Evita el síndrome del adolescente hiperregalado con estos 10 pasos

Navidad. Los Reyes Magos. Las notas, si superan unos mínimos. Los familiares a los que se ve una vez al año. El premio por aquel día. El “todos lo tienen”. La “excusa” del cotillón de Año nuevo… Todo son razones, en estas fechas, para sobrecargar de regalos a nuestros niños y adolescentes, que se encuentran en muy pocos días con un aluvión de objetos (o una gran suma de dinero) difícil de gestionar. 

Todos queremos ser buenos padres. Y el regalo es, en palabras del escritor estadounidense Gary Chapman, uno de los lenguajes del amor. No el único, claro, pero sí uno socialmente muy bien valorado; esta es, probablemente, la razón por la que terminamos intentando complacer todos los deseos de nuestros hijos, incluso si nos cuestan un gran esfuerzo económico u organizativo.

Pero el exceso de regalos tiene consecuencias negativas en los adolescentes, que pueden terminar creyendo que todos sus deseos deben ser satisfechos siempre. Desaparece la ilusión, sustituida por la ansiedad. Desaparece el agradecimiento, que da paso a la exigencia.

No es malo regalar, pero hacerlo de más, irreflexivamente, puede terminar anulando los valores que nos gustaría transmitir.

¿Es posible evitar que nuestros adolescentes estén hiperregalados y volver a sentir el detalle navideño como una expresión de amor, y no como un deber? Claro que sí. Es urgente, incluso.

A continuación te contamos por qué es necesario evitar el exceso de regalos y cómo conseguirlo.

Síndrome del adolescente hiperregalado
Muchos de nosotros tenemos un exceso de objetos en casa que son un capricho, no una necesidad

¿Por qué regalamos en exceso?

Se viene hablando bastante, desde hace algunos años, de los niños y adolescentes hiperregalados, pero se comenta mucho menos cómo algunos adultos también reciben (y quizá entregan) demasiados regalos, hasta qué punto muchos de nosotros tenemos un exceso de objetos en casa y cómo un acto que era en principio una expresión de amor y alegría se ha terminado transformando en una obligación y casi un problema. 

No hay que perder de vista que, aunque hoy parezca una obligación consumista, el regalo es una realidad social que existe desde la prehistoria; sirve para reforzar vínculos y para expresar emociones (amor, perdón, amistad…). Cuando regalamos, y cuando nos regalan algo, nos sentimos parte de un grupo, y esta es la más humana de las necesidades, esencial a lo largo de toda la vida.

Pero hay más: en el terreno neurológico, sabemos que el acto de regalar (de hacer o recibir un obsequio) estimula la liberación de oxitocina, dopamina, serotonina y endorfinas, un cóctel hormonal asociado con el placer, la felicidad, el bienestar. Las mismas hormonas que se activan cuando sentimos que alguien se preocupa por nosotros.

Así que cuando les hacemos un regalo a nuestros hijos estamos esperando, de forma inconsciente, que sientan ese vínculo con nosotros.

A veces, es verdad, en el regalo se esconde algo de compensación, por no tener mucho tiempo para los hijos, o por aquello que hemos deseado en la infancia o adolescencia y no pudimos tener. 

Pero hay que olvidar las culpas: el trasfondo del regalo es el amor.

El problema para los adolescentes no es el regalo, sino el exceso, que viene producido por la combinación de la ilusión que sentimos al regalar con la presión de la sociedad hiperconsumista. 

Adolescentes hiperregalados: consecuencias

Porque se sabe que cuando los regalos superan ciertos límites, traen consigo enseñanzas que no quisiéramos dejarles a nuestros hijos. 

Porque la sobredosis de regalos tiene consecuencias que pueden ser muy negativas: 

Dificultades para valorar los regalos

Más allá de las cuestiones económicas, si un adolescente recibe todo lo que desea, pierde la capacidad de valorar los regalos, esto es, de agradecer a la otra persona el haber dedicado tiempo a pensar en él, en sus gustos, en sus deseos y haber buscado satisfacerle con un regalo, e incluso la propia suerte por poder recibir objetos que otros jóvenes nunca tendrán.

Muchos niños y adolescentes hiperregalados, en vez de agradecer, se enfadan si no reciben lo que desean.

La capacidad de apreciar y agradecer lo que nos rodea es un indicador de felicidad en la edad adulta y, por ello, un valor fundamental que deberíamos cultivar en la adolescencia.

Pérdida de ilusión

Cuando se entrega a un niño o adolescente todo aquello que desea, se le acostumbra a la satisfacción rápida de sus deseos, alimentando aquella parte de su cerebro que se centra en el corto plazo y en la recompensa inmediata, y dejando de lado un posible aprendizaje: el entrenamiento de la corteza prefrontal, que se encarga del pensamiento racional, de regular la capacidad de retrasar la recompensa y de controlar los impulsos.

Esto puede llevar a la confusión entre deseos y necesidades y a la pérdida de la ilusión, pues en la ilusión, que es una energía esencial para afrontar la vida adulta, juega un papel fundamental la incertidumbre.

Si notas que esta pérdida de ilusión ya ha sucedido en tu adolescente, has llegado justo a tiempo, pues están abiertas las puertas de La brújula, el programa en el que te acompañamos para mentorizar a tu adolescente y ayudarle a descubrir quién quiere ser y qué pasos debe dar para ello.

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Dificultad para seguir las normas

Los adolescentes que terminan confundiendo sus deseos con necesidades, que sienten que otras personas tienen la obligación de satisfacerlos, suelen tener más dificultades para cumplir las normas, pues se instalan en la lógica del “lo veo – lo quiero – lo tengo”, dificultando así la maduración completa de su cerebro.

Un adolescente hiperregalado puede terminar entendiendo que el mundo está a su servicio y que, por lo tanto, no tiene necesidad de cumplir las normas si estas no se corresponden con su voluntad. 

Son adolescentes con baja empatía y un comportamiento que puede derivar en un trastorno de oposición desafiante, en el que hay falta de cooperación e irritabilidad extremas hacia las figuras de autoridad.

Baja tolerancia a la frustración

La tolerancia a la frustración es la capacidad de aceptar que en la vida nunca tendremos todo lo que queremos, ni siquiera aunque lo deseemos con mucha fuerza o nos esforcemos mucho en obtenerlo. 

Este es un aprendizaje que debe trabajarse desde la infancia; no frustrando a nuestros hijos a propósito, pero sí acompañando su frustración, enseñándole a esperar, a no abandonar los esfuerzos y a aceptar que determinadas circunstancias no dependen de uno mismo y no se pueden cambiar. 

La falta de tolerancia a la frustración provoca dificultades para aceptar contratiempos que suelen generar sentimientos de ansiedad, tristeza, agitación o enfado, en la adolescencia como en la edad adulta. 

Evita el síndrome del adolescente hiperregalado

Es posible, decíamos, combinar la alegría que nos produce regalar con la moderación y la mesura, inculcando valores y otra forma de mirar los regalos.

Pero no es fácil porque ello implica ir contracorriente y, a veces, incluso poner límites a los propios familiares. 

En los últimos años se comentan mucho algunas iniciativas (la regla de los cuatro regalos, la del “director de orquesta”…) que consideramos interesantes pero quizá para edades más tempranas. Aquí hemos tomado algunas de ellas, adaptándolas a las particularidades de la etapa adolescente, y hemos construido nuestro:

Decálogo para evitar adolescentes hiperregalados

1) Orienta a los hijos unas semanas antes de las fiestas, o incluso antes si manifiestan un deseo material, ayudándoles a reflexionar sobre qué necesitan, qué les hace ilusión y qué les será útil.

2) Fija el presupuesto y comunícaselo a tu adolescente, para que tenga claro que no vas a superarlo.

3) Si los regalos que pide son excesivos y no se decide por nada en particular, recuérdale que no lo va a tener todo.

4) Asigna regalos a los diferentes miembros de la familia. De esta manera, aumenta la probabilidad de que reciba lo que desea y evitas la frustración, tan común en la adolescencia, de los regalos que no le gustan. 

5) Ante deseos caros, propón a otras personas unir fuerzas y que se compre entre varios, si están de acuerdo. 

6) Para evitar el exceso de objetos materiales, regálale experiencias: la entrada a un concierto, un curso de esquí, un escape room con los amigos…

7) Hazle regalos que no impliquen dinero o incluso una chequera de “privilegios” como pasar un sábado en pijama, llegar más tarde a casa un día o elegir la cena. Así le ayudas a comprender el valor de lo pequeño.

8) Si le quieres sorprender, cuidado, es de lo más difícil en la adolescencia. Piensa bien en sus gustos y cuida mucho la talla de ropa, que puede causar mucha frustración.

9) Controla los regalos en forma de dinero (no nos parecen negativos dependiendo de la madurez, pero no creemos que deban ser los únicos).

10) Modela tu comportamiento al recibir y disfrutar un regalo (el agradecimiento, los comentarios cuando lo uses…). A veces no somos el mejor ejemplo.

Cuéntanos, ¿sientes que tu adolescente recibe demasiados regalos? ¿Qué medidas has puesto o vas a poner para evitarlo estas fiestas?

 

1 comentario. Dejar nuevo

  • Tengo en casa dos adolescentes, y el mayor de casi 17 se ha enfadado porque si hermana de 15 años tenia más regalos que el, no se como gestionarlo porque han tenido ambos unos reyes demasiado buenos. El dice que está contento con sus reyes( aunque no lo manigiesta) que el problema está en que su hermana tiene más, yo intento explicarle que económicamente estaban igualados sólo que sus cosas son de marca y más caras que las de su hermana,
    Veo una actitud muy egoísta por su parte y no llego a comprenderle

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