Es bueno llorar delante de tu hijo adolescente

¿Es bueno llorar delante de tu hijo adolescente?

Un día cualquiera, a la vista de una noticia, tras varias semanas de estrés en el trabajo o después de un momento de tensión familiar, te entran ganas de llorar. Y aunque normalmente te avergüenza hacerlo “en público” y te tragas las lágrimas, en ese momento te sientes incapaz, y lloras delante de tu adolescente.

Luego, claro, vienen las preguntas: ¿es bueno llorar delante de los hijos?

La respuesta es clara: sí. Es bueno que llores delante de tu adolescente. No es solamente que mostrar los sentimientos sea positivo para su educación, es que ocultarlos puede tener consecuencias muy negativas.

Hemos sido educados en una (in)cultura emocional en la que el ideal de éxito era el de la persona fuerte (asociada a lo masculino) y, para ser fuerte, se hacía imprescindible no mostrar emociones que pudieran asociarse con debilidad (la tristeza, el amor…). Una cultura en la que “llorar es de niñas” porque los triunfadores se tragan las lágrimas.

Pero hace ya muchos años que sabemos que la inteligencia se manifiesta también en la manera de gestionar las emociones.

Llorar nos alivia. Desde un punto de vista estrictamente físico, libera la presión que está sufriendo la amígdala, sobre-estimulada por una emoción muy intensa. No llorar cuando tenemos ganas supone mantener esa presión durante más tiempo del que nuestros cuerpos están preparados para sostenerla. Y tiene consecuencias muy negativas, tanto en lo físico como en lo psicológico.

Pero es que, como madres y padres, debemos comprender que llorar es una escuela. Mostrar los sentimientos, naturalizarlos, es la única manera que tenemos de romper con la educación emocional tradicional y convertir a nuestros hijos en personas que asumen sus emociones y las viven.

Dicho de otro modo: cada vez que reprimes esa lágrima para que no te vea tu adolescente, estás exponiendo a tu hijo o hija a no saber cómo enfrentarse a sus propias emociones.

Es bueno llorar delante de tu hijo adolescente
El llanto es un proceso psicofísico, es decir, en el que se ve envuelto tanto lo físico como lo psicológico.

Consecuencias negativas de la represión de emociones

Aunque nos gusta hablar en términos positivos, en el caso del llanto nos centraremos primero en lo que sucede cuando nos lo guardamos. Y es que tenemos tan grabada la idea de que llorar es malo que necesitamos ver todo lo negativo que sucede cuando actuamos según este mandato social. 

El llanto es un proceso psicofísico, es decir, en el que se ve envuelto tanto lo físico como lo psicológico. Por tanto, la represión del llanto tiene consecuencias en ambos ámbitos.

Un estudio reciente de la Universidad de Málaga ha demostrado algo que ya se sospechaba, y es que aquellos menores que tienden a la supresión emocional (es decir, a ocultar sus emociones) tienen niveles más altos de agresividad. Es decir, que los adolescentes que no saben expresar abiertamente sus emociones ante situaciones problemáticas tienen más reacciones agresivas

Además, esta supresión emocional termina generando un mayor “afecto negativo”, es decir, una tendencia mayor a sentir estados de ánimo negativos. Como si el guardarse las emociones negativas, el no transitarlas, dejara al adolescente anclado en ese estado emocional.

Se sabe también que la represión de emociones tiene consecuencias negativas para la salud física: dolores de cabeza, problemas estomacales, acné, debilitación del sistema inmune, mayor riesgo de diabetes y de ataques al corazón, rigidez corporal, aumento de la presión arterial e incluso ataques de ansiedad.

Y es que determinadas emociones activan el estado de alerta en nuestro cuerpo; cuando este se mantiene por un periodo prolongado, la salud se resiente.

Si sientes que necesitas ayuda para gestionar las emociones en casa, no lo dudes y apúntate a la nueva edición de nuestros cuatro talleres gratuitos “Gestión de batallas con adolescentes”, el 22, 24, 26 y 29 de enero. En ellos aprenderás todas las herramientas necesarias para educar a los adolescentes del siglo XXI desde la serenidad y la sana gestión de las emociones.

Los beneficios de enseñar inteligencia emocional a los adolescentes

La adolescencia es una etapa especial en lo que a las emociones se refiere. Se sienten de una manera nueva, más intensa. Por eso, en general, los adolescentes no saben muy bien qué hacer con aquello que sienten. 

Y por eso, precisamente, es fundamental para los adolescentes que seamos su guía en la gestión de emociones.

En el estudio que venimos citando se concluye que aquellos adolescentes que mostraban un mayor uso de la reevaluación cognitiva (que es la estrategia contraria a la supresión emocional) mostraban también niveles más bajos de agresión, una disminución del afecto negativo y un aumento del afecto positivo, esto es, de emociones positivas como la alegría. Eso significa, ni más ni menos, que la capacidad de expresar las propias emociones de forma ajustada provoca en los adolescentes más emociones positivas

Así, la conclusión del estudio es clara: es necesario enseñar inteligencia emocional a nuestros adolescentes.

Pero hay que tener en cuenta que esta enseñanza pasa por aprender inteligencia emocional nosotros mismos, por permitirnos expresar de manera serena las emociones que sentimos.

Un proceso que pasa por sanar nuestras propias heridas.

Y por llorar cuando lo necesitamos.

Llorar delante de tu hijo adolescente: qué sí y qué no

Llorar delante de los hijos adolescentes es, por tanto, una forma de cuidarles y de cuidarnos

Lo contrario, tratar de sobreprotegerlos fingiendo que en la vida adulta todo va bien, que no tenemos problemas o que podemos solucionar cualquier cosa sería generarles una falsa expectativa de la vida y, con toda seguridad, mucha frustración y represión emocional cuando comprueben por sí mismos que en la adultez no hay solamente alegrías, sino también enfado, tristeza y malestar.

Hay que aclarar, también, que no todo vale. Está bien mostrar vulnerabilidad, pero hay unos límites que es mejor no pasar. 

Esta es nuestra pequeña guía para llorar delante de tu adolescente: 

1. Si lo necesitas, llora: le ayudará a normalizar los sentimientos

Como venimos diciendo, es fundamental, para el bienestar de nuestros adolescentes, que comprendan que la vida está hecha de momentos positivos y de momentos negativos, y que nos merecemos transitarlos todos. 

Un adolescente que crece viendo llorar a sus adultos de referencia se permitirá hacerlo cuando lo necesite, y ya hemos visto que “soltar” el llanto es siempre positivo.

2. Ten cuidado con la intensidad

Si tu malestar es muy profundo, si sientes que vas a llorar con desconsuelo, es mejor que trates de ir a algún lugar privado. Puedes decirle a tu adolescente que te sientes triste y prefieres estar sola. Ten en cuenta que los jóvenes necesitan que sigamos siendo su sostén, y verte totalmente rota puede llegar a ser perjudicial

Perder el control de las emociones, de cualquiera que sea, puede perturbar su seguridad emocional. 

3. Dale una explicación

Si lloras en su presencia, debes asumir que tu adolescente te va a preguntar qué te pasa, y que no valen los “no pasa nada” o “son cosas de mayores”. 

Dale una explicación suficiente para tu llanto, sin entrar en detalles si no son adecuados a su edad o si no te apetece. Un “es que estoy muy estresada en el trabajo” o “he discutido con tu padre y estoy frustrada” puede bastar. Breve, sincero y apropiado.

Si te ha visto llorar con desconsuelo, probablemente te haga más preguntas. Trata de responderlas todas, sin distracciones, pero de forma adecuada a su nivel de desarrollo.

4. Dale seguridad: dile que estás bien

Puede que tu adolescente sienta impotencia o inseguridad al verte llorar. Debes ayudarle, a través de las lágrimas si puedes, o después, a comprender que has tenido un momento de tristeza o de frustración pero que estás bien

Dile que las lágrimas son parte de la vida, igual que la alegría, pero que no afectan a tu bienestar general.

5. Explícale que no es su culpa

Los niños y adolescentes tienen un pensamiento muy egocéntrico que puede llegar a hacerles sentir que, si lloras, es culpa suya. 

Así que debes decirle, explícitamente, que no es su culpa, incluso si detonante de tus lágrimas ha sido una discusión con él. Dile, por ejemplo, que lloras porque te enfada que a veces no os entendáis (poniendo el foco en la situación, no en su persona).

6. No esperes consuelo de tu hijo adolescente

Aunque muchos adolescentes educados con empatía responderán así a las lágrimas de los adultos (abrazándote, preparándote un café, ocupándose de alguna tarea…) no debes esperar que sea tu adolescente quien te proporcione consuelo, pues no es su labor responsabilizarse de tus emociones

Agradécele su atención, pero asegúrate de que no se siente obligado a ayudarte.

7. Si te sientes desconsolada, busca ayuda

Si lloras a menudo o si no te ves capaz de controlar tu tristeza, lo mejor es que busques ayuda profesional

Buscar ayuda es, de hecho, un signo de inteligencia emocional, y un aprendizaje para tu adolescente: le estás enseñando a permitirse vivir sus emociones, pero responsabilizándose de ellas.

Cuéntanos, ¿lloras delante de tus adolescentes? ¿Cómo reaccionan? ¿Cómo te sientes tú cuando lo haces?

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