en esa delegación de la responsabilidad. 


“Si mi amigo, que es mayor que yo, que tiene más éxito con las chicas y que es el macho alfa del grupo me lo dice, yo debo hacerlo.”


Debemos generar en los adolescentes el concepto de autonomía y autoridad personal. Trabajar su autoestima. En el sentido de la responsabilidad no vale echarle la culpa a otro que te lo mandó. 


Los hijos deben aprender a decir NO cuando consideren que algo es inmoral o no está dentro de sus patrones éticos. La sumisión puede llevar a cometer actos insalvables, ¿de verdad sigues pensando que la obediencia en adolescentes es positiva para su desarrollo?

 

 

 

 

¿Conoces el experimento de Milgram?


Antes de entrar en materia sobre la obediencia en adolescentes debes conocer este caso. Stanley Milgram fue un psicólogo de la Universidad de Yale (EEUU) que llevó en el año 1961 una serie de experimentos. La finalidad era medir la disposición de un individuo para obedecer las órdenes de una autoridad. Incluso cuando estas órdenes pudieran ocasionar un conflicto con su sistema de valores y su conciencia. 

 

El experimento comenzó en julio de 1961, tres meses después de que Adolf Eichmann fuera sentenciado a muerte en Jerusalén por crímenes contra la humanidad durante el régimen nazi alemán. Milgram diseñó estos experimentos para responder a las preguntas: ¿Es posible que Eichmann y sus millones de asociados en el Holocausto simplemente obedecieran las órdenes? ¿Podríamos llamarlos cómplices?


El experimento consistía en atraer a un grupo de voluntarios a los que se les explicó que iban a hacer un experimento de memoria. El voluntario se sentaba en una habitación y al otro lado había un participante que debía recitar una lista de palabras por asociación. Cuando ese participante fallaba, el voluntario debía apretar un botón que soltaba una descarga eléctrica al participante. Al principio no sucedía nada porque se explicó al voluntario que las descargas eran bajas. Pero cada vez que se fallaba, con el tiempo, el voltaje iba subiendo más y más. 


Como es lógico, los quejidos del participante se hacían cada vez más sonoros y dolorosos hasta que llegaba un momento en el que ya no se escuchaba nada más. Es decir, el voluntario llegaba a creer que el participante podía haber muerto o haber tenido un infarto y, sin embargo, algunos voluntarios, en torno al 20%, continuaban el experimento hasta el final.

 

                                                                                      Campo nazi

 

Lo que esos voluntarios desconocían es que al otro lado de la habitación no había nadie en realidad, tan solo una grabación. 

Este experimento demuestra que nuestra voluntad queda anulada en ocasiones porque la sugestión hacia la persona que nos está mandando, el no enfadarle o el no fallarle, es superior a lo que sentimos al causar dolor a otra persona


Lo mismo sucede si trasladamos este experimento al requerimiento de obediencia en los adolescentes. La realidad es que cuando creemos que alguien es responsable, que tiene autoridad para llevar a cabo un experimento, dirigir a un grupo de trabajadores o dar órdenes, obedecemos, inconscientemente, para perder la responsabilidad ética. No pensamos por nosotros mismos. Ya no tomamos decisiones morales desde nuestra posición, las delegamos en las personas que tienen autoridad, lo que demuestra que nos importa bien poco lo que hacemos. 

 

Esto sucede a menudo entre jóvenes que siguen a sus grandes ídolos en redes sociales: lo identifican como el líder y creen que tiene autoridad suficiente para guiarles. Casos de consumo de drogas, alcohol, o tabaco pueden originarse en esa delegación de la responsabilidad. 


“Si mi amigo, que es mayor que yo, que tiene más éxito con las chicas y que es el macho alfa del grupo me lo dice, yo debo hacerlo.”


Debemos generar en los adolescentes el concepto de autonomía y autoridad personal. Trabajar su autoestima. En el sentido de la responsabilidad no vale echarle la culpa a otro que te lo mandó. 


Los hijos deben aprender a decir NO cuando consideren que algo es inmoral o no está dentro de sus patrones éticos. La sumisión puede llevar a cometer actos insalvables, ¿de verdad sigues pensando que la obediencia en adolescentes es positiva para su desarrollo?

 

 

 

 

¿Conoces el experimento de Milgram?


Antes de entrar en materia sobre la obediencia en adolescentes debes conocer este caso. Stanley Milgram fue un psicólogo de la Universidad de Yale (EEUU) que llevó en el año 1961 una serie de experimentos. La finalidad era medir la disposición de un individuo para obedecer las órdenes de una autoridad. Incluso cuando estas órdenes pudieran ocasionar un conflicto con su sistema de valores y su conciencia. 

 

El experimento comenzó en julio de 1961, tres meses después de que Adolf Eichmann fuera sentenciado a muerte en Jerusalén por crímenes contra la humanidad durante el régimen nazi alemán. Milgram diseñó estos experimentos para responder a las preguntas: ¿Es posible que Eichmann y sus millones de asociados en el Holocausto simplemente obedecieran las órdenes? ¿Podríamos llamarlos cómplices?


El experimento consistía en atraer a un grupo de voluntarios a los que se les explicó que iban a hacer un experimento de memoria. El voluntario se sentaba en una habitación y al otro lado había un participante que debía recitar una lista de palabras por asociación. Cuando ese participante fallaba, el voluntario debía apretar un botón que soltaba una descarga eléctrica al participante. Al principio no sucedía nada porque se explicó al voluntario que las descargas eran bajas. Pero cada vez que se fallaba, con el tiempo, el voltaje iba subiendo más y más. 


Como es lógico, los quejidos del participante se hacían cada vez más sonoros y dolorosos hasta que llegaba un momento en el que ya no se escuchaba nada más. Es decir, el voluntario llegaba a creer que el participante podía haber muerto o haber tenido un infarto y, sin embargo, algunos voluntarios, en torno al 20%, continuaban el experimento hasta el final.

 

                                                                                      Campo nazi

 

Lo que esos voluntarios desconocían es que al otro lado de la habitación no había nadie en realidad, tan solo una grabación. 

Este experimento demuestra que nuestra voluntad queda anulada en ocasiones porque la sugestión hacia la persona que nos está mandando, el no enfadarle o el no fallarle, es superior a lo que sentimos al causar dolor a otra persona


Lo mismo sucede si trasladamos este experimento al requerimiento de obediencia en los adolescentes. La realidad es que cuando creemos que alguien es responsable, que tiene autoridad para llevar a cabo un experimento, dirigir a un grupo de trabajadores o dar órdenes, obedecemos, inconscientemente, para perder la responsabilidad ética. No pensamos por nosotros mismos. Ya no tomamos decisiones morales desde nuestra posición, las delegamos en las personas que tienen autoridad, lo que demuestra que nos importa bien poco lo que hacemos. 

 

Esto sucede a menudo entre jóvenes que siguen a sus grandes ídolos en redes sociales: lo identifican como el líder y creen que tiene autoridad suficiente para guiarles. Casos de consumo de drogas, alcohol, o tabaco pueden originarse en esa delegación de la responsabilidad. 


“Si mi amigo, que es mayor que yo, que tiene más éxito con las chicas y que es el macho alfa del grupo me lo dice, yo debo hacerlo.”


Debemos generar en los adolescentes el concepto de autonomía y autoridad personal. Trabajar su autoestima. En el sentido de la responsabilidad no vale echarle la culpa a otro que te lo mandó. 


Los hijos deben aprender a decir NO cuando consideren que algo es inmoral o no está dentro de sus patrones éticos. La sumisión puede llevar a cometer actos insalvables, ¿de verdad sigues pensando que la obediencia en adolescentes es positiva para su desarrollo?

 

 

 

 

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