De los therians a «farmear aura»: la nueva moda cuestionada de los adolescentes

Comportamiento
Farmear aura, moda adolescente

Primero fueron los therians, jóvenes que se identificaban con animales. Ahora escuchamos a nuestros hijos hablar de “farmear aura”. Mañana probablemente será otra expresión, otro reto o una nueva tendencia de TikTok que nos hará preguntarnos exactamente lo mismo: ¿pero qué están haciendo estos adolescentes?

La tentación adulta es responder rápidamente: “tonterías”. Y algunas, vistas desde fuera, pueden parecerlo. Pero las modas adolescentes aparentemente absurdas pueden decirnos mucho sobre las necesidades de los jóvenes que las siguen. Necesidad de pertenecer, de diferenciarse, de llamar la atención, de experimentar con su identidad o simplemente de compartir un código que los adultos no entendemos.

Conviene, además, no caer en el alarmismo. Ni todos los adolescentes participan en estas tendencias ni hacerlo significa que exista un problema psicológico. De hecho, hacer cosas incomprensibles para los adultos forma parte de la adolescencia desde mucho antes de que existiera TikTok.

Lo verdaderamente interesante no es preguntarnos por qué un adolescente hace algo absurdo, sino qué encuentra en esa conducta que resulta suficientemente valioso como para querer repetirla y compartirla con los demás.

Por qué los adolescentes siguen modas que a los adultos nos parecen absurdas

Cada generación adolescente ha tenido su estética, sus palabras, su música y sus comportamientos incomprensibles para la generación anterior. Es una forma de construir identidad y, sobre todo, de marcar territorio generacional.

Pero existe una diferencia importante. Antes, una moda podía extenderse entre los alumnos de un instituto, una pandilla o una ciudad. Ahora puede llegar simultáneamente a millones de adolescentes.

Las redes sociales han convertido las tendencias juveniles en fenómenos globales y extraordinariamente rápidos. Y no solo las difunden: también permiten medir inmediatamente la reacción de los demás. Visualizaciones, comentarios, seguidores y «me gusta» convierten una conducta en algo cuantificable.

Esto encaja especialmente bien con una necesidad característica de esta etapa: la pertenencia. Durante la adolescencia, el grupo adquiere una enorme importancia y la opinión de los iguales gana peso. Una revisión y metaanálisis de 12 estudios con 7.776 adolescentes encontró asociaciones positivas entre la actividad en redes sociales y la popularidad entre iguales o el deseo de alcanzarla, aunque esto no implica que las redes sean la causa de esa búsqueda de popularidad.

A veces nuestros hijos no siguen una moda porque tenga sentido, sino porque compartirla les permite sentir que forman parte de algo.

De los therians a farmear aura: las modas cambian, las necesidades permanecen

Hace unos meses muchos padres descubrieron, con cierto estupor, la existencia de los therians: personas que expresan una identificación interna o conexión significativa con un animal no humano. El fenómeno generó vídeos virales, titulares y una percepción de que estábamos ante una tendencia adolescente enorme.

Aquí debemos ser prudentes: una subcultura minoritaria puede parecer gigantesca cuando el algoritmo comienza a mostrárnosla repetidamente. Viralidad no significa prevalencia.

Y ahora llega otra expresión que desconcierta a muchos padres: “farmear aura”.

Qué significa “farmear aura” entre los adolescentes

La expresión mezcla dos códigos de internet. «Farmear» procede de la jerga de los videojuegos y hace referencia, simplificando, a realizar determinadas acciones repetidamente para acumular un recurso. El «aura» se utiliza en redes como una especie de puntuación imaginaria de carisma, prestigio o capacidad para impresionar.

Por tanto, «farmear aura» significa aproximadamente hacer algo que te hace ganar puntos imaginarios de admiración ante los demás. La expresión se ha popularizado recientemente entre niños y adolescentes en TikTok, Instagram y otras plataformas.

Un adolescente puede decir que alguien ha ganado «mil puntos de aura» porque ha hecho algo especialmente impresionante o que ha perdido aura porque ha protagonizado una situación ridícula.

Visto así, quizá no sea tan extraño.

Los adolescentes llevan generaciones intentando impresionar a sus amigos. Lo novedoso es haber convertido simbólicamente ese reconocimiento social en un marcador.

Los therians: cuando internet amplifica una subcultura

Algo parecido ocurre con fenómenos como los therians. Antes de preocuparnos por una determinada etiqueta deberíamos preguntarnos qué significa realmente para el adolescente que la utiliza.

Para uno puede ser un juego. Para otro, una estética. Para otro, una comunidad online donde encuentra personas con intereses similares. Y para una minoría puede ocupar un espacio mucho más importante dentro de su identidad.

Meter todas esas situaciones en el mismo saco conduce fácilmente al alarmismo.

No toda conducta extraña es una señal de alarma y no toda tendencia adolescente necesita una intervención psicológica.

Necesita, primero, curiosidad.

Farmear aura
Dentro de seis meses probablemente nadie estará hablando de «farmear aura». Aparecerá otra palabra que no entenderemos.

La adolescencia siempre ha necesitado pertenecer a algo

Para entender estas modas tenemos que recordar algo fundamental: la adolescencia es una etapa de construcción de identidad.

El adolescente empieza a preguntarse quién es fuera de su familia. Explora estilos, grupos, valores, aficiones e identidades posibles. Se prueba a sí mismo.

Una revisión sistemática publicada en Adolescent Research Review analizó 32 estudios que reunían a 19.658 jóvenes y encontró que las redes sociales se han convertido precisamente en otro contexto para esa exploración de la identidad. Los resultados son interesantes porque sugieren que importa más qué hacen los adolescentes en las redes que simplemente cuánto tiempo pasan en ellas.

El grupo como laboratorio de identidad

Cuando un adolescente utiliza determinadas palabras, escucha una música concreta o participa en una tendencia, no siempre está tomando una gran decisión sobre quién quiere ser.

Muchas veces simplemente está probando.

«¿Qué pasa si hago esto?»

«¿Cómo reaccionan los demás?»

«¿Me siento cómodo aquí?»

«¿Esta gente se parece a mí?»

El grupo funciona como un enorme laboratorio social donde el adolescente experimenta diferentes versiones de sí mismo.

Y eso forma parte del crecimiento.

Hacer cosas absurdas también forma parte de crecer

Aquí conviene que los adultos hagamos un pequeño ejercicio de memoria.

Nosotros también seguimos modas que nuestros padres consideraban ridículas. Cambiamos nuestra forma de vestir, utilizamos expresiones incomprensibles, imitamos a cantantes, llenamos carpetas con fotografías de famosos o hicimos cosas exclusivamente porque las hacía nuestro grupo.

Por eso, ridiculizar las modas adolescentes puede decir más de nuestra distancia generacional que de la salud mental de nuestros hijos. El problema no es hacer algo absurdo.

El problema aparece cuando un adolescente siente que necesita hacerlo para tener valor.

Redes sociales: cuando cualquier comportamiento puede convertirse en tendencia

Aquí sí encontramos una diferencia radical respecto a nuestra adolescencia.

Antes hacíamos el ridículo delante de veinte personas.

Ahora puedes hacerlo delante de veinte millones.

Además, las plataformas necesitan contenidos capaces de detener nuestra atención. Lo extraordinario, provocador, divertido, extraño o sorprendente tiene muchas posibilidades de conseguirlo. El resultado es un ecosistema en el que una conducta aparentemente irrelevante puede transformarse rápidamente en una tendencia internacional.

Algoritmos, viralidad y necesidad de reconocimiento

No necesitamos asumir que los algoritmos «manipulan» automáticamente a nuestros hijos para reconocer algo mucho más sencillo: las plataformas ofrecen recompensas sociales visibles.

Alguien publica algo.

Recibe miles de visualizaciones.

Otros lo imitan.

El comportamiento adquiere un nombre.

Y comienza una tendencia.

La OCDE señala en su informe de 2026 Growing Up in the Social Media Age que alrededor del 95 % de los jóvenes de 15 años de los países analizados navega diariamente por redes sociales y un 88 % se comunica o comparte contenido en ellas. En promedio, el tiempo declarado ronda las 35 horas semanales.

Eso significa que buena parte de la cultura adolescente se está construyendo allí.

Cuando ser visto empieza a ser más importante que lo que haces

Este quizá sea el punto que más debería hacernos reflexionar.

No porque un adolescente haga un baile absurdo, utilice una palabra que no entendemos o participe en una tendencia.

Sino porque puede aprender progresivamente que hacer algo solo merece la pena cuando alguien está mirando.

Voy al gimnasio y lo publico.

Viajo y lo publico.

Estoy con mis amigos y lo publico.

Hago algo divertido y necesito grabarlo.

La experiencia deja de tener valor únicamente por ser vivida y empieza a adquirir valor también por la reacción que provoca.

Y ahí sí tenemos una conversación educativa importante pendiente.

¿Existe realmente un vacío emocional entre los jóvenes?

Aquí debemos evitar una afirmación demasiado fácil: «Los adolescentes actuales se sienten vacíos y por eso siguen estas modas».

No tenemos evidencia suficiente para establecer semejante relación.

Pero sí podemos hacernos una pregunta más interesante: ¿qué ocurre cuando tenemos una generación extraordinariamente estimulada y, al mismo tiempo, algunos jóvenes encuentran dificultades para construir pertenencia, propósito o identidad fuera de esos estímulos?

Aburrimiento, soledad y falta de propósito

Un adolescente puede tener Netflix, TikTok, videojuegos, YouTube, Spotify y conversaciones disponibles las veinticuatro horas y seguir sintiendo que no sabe qué hacer con su vida.

Porque entretenerse no es lo mismo que sentirse realizado.

Y estar conectado tampoco significa sentirse acompañado.

La OCDE encuentra precisamente esta paradoja. Para muchos jóvenes, las redes complementan las relaciones presenciales y proporcionan oportunidades reales de conexión. Sin embargo, los adolescentes de 15 años que manifiestan sentirse solos en el instituto también pasan más tiempo en redes sociales que aquellos que se sienten integrados. La propia OCDE advierte de que las relaciones entre redes sociales y bienestar son complejas y no permiten explicaciones causales simples.

Tener miles de estímulos no significa tener una vida llena

Este es quizá el verdadero «vacío» del que merece la pena hablar.

No necesariamente un vacío psicológico, sino una falta de experiencias capaces de proporcionar sentido, competencia y pertenencia fuera de la pantalla.

Tener algo que hacer no significa tener algo que te importe.

Un adolescente necesita aburrirse alguna vez, descubrir qué le interesa, sentirse competente en algo, tener responsabilidades, hacer deporte, crear, participar en proyectos, construir amistades presenciales y descubrir progresivamente quién quiere ser.

Las redes pueden formar parte de todo eso. El problema aparece cuando terminan sustituyéndolo.

Y precisamente por eso merece la pena trabajar algo más profundo que las modas concretas. En Encantado de conocerme ayudamos a los adolescentes a conocerse, descubrir sus fortalezas y construir una autoestima y una identidad que no dependan constantemente de la aprobación de los demás. Porque cuanto más claro tiene un joven quién es, menos necesita que sea un algoritmo quien le diga cuánto «aura» tiene.

Cuándo una moda adolescente debería preocuparnos

La mayoría de las modas aparecerán y desaparecerán sin dejar ninguna consecuencia. Dentro de unos años probablemente nuestros hijos recordarán algunas y sentirán la misma vergüenza que nosotros cuando vemos determinadas fotografías de nuestra adolescencia.

Por eso no debemos convertir cada comportamiento extraño en un problema.

Diferenciar una conducta pasajera de una señal de malestar

Deberíamos mirar menos la rareza de la conducta y más su impacto.

¿Está interfiriendo en sus estudios?

¿Ha abandonado actividades importantes?

¿Está deteriorando sus relaciones?

¿Existe sufrimiento emocional?

¿Necesita hacerlo para sentirse aceptado?

¿Se está poniendo en peligro?

¿Parece incapaz de dejarlo?

Estas preguntas proporcionan mucha más información que preguntarnos simplemente si una moda nos parece absurda.

Cuando pertenecer exige ponerse en riesgo

Aquí sí debemos intervenir.

Si una tendencia implica hacerse daño, humillar a otras personas, asumir riesgos físicos importantes, participar en actividades ilegales, compartir contenido íntimo o realizar conductas peligrosas para conseguir reconocimiento, deja de ser una cuestión de diferencias generacionales.

El adolescente necesita límites.

Comprender una conducta no significa permitirla.

Podemos validar su necesidad de pertenecer y, al mismo tiempo, impedir una conducta que pone en peligro su seguridad.

Cómo deberían reaccionar los padres ante las modas adolescentes

Nuestra primera reacción importa mucho.

Si cada vez que nuestro hijo nos enseña algo de su mundo respondemos «qué tontería», «vaya generación» o «no tenéis dos dedos de frente», aprenderá rápidamente algo: mejor no contarnos nada.

Y perderemos una ventana privilegiada hacia su mundo.

No ridiculizar aquello que todavía no entendemos

Podemos pensar que algo es absurdo sin ridiculizar a nuestro hijo.

En lugar de emitir inmediatamente un juicio, podemos preguntar:

«Explícame esto porque no entiendo nada.»

«¿Por qué os hace tanta gracia?»

«¿Qué significa eso de ganar aura?»

«¿Todo el mundo en clase habla de esto?»

Una pregunta auténtica puede proporcionarnos mucha más información que veinte minutos revisando TikTok a escondidas.

Preguntar qué encuentra tu hijo en esa tendencia

Esta es probablemente la pregunta más importante.

No preguntes solamente qué hace.

Pregunta qué obtiene.

Diversión, amigos, reconocimiento, identidad, entretenimiento, curiosidad, pertenencia…

Cuando entendemos la necesidad que existe detrás de una conducta, podemos valorar mucho mejor si estamos ante una simple moda o ante algo que merece atención.

Poner límites cuando existe un riesgo real

Acompañamiento no significa permisividad.

Si existe un riesgo objetivo, los padres tenemos que intervenir aunque el adolescente se enfade. Podemos restringir una aplicación, impedir una conducta o establecer una consecuencia cuando sea necesario.

La diferencia está en hacerlo desde el criterio y no desde el pánico.

AdolescenteZ de la A a la Z

Qué necesitan los adolescentes más allá de las redes sociales

No conseguiremos competir con TikTok intentando convertir la vida familiar en un espectáculo permanente.

Ni deberíamos.

Nuestros hijos necesitan algo diferente.

Pertenencia, propósito y experiencias reales

Necesitan amigos con quienes compartir tiempo sin necesidad de grabarlo todo. Necesitan deporte, proyectos, música, naturaleza, responsabilidades, retos, hobbies, voluntariado, conversaciones y experiencias donde puedan descubrir que son buenos en algo.

Necesitan también aburrirse.

Porque del aburrimiento puede surgir una pregunta extraordinariamente importante durante la adolescencia:

«¿Qué me apetece hacer?»

Y detrás puede aparecer otra todavía más importante:

«¿Qué me importa realmente?»

Ayudarles a construir una identidad que no dependa del algoritmo

No podemos evitar todas las tendencias. Tampoco podemos controlar cada contenido que llega a sus pantallas.

Pero sí podemos ayudarles a construir algo mucho más protector: criterio propio.

La revisión sistemática sobre redes e identidad que mencionábamos antes encontró precisamente que la presentación auténtica en redes se relacionaba con una mayor claridad del autoconcepto, mientras que la comparación social se asociaba también con mayor malestar relacionado con la identidad. Los autores insisten en que buena parte de la evidencia es correlacional y no permite determinar qué causa qué.

Por eso la pregunta educativa no debería ser «¿cómo consigo que mi hijo deje de seguir modas?», sino: ¿cómo consigo que tenga suficiente identidad propia para decidir cuáles quiere seguir y cuáles no?

Conclusión: quizá lo absurdo no sea la verdadera preocupación

Dentro de seis meses probablemente nadie estará hablando de «farmear aura». Aparecerá otra palabra que no entenderemos y nuestros hijos volverán a mirarnos como si hubiéramos nacido en el siglo XIX.

No pasa nada.

Las modas forman parte de la adolescencia.

Lo que sí merece nuestra atención es aquello que permanece cuando la moda desaparece: la necesidad de pertenecer, de sentirse visto, de construir una identidad y de encontrar un lugar en el mundo.

Por eso quizá deberíamos preocuparnos menos por que nuestros adolescentes hagan alguna tontería y bastante más por ayudarles a construir una vida que les resulte suficientemente interesante como para querer vivirla también cuando nadie está mirando.

Porque tener millones de contenidos para consumir no significa tener propósito, tener seguidores no significa sentirse acompañado y acumular «aura» nunca podrá sustituir la tarea más importante de la adolescencia: descubrir quién eres cuando no necesitas impresionar a nadie.

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