Mi hijo adolescente me cae mal

Mi hijo adolescente me cae mal. ¿Qué puedo hacer?

Imagina la situación: un café entre amigas, compañeras de maternidad. Han vivido juntas las infancias de sus hijos y ahora se enfrentan los años más temidos, los de la adolescencia. Tienen adolescentes normales, con los problemas propios de la edad, y las reuniones de amigas son un momento de desahogo. Hablan de los estudios, las amistades, las pantallas, las primeras parejas, las malas caras, los gritos. Y en plena conversación, una de ellas afirma: “ahora mismo, mi hijo me cae fatal”.

Entendemos que los hijos adolescentes pueden odiar a los padres, pero… ¿Y los padres? ¿De verdad no podemos tener sentimientos negativos hacia nuestros hijos?

La adolescencia, todos lo sabemos, es un momento difícil. Nuestros hijos ya no están centrados en la familia, como los niños, sino en el mundo exterior, y eso, unido a que todavía tienen escaso autocontrol, puede ser fuente de mucho malestar en la familia.

¿Cómo va a ser sencillo convivir con alguien que es todavía un niño en muchos aspectos, pero no acepta las críticas, piensa que lo sabe todo, se encierra con el móvil o se va con los amigos y, además, responde de malos modos?

Reconozcámoslo: a veces nos sobran las razones para que nuestros adolescentes nos caigan mal.

Pero lo importante es qué hacemos con ese sentimiento. Cómo lo gestionamos, qué valor le damos, cuánto nos afecta. Y es que, te caiga bien o mal, sigue siendo tu hijo, probablemente menor, y sigues teniendo la obligación de mantenerlo, velar por él y cuidarle.

Mi hijo adolescente me cae mal
Aquellos hijos que, por la razón que sea, nos exigen mucha energía, nos desgastan mucho

¿Por qué tu hijo adolescente te cae mal?

Ya lo hemos mencionado, hay actitudes típicas de la adolescencia que pueden hacer que tu hijo te caiga mal. Nos gustaría subrayar el “típicas de la adolescencia” porque sí, lo son, son naturales y propias de ese momento de desarrollo, aunque a veces no nos gusten o debamos corregirlas. 

Son los llamados “conflictos de baja intensidad”, aquellos que, repetidos, generan ese clima familiar que puede llegar a ser desesperante. Pero que tu adolescente te caiga mal no depende, en realidad, de su conducta. Depende de razones más profundas que tienen más que ver contigo que con él. Podemos resumirlas en unas pocas: 

1. Has idealizado la maternidad

No, no “has”: no es culpa tuya. Vivimos en una sociedad que ha idealizado la maternidad, con ayuda de las redes sociales. Y no es que ser madre no tenga cosas buenas: tiene muchas, claro; es que se nos está vendiendo socialmente la idea de que la madre perfecta es una trabajadora exitosa, siempre disponible para sus hijos (que siempre son perfectos), que no comete errores y, además, se cuida. Un ideal inalcanzable que acaba siendo motivo de frustración para muchas personas.

2. Tus expectativas son poco realistas

Especialmente si educaste en positivo cuando tus hijos eran muy pequeños, quizá te habías hecho, inconscientemente, a la idea de que transitarían la adolescencia sin demasiados problemas, y ahora te encuentras con con exigencias, malas respuestas, portazos, desconfianza, desafíos, mutismo…

El contraste entre lo que creías que iba a suceder (una adolescencia conectada y cómplice) y lo que de verdad está sucediendo puede llegar a ser muy decepcionante, pues en la adolescencia los hijos necesitan encontrar su propio camino, y este camino pasa, muchas veces, por oponerse a todo lo que viene de casa. 

3. La actitud de tu hijo te hace sentir incompetenteMi hijo me cae mal

Afirma la psicóloga Sara Tarrés, autora de Mi hijo me cae mal, que “nos suelen caer peor los hijos que nos hacen sentir incompetentes como padres”. 

Claro, aquellos hijos que, por la razón que sea, nos exigen mucha energía, nos desgastan mucho: por problemas escolares, porque tienden a responder mal, porque nos corrigen continuamente… Y hacen que nos planteemos que no somos suficientes, que algo estamos haciendo mal. 

4. Tus hijos reflejan lo que no te gusta ver en ti mismo

Se dice a menudo que tener hijos es revisitar el propio pasado. Lo que se dice menos es que en ese pasado también hay, casi siempre, sombras, y que al ver reflejadas en nuestros hijos nuestras heridas de la infancia, pueden llegar a ponernos en una situación muy difícil

Por eso, cuando vemos en nuestros adolescentes actitudes que nuestros padres nos corrigieron y que nos enseñaron que no eran buenas (como cuando nos dan una mala respuesta), podemos acabar sintiendo rechazo para con ellos.

¿De verdad te cae mal tu hijo adolescente?

Antes de atender a las soluciones, vamos a hacer una pequeña reflexión. ¿De verdad te cae mal tu adolescente? ¿O simplemente hay cosas en él o ella que no te gustan?

Probablemente sea lo primero. Cuando decimos que nuestros hijos nos caen mal, muchas veces lo que no nos está gustando es su actitud, no la persona.

Es difícil de distinguir, claro, pues la manera de actuar de una persona, cuando se repite en el tiempo, la asociamos con su personalidad. También desde un punto de vista meramente físico: las caras que te pone, las cosas que te dice, los gestos que te hace.

Pero lo cierto es que no es exactamente lo mismo: todo eso que hace se relaciona con su persona, sí, pero más con las circunstancias (la adolescencia es un momento especial del desarrollo, ya lo hemos dicho) que con su esencia.

Pero la realidad es que tu hijo es mucho más que esas actitudes que tanto te molestan. Por eso, aunque a veces sientas que te cae mal, lo más probable es que solamente haya algunas actitudes que te desagradan.

Lo que puedes hacer si tu hijo adolescente te cae mal

En realidad, no pasa nada si sientes que, en un momento dado, tu hijo adolescente te cae mal. Pero sería desajustado quedarte en esa constatación negativa, no intentar salir de ello, porque esto te va a alejar de tu hijo, va a hacer perdurar un clima familiar de malestar, de rechazo…

De lo que se trata, al final, es de reanudar los vínculos y volver a conectar con los hijos. No es fácil, no. Pero merece la pena. La adolescencia es el momento en que tu hijo cierra la infancia y le da la bienvenida al adulto que será. Es una etapa emocionante en la que cambian los vínculos, y tú también puedes conectarte con ello. Tenemos algunas pistas de trabajo.

Acepta tus sentimientos

El primer paso, siempre, es no culparse. Aceptar los propios sentimientos sin sentir vergüenza por ellos. Tu adolescente es una persona y, como tal persona, puedes conectar más o menos con ella.

Aceptar que ahora mismo tienes ese sentimiento que no te gusta te ayudará a centrarte en la solución, mucho más que en el problema.

No te lo tomes como algo personal

Como siempre en la adolescencia, debes entender que su actitud no es personal, que se debe a una serie de razones cerebrales y sociales que, en este momento, no vas a poder cambiar. 

En lugar de juzgar, tratar de entenderle. Si intentas comprender por qué se comporta de esa manera (y pensar en tu propia adolescencia te ayudará), seguramente conseguirás construir una relación más basada en la empatía y menos en lo negativo.

No trates de cambiar a tu adolescente

No se trata de cambiarle a él. Tampoco de cambiarte a ti.

Se trata de conseguir pequeños cambios que os ayuden a convivir, incluso en los momentos difíciles. Y eso supone esforzarte conscientemente, a diario.

La mejor manera de empezar a cambiar es dejar de decirle cómo tendría que hacer las cosas y señalar, simplemente, de la forma menos emocional que puedas, cuando algo te duela o resulte molesto para la familia. Si centras tu mensaje en lo que ha hecho (o no) y no en cómo debería ser, es más probable que no se lo tome mal.

Cambia el foco

Tu adolescente no es solo aquello que no te gusta o que te molesta. Es, también, muchas cosas y actitudes buenas. Trata de ver y de potenciar lo que de bueno tiene tu adolescente; díselo, reconóceselo. 

Puede que le tengas que corregir todos los días por dejar las zapatillas en el salón, pero seguro que a lo largo de la semana también hace muchísimas cosas bien; intenta verlas, decírselas. Un “gracias por recoger la cocina” o un “me ha gustado cómo has ayudado a tu hermana” da mucho mejor resultado que un “qué desordenado eres”. 

Trata de conocer a la persona en la que tu adolescente se ha convertido

Quizá lo que sucede, en el fondo, es que estás pasando un pequeño duelo: tu adolescente no es la persona que era en su infancia, y echas de menos a ese niño sonriente y expansivo.

Te ayudará darles la vuelta a tus sentimientos. Céntrate menos en lo que “has perdido” con el paso de la infancia a la adolescencia, y más en conocer a esa persona en la que se ha convertido tu hijo. Interésate por sus nuevos gustos, sus amistades, su música o sus series. Lee sus libros, ojea sus revistas. Quizá sea una persona prácticamente nueva, acéptala y busca aquello que te gusta. Redescubre a tu hijo porque, seguramente, te va a sorprender.

¿Te cae mal tu adolescente, a veces? No estás sola. Cuéntanos cómo has transitado ese momento.

2 comentarios. Dejar nuevo

  • Me influye mucho el que en la sociedad tengamos que ver a las personas (nuestros hijos) como “lo que tienen que ser”, empezando por las notas. Con la misma actitud, si mi hijo suspende, ya le veo más holgazán y pasota que si aprueba. Y si saca buenas notas, ya me cambia la mirada y le miro más positivamente. A pesar de que incidimos en que valoramos el esfuerzo y no el resultado, es difícil no posicionarnos en esto y otros muchos temas… Gracias por despertar mentes.

    Responder
  • Gracias! Necesitaba leer algo así.
    Tengo dos hijos, con la mayor no tuve «dificultades», pero definitivamente mi hijo me ha puesto «la vara muy alto», pero es real lo que dices: él es mi clon, se parece tanto a mi, y me recuerda todo el tiempo porque «chocaba» con mis papás. Gracias por abrirme un camino para mejorar la convivencia durante su paso por su adolescencia.

    Responder

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.