Mi hijo adolescente repite curso: cómo ayudarle y qué hacer

Escuela
Mi hijo adolescente repite curso

Faltan muy pocas semanas, o incluso días para que finalice el curso escolar y muchos jóvenes se enfrentan a los temidos exámenes finales. Como es lógico, los padres esperamos ansiosos las notas finales. Es un momento importante para la familia saber si nuestro hijo adolescente repite curso o si, como esperamos, promociona para el siguiente. Y claro, la tensión se palpa en casa estos días.

Lo cierto es que algunos jóvenes tiran la toalla incluso antes de que lleguen las notas, bien porque no se ven capaces de superar los últimos exámenes, bien porque creen que ya no hay nada que hacer, o puede que han tenido dificultades durante el año escolar y prefieren comenzar de cero el próximo curso.

De lo que no hay duda es de que el final del curso escolar es un período de incertidumbre y estrés, tanto para los estudiantes como para los padres, especialmente cuando se enfrentan a suspensos y a la posibilidad de repetir curso. Esta situación genera, como decimos, una mezcla de emociones difíciles de manejar.

Como profesora a punto de acabar el curso escolar, me gustaría ofrecer algunas orientaciones sobre cómo abordar estos momentos, tanto emocionalmente como en términos de establecer límites y consecuencias constructivas de cara al año que viene.

Mi hijo adolescente repite curso
Es crucial que los padres comprendan que los suspensos no son el fin del mundo

Por qué un adolescente puede repetir curso

Desde fuera es tentador reducirlo todo a una explicación sencilla: “no ha estudiado”. Y algunas veces será cierto que ha habido poco esfuerzo. Pero incluso entonces merece la pena preguntarse por qué un adolescente que sabía que podía suspender ha seguido sin estudiar.

La repetición puede ser el resultado final de problemas muy diferentes: falta de hábitos, dificultades de aprendizaje, problemas emocionales, absentismo, desmotivación, dificultades atencionales, mala organización o una combinación de varios factores.

Falta de organización y hábitos de estudio

Hay adolescentes que llegan a Secundaria confiando todavía en una estrategia que durante Primaria les funcionaba: atender en clase, estudiar la tarde anterior y confiar en su capacidad.

Cuando aumenta la dificultad académica, esa estrategia deja de ser suficiente.

Entonces empiezan los exámenes preparados a última hora, los trabajos olvidados, las tardes enteras delante de los apuntes sin saber por dónde empezar y esa conocida frase de “he estudiado muchísimo” cuando, en realidad, han pasado muchas horas intentando estudiar pero pocas trabajando de manera eficaz.

En estos casos, el problema no se resuelve simplemente exigiendo más horas. Hay que enseñar habilidades que quizá nunca han aprendido: planificación, priorización, técnicas de estudio, gestión del tiempo, preparación de exámenes y repaso.

Saber que tienes que estudiar no significa saber cómo estudiar.

Desmotivación, ansiedad o dificultades de aprendizaje

Otras veces las malas notas son la parte visible de un problema menos evidente.

Un adolescente con ansiedad puede tener enormes dificultades para concentrarse. Otro puede bloquearse en los exámenes aunque haya estudiado. También puede existir TDAH, dislexia u otras dificultades que no hayan sido identificadas adecuadamente. Y en algunos casos aparece una desconexión profunda con el instituto: el adolescente deja de encontrar sentido al esfuerzo porque lleva demasiado tiempo sintiendo que, haga lo que haga, nunca obtiene buenos resultados.

Por eso conviene observar el conjunto. Si el cambio académico ha sido repentino, si antes rendía adecuadamente y ha dejado de hacerlo o si aparecen cambios importantes en el sueño, el estado de ánimo, las relaciones o la conducta, no deberíamos mirar únicamente el boletín de notas.

Te recuerdo que puedes profundizar sobre cómo dar respuesta a los bajos resultados escolares de tu adolescente en nuestro taller grabado APLICA, con recursos y estrategias de comprensión y respuestas.

Cómo abordar emocionalmente la frustración

Los niños y los jóvenes necesitan sentir que sus padres los apoyan incondicionalmente. Resaltar sus esfuerzos y progresos, por pequeños que sean, puede motivarlos a seguir intentando. Ayuda a tu hijo a ver los suspensos como un desafío, no como un fracaso definitivo.

Parte de nuestro acompañamiento es centrarse en enseñar a los hijos a superar las dificultades es una habilidad vital. Explicarles que todos enfrentamos obstáculos y que lo importante es cómo respondemos a ellos. El desarrollo de la resiliencia les ayudará a superar futuros desafíos con mayor confianza.

Pero claro, ¿cómo vamos a hacerlo si nosotros no somos capaces de gestionar nuestra propia frustración al ver que los hijos no cumplen con nuestras expectativas?

Aquí toca reflexionar sobre dichas expectativas a nivel académico. ¿Son realistas y alcanzables? ¿Están basadas en nuestras propias experiencias o en lo que consideramos que es lo mejor para un hijo? A veces, esas expectativas pueden no alinearse con las capacidades, intereses o circunstancias actuales de nuestros hijos.

¡Ojo! Esto no significa conformarse con menos, sino ser flexible y considerar sus intereses y habilidades.

Cómo ayudarle después de repetir curso

Como ya sabes, en Adolescencia positiva abogamos por buscar soluciones respetuosas pero firmes antes que recurrir al castigo. Aquí van algunas ideas que quizá puedan ayudarte de cara al curso que viene:

Crear nuevas rutinas y objetivos realistas

Crear un ambiente propicio para el estudio en casa es fundamental. Estableced un horario fijo para el estudio y aseguraros de que el lugar de estudio esté libre de distracciones. Puedes ayudar a organizar y supervisar este tiempo, pero es importante que los hijos desarrollen su autonomía.

En lugar de castigos punitivos, considera consecuencias que fomenten la responsabilidad y el aprendizaje. Por ejemplo, si tu adolescente no estudia lo suficiente para sus exámenes, una consecuencia podría ser dedicar tiempo adicional a esa materia con la ayuda de un tutor.

Si las actividades extracurriculares o el tiempo en dispositivos electrónicos han interferido con el estudio, establecer límites claros puede ser necesario. Eso sí, asegúrate de que estos límites sean razonables y que tu hijo comprende la razón detrás de ellos. No es una cuestión de fuerza ni amenaza, sino de sentido común y acompañamiento.

Coordinarse con el instituto y los profesores

Si hay problemas persistentes de aprendizaje o emocionales, no dudes en buscar ayuda profesional. Existen psicólogos educativos, pedagogos y tutores especializados que pueden ofrecer estrategias y apoyo adicionales.

Mantener una comunicación abierta y regular con los profesores y el personal de la escuela puede proporcionar información valiosa sobre el progreso y las necesidades del adolescente. Mi recomendación es visitar a su tutor al menos una vez cada trimestre. Trabajar juntos como un equipo aumentará las posibilidades de éxito.

Afrontar los suspensos y la posibilidad de que un hijo repita curso es un desafío, pero también es una oportunidad para crecer y aprender juntos. Con comprensión, apoyo emocional, límites claros y consecuencias constructivas, los padres pueden ayudar a sus hijos a superar estos obstáculos y prepararse para un futuro exitoso.

Recuerda que el proceso educativo es una maratón, no una carrera de velocidad, y cada paso, incluso los más difíciles, contribuyen al crecimiento y desarrollo integral de los adolescentes.

¿Conviene castigar a un adolescente por repetir curso?

Esta es una pregunta especialmente delicada. Repetir curso ya tiene consecuencias importantes: separación de compañeros, retraso académico y, en muchos casos, vergüenza o sensación de fracaso. Añadir un castigo enorme y prolongado durante todo el verano no necesariamente va a enseñarle a estudiar mejor.

Eso no significa que no haya responsabilidades.

Si durante el curso ha incumplido acuerdos, ha faltado deliberadamente a clase o ha ignorado sistemáticamente sus obligaciones, es razonable que existan consecuencias. Pero deberían estar relacionadas con aquello que queremos enseñar, no con nuestra necesidad de mostrar cuánto nos ha enfadado el resultado.

Consecuencias y límites que sí pueden ayudar

Una consecuencia útil podría consistir en dedicar parte del verano a recuperar contenidos, aprender técnicas de estudio o establecer nuevas rutinas. También puede ser razonable revisar algunos privilegios si durante el curso no ha cumplido responsabilidades previamente acordadas. Lo importante es que pueda comprender la relación entre su conducta y la consecuencia.

Una consecuencia educativa debería ayudarle a responsabilizarse de lo ocurrido; un castigo aplicado desde la rabia solo pretende que lo pase mal por haberse equivocado.

Cómo afecta repetir curso a su autoestima

Este aspecto merece mucha más atención de la que solemos darle. Repetir no ocurre únicamente en el expediente académico; también puede afectar a la identidad que el adolescente está construyendo.

Mientras sus compañeros pasan al curso siguiente, él puede interpretar que se ha quedado atrás. Y de ahí pueden aparecer pensamientos como “soy tonto”, “no sirvo para estudiar” o “todos pueden menos yo”. Aquí nuestras palabras importan especialmente.

Si durante meses escucha que es vago, irresponsable o un desastre, existe el riesgo de que termine incorporando esas etiquetas a su identidad. Y cuando alguien empieza a pensar “yo soy así”, disminuye también la expectativa de poder cambiar.

Esto no significa protegerlo artificialmente de la realidad. Podemos decirle que no se ha esforzado suficientemente si ha sido así, pero es muy diferente decir “este año no has trabajado lo necesario” que “eres un vago”.

La conducta se puede cambiar; una etiqueta termina convirtiéndose en identidad.

Cómo preparar el nuevo curso después de repetir

El nuevo curso debería comenzar con un plan distinto, no únicamente con buenas intenciones.

Antes de septiembre conviene sentarse con el adolescente y revisar tres o cuatro cuestiones concretas: qué va a hacer diferente, cómo organizará las tardes, qué ocurrirá cuando empiece a quedarse atrás y qué ayuda puede pedir antes de que el problema vuelva a crecer.

También conviene aprovechar una ventaja que muchas veces olvidamos: ya conoce parte del contenido. En lugar de vivirlo como “otra vez lo mismo”, puede utilizarlo como una oportunidad para empezar desde una posición más segura y experimentar resultados positivos desde las primeras semanas.

Y quizá sea conveniente que los padres también hagamos un cambio. Si el curso anterior pasábamos cada tarde preguntando “¿has estudiado?”, “¿qué deberes tienes?” o revisando continuamente la plataforma del instituto, repetir puede ser una oportunidad para avanzar hacia un modelo de mayor autonomía y responsabilidad.

Estar pendientes no significa estar encima.

Cuándo pedir ayuda profesional

Conviene buscar ayuda cuando repetir curso parece formar parte de un problema más amplio: ansiedad intensa, tristeza persistente, rechazo escolar, absentismo, aislamiento, dificultades importantes de atención o aprendizaje, conflictos familiares continuos o una caída académica que no conseguimos explicar.

También cuando el adolescente quiere mejorar pero, pese a intentarlo, continúa sin poder organizarse, concentrarse o avanzar.

En estos casos, la intervención adecuada dependerá de la causa. Puede ser necesario hablar con orientación educativa, un psicólogo, un profesional especializado en dificultades de aprendizaje o realizar una evaluación específica.

Pedir ayuda a tiempo permite evitar algo que ocurre con demasiada frecuencia: pasar años interpretando como falta de voluntad una dificultad que necesitaba otro tipo de intervención.

Conclusión: repetir curso no define su futuro

Repetir curso puede ser un golpe para un adolescente y también para su familia. Pero no debería convertirse en una sentencia sobre su capacidad ni sobre lo que podrá conseguir en el futuro. Lo verdaderamente importante es qué hacemos con esa experiencia.

Podemos utilizarla para acumular reproches y recordar constantemente todo lo que hizo mal, o podemos convertirla en una oportunidad para analizar qué falló, desarrollar nuevas herramientas y enseñarle a asumir responsabilidad sin destruir su confianza.

Porque repetir curso habla de lo que ocurrió durante un año académico; no dice quién es tu hijo ni determina hasta dónde podrá llegar.

El objetivo no es conseguir que el próximo septiembre tenga miedo de volver a suspender. Es ayudarle a empezar el nuevo curso entendiendo qué necesita hacer diferente y sabiendo que esta vez cuenta con mejores herramientas para conseguirlo.

¿Buscas apoyo profesional para acompañar mejor la adolescencia?

Servicios especializados para adolescentes, familias y centros educativos.

7 comentarios. Dejar nuevo

  • Inma Caballero
    junio 3, 2024 8:21 pm

    Muchas gracias, los finales de curso están siendo muy duros.

    Responder
  • Eidy yanery Fernández
    junio 4, 2024 9:28 am

    Excentelnte

    Responder
  • Los consejos de Diana siempre son algo a reflexionar, una ayuda muy positiva que nos abre la mente. Mis hijos ya estan mas grandes y me doy cuenta los errores cometidos. Sin enbargo la sigo, ya que nunca es tarde para corregir.

    Responder
  • Muchas gracias por tus consejos

    Responder
  • Estupendo artículo. Es frustrante porque queremos un buen futuro para ellos pero hay que ponerse en su lugar y acompañar. Gracias

    Responder
  • Muchas gracias ; de verdad que esta información es súper valiosa: saludos

    Responder
  • Leerlo me ayudo a comprender un poco más y ayudar a mi hija en este proceso. Aún haciendo todos los esfuerzos y acompañándola, repitió de curso.
    Espero que ella logre entender que fracasar no significa que la vida se acaba, sino mas bien una oportunidad para mejorar y trabajar en las propias falencias y malos habitos que nos llevaron a ese resultado.

    Responder

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.