Mi hija adolescente quiere aumentarse los labios: ¿cómo hablar con ella?

Apariencia

«Mamá, quiero ponerme ácido hialurónico en los labios».

Quizá tu hija te ha soltado esta frase mientras desayunabais, viendo un vídeo en Instagram o hablando de lo que quiere para su cumpleaños. Y puede que tú hayas reaccionado con una mezcla de sorpresa, preocupación e incredulidad.

«¡Pero si tienes unos labios preciosos!».

«¿Cómo vas a hacerte eso con 16 años?».

«¡Se os está yendo la cabeza con las redes sociales!».

Es comprensible que una petición así nos desconcierte. Para muchos adultos, aumentarse los labios sigue siendo una intervención estética que requiere una decisión meditada. Sin embargo, para algunas adolescentes, acostumbradas a ver estos procedimientos en las redes sociales, puede parecer algo tan cotidiano como hacerse las uñas o cambiarse el color del pelo.

Y ahí empieza el conflicto: mientras nosotros pensamos en los riesgos, ellas pueden sentir que estamos cuestionando su libertad para decidir sobre su apariencia.

Pero antes de iniciar una discusión, conviene hacerse una pregunta: ¿qué está intentando conseguir realmente nuestra hija cuando nos dice que quiere aumentarse los labios?

Porque quizá no se trate únicamente de unos labios más voluminosos.

Por qué cada vez más adolescentes quieren aumentarse los labios

No podemos afirmar que todas las adolescentes quieran someterse a tratamientos estéticos ni que exista una única razón detrás de estas peticiones. Sin embargo, es evidente que los modelos de belleza a los que están expuestas han cambiado.

Durante décadas, las adolescentes se comparaban principalmente con sus compañeras, las actrices que aparecían en televisión o las modelos de las revistas.

Hoy llevan en el bolsillo un escaparate prácticamente infinito de rostros, cuerpos y estilos de vida cuidadosamente seleccionados.

Además, los procedimientos estéticos se muestran con frecuencia como transformaciones rápidas y accesibles. Un vídeo de pocos segundos puede enseñar el antes y el después de un aumento de labios sin explicar el proceso médico, sus limitaciones o las posibles complicaciones.

Y cuando vemos repetidamente una misma característica física, podemos terminar considerándola más deseable, incluso aunque antes nunca nos hubiera preocupado.

Filtros, redes sociales y un ideal de belleza imposible

Imagina que tu hija utiliza habitualmente un filtro que aumenta ligeramente el volumen de sus labios, afina su nariz y suaviza la textura de su piel.

Al principio puede parecer un simple entretenimiento. Pero si empieza a acostumbrarse a esa versión modificada de su rostro, quizá termine comparándola con su imagen real.

Y entonces aparece una posibilidad preocupante: que comience a interpretar características completamente normales de su cara como defectos que debería corregir.

La relación entre redes sociales e insatisfacción corporal lleva años siendo estudiada.

En 2013, las investigadoras Marika Tiggemann y Amy Slater publicaron en el International Journal of Eating Disorders un estudio realizado con 1.087 chicas australianas de entre 13 y 15 años.

Encontraron que un mayor tiempo de exposición a internet estaba relacionado con una mayor interiorización del ideal de delgadez y una vigilancia más intensa de la propia apariencia. Además, las usuarias de Facebook presentaban mayores preocupaciones sobre su imagen corporal que quienes no utilizaban esa red social.

El estudio no demuestra que las redes sociales provoquen necesariamente inseguridad, ni investigó específicamente el deseo de aumentarse los labios. Pero sí muestra que existe una relación entre determinados usos de las redes y la preocupación por el aspecto físico.

Otra investigación, publicada en 2015 por Jasmine Fardouly y sus colaboradores sobre Body Image, analizó a 112 mujeres jóvenes asignadas a navegar por Facebook, una revista digital de moda o una página neutral.

Los resultados mostraron que las participantes que utilizaron Facebook experimentaron un estado de ánimo más negativo que las del grupo de control. Entre las mujeres más propensas a compararse físicamente, también aumentó la percepción de diferencias entre su aspecto real y el deseado en características como el rostro, el cabello y la piel.

Aunque las participantes no eran específicamente adolescentes menores de edad, la investigación aporta información interesante sobre cómo las comparaciones digitales pueden influir en nuestra percepción física.

Por eso, cuando tu hija te dice que quiere unos labios diferentes, merece la pena explorar qué imágenes está utilizando como referencia.

Aumento de labios en adolescentes
Una de las preguntas más interesantes que podemos plantearle es: «¿Qué crees que cambiaría en tu vida si tuvieras los labios como quieres?».

Encajar en el grupo y sentirse más mayor

Durante la adolescencia, la apariencia también puede convertirse en una forma de expresar identidad y pertenencia.

El maquillaje, la ropa, el peinado o determinados tratamientos estéticos pueden representar mucho más que una elección superficial. A veces son una manera de sentirse integrada en un grupo, parecer más mayor o proyectar una imagen concreta de sí misma.

Quizá tu hija tiene amigas que ya se han realizado algún tratamiento. O sigue a creadoras de contenido que presentan los labios voluminosos como un requisito para resultar atractiva.

También puede ocurrir que simplemente le guste esa estética, sin que exista detrás un problema importante de autoestima.

No deberíamos interpretar automáticamente cualquier deseo de cambiar la apariencia como una inseguridad psicológica.

La cuestión está en comprender hasta qué punto ese deseo es libre, informado y estable, y cuánto depende de la necesidad de ajustarse a determinadas expectativas.

Antes de responder: qué hay detrás de su petición

Cuando escuchamos una petición que nos preocupa, solemos apresurarnos a dar una respuesta. Pero decir «no» antes de comprender qué está ocurriendo puede cerrar una conversación que necesitamos mantener abierta.

Eso no significa que debamos retrasar indefinidamente nuestra decisión ni que escuchar implique negociar cualquier procedimiento. Significa que podemos aprovechar esa petición para conocer mejor cómo se está relacionando nuestra hija con su imagen.

¿Es un deseo pasajero o un malestar con su imagen?

No es lo mismo que tu hija comente ocasionalmente que le gustan los labios de una influencer a que lleve meses evitando fotografías porque considera que su boca es horrible.

Tampoco es lo mismo querer experimentar con una tendencia estética que sentir que nadie va a encontrarla atractiva mientras no modifique su rostro. Podemos interesarnos por cuándo empezó a pensar en ello, qué espera conseguir y cómo cree que se sentiría después.

Quizá descubramos que está atravesando una etapa de comparación intensa con sus amigas. O que alguien ha hecho comentarios hirientes sobre su apariencia.

También puede suceder que no exista ningún conflicto emocional importante y que simplemente haya desarrollado una preferencia estética. La diferencia es relevante porque las necesidades de acompañamiento serán distintas.

Cómo hablar con tu hija sobre el aumento de labios

Una conversación sobre medicina estética puede convertirse rápidamente en una discusión sobre autoridad.

Ella insiste en que es su cuerpo. Tú respondes que es menor de edad. Ella te acusa de no comprenderla y tú terminas diciendo que mientras viva en tu casa no se hará nada.

El problema es que, cuando la conversación se reduce a quién tiene la última palabra, dejamos de hablar de lo verdaderamente importante: su bienestar, su seguridad y los motivos de su decisión.

Escucha primero y pregunta sin juzgar

Podemos empezar con una pregunta sencilla: «¿Qué es lo que te gustaría cambiar exactamente?».

Después, escuchar.

Quizá te diga que sus labios son demasiado finos, que todas sus amigas los tienen más grandes o que con un poco de volumen se sentiría mucho más guapa.

En lugar de responder inmediatamente que está equivocada, podemos seguir explorando.

«¿Desde cuándo te preocupa?».

«¿Crees que te sentirías diferente contigo misma?».

«¿Hay algo que haya pasado para que ahora quieras hacerlo?».

Estas preguntas no pretenden interrogarla ni llevarla a reconocer que estamos en lo cierto.

Nos permiten comprender su perspectiva antes de compartir la nuestra.

Evita burlas, alarmismo o comentarios sobre su cuerpo

Aunque nos parezca una petición absurda, conviene evitar expresiones como «vas a parecer un pato», «qué tontería» o «con lo guapa que eres, no sé qué te pasa por la cabeza». Las burlas pueden hacer que se sienta avergonzada y deje de compartir sus preocupaciones.

Tampoco ayuda convertir inmediatamente la conversación en una sucesión de imágenes de intervenciones estéticas que han salido mal. Los riesgos médicos deben explicarse con claridad, pero sin recurrir al miedo como única estrategia educativa.

Y hay otro detalle importante: cuando intentamos convencerla de que no necesita cambiar sus labios porque ya es muy guapa, seguimos colocando el atractivo físico en el centro de la conversación.

Podemos decirle que nos gusta tal como es, por supuesto. Pero también necesitamos transmitirle que su valor personal no depende del tamaño de sus labios.

Habla de su autoestima, no solo de sus labios

Una de las preguntas más interesantes que podemos plantearle es: «¿Qué crees que cambiaría en tu vida si tuvieras los labios como quieres?».

Quizá responda que nada especial, simplemente que le gusta esa estética. Pero quizá nos diga que tendría más confianza, que se atrevería a hacerse fotografías o que por fin se sentiría atractiva.

En ese segundo caso, conviene profundizar. Porque un tratamiento estético puede modificar una característica física, pero no garantiza resolver las inseguridades que una persona experimenta.

Si una adolescente está convencida de que necesita cambiar su rostro para sentirse aceptada, debemos ayudarla a cuestionar esa creencia antes de tomar una decisión médica. Y eso no se consigue repitiéndole que es preciosa.

Se consigue construyendo una relación en la que pueda expresar sus inseguridades sin sentirse juzgada, fortaleciendo otras dimensiones de su identidad y ayudándola a desarrollar una mirada más crítica hacia los modelos de belleza.

En este sentido, el taller CONFÍA puede ayudar a las familias a comprender mejor determinados procesos del desarrollo adolescente y cómo acompañar las inseguridades propias de esta etapa sin reforzarlas involuntariamente.

Proponle esperar: el cuerpo y los gustos todavía cambian

Cuando hablamos de una intervención estética electiva, esperar puede ser una decisión prudente. Durante la adolescencia continúa el desarrollo físico y también evolucionan las preferencias personales, la identidad y la forma de valorar la propia apariencia.

Quizá dentro de unos años siga deseando unos labios más voluminosos. O quizá descubra que aquello que ahora considera imprescindible ha dejado de tener importancia. No necesitamos asegurarle que se arrepentirá, porque no podemos saberlo.

Podemos explicarle que no todas las decisiones sobre nuestro cuerpo necesitan tomarse en el momento en que aparece el deseo.

Una conversación posible sería:

«Entiendo que te gustaría hacerlo y no voy a ridiculizarte por ello. Pero estamos hablando de una intervención médica que tiene riesgos y que no considero adecuada para ti ahora mismo. Podemos informarnos y seguir hablando de cómo te sientes, pero no vamos a hacerlo por impulso».

La espera no debería presentarse como un castigo, sino como una oportunidad para decidir con más información y perspectiva.

¿Se pueden aumentar los labios siendo menor de edad?

Esta es una de las preguntas que más preocupan a las familias.

Y la respuesta requiere matices, porque en España no basta con afirmar que cualquier menor de 18 años tiene prohibido someterse a un tratamiento estético, ni que a partir de los 16 puede hacerlo libremente en cualquier circunstancia.

El aumento de labios mediante infiltraciones de ácido hialurónico es un procedimiento médico no quirúrgico. Por tanto, debe abordarse dentro de las normas sanitarias aplicables, incluyendo las relativas al consentimiento informado y a la seguridad del paciente.

La Ley 41/2002 establece, como regla general, que los menores emancipados o mayores de 16 años pueden prestar su propio consentimiento sanitario, con excepciones importantes, entre ellas las actuaciones de grave riesgo para su vida o salud, según el criterio médico.

En menores de esa edad, la capacidad de comprensión, la participación del adolescente y el consentimiento por representación deben valorarse conforme a la legislación aplicable.

Además, pueden existir requisitos específicos autonómicos y profesionales. La edad, por sí sola, no garantiza que una intervención sea apropiada ni que un profesional deba realizarla.

Qué recomiendan los profesionales de la medicina estética

Antes de plantear cualquier intervención estética en una persona menor de edad, es fundamental realizar una valoración individualizada.

Un profesional médico cualificado debe considerar las características del procedimiento, las expectativas, los riesgos, la madurez para comprenderlos y las posibles contraindicaciones.

En intervenciones puramente estéticas, sin una necesidad médica que las justifique, resulta especialmente importante actuar con prudencia y evitar decisiones precipitadas.

Que una adolescente insista mucho en un tratamiento no constituye, por sí mismo, una indicación médica. Y aunque una familia esté dispuesta a autorizarlo, el profesional debe valorar si resulta adecuado realizarlo.

También conviene diferenciar una consulta informativa de la realización del procedimiento. Informarse sobre los riesgos no implica asumir que finalmente vaya a llevarse a cabo.

Riesgos del ácido hialurónico y de los centros sin personal médico

Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que, como el ácido hialurónico es una sustancia presente de forma natural en el organismo y muchos rellenos son reabsorbibles, su infiltración carece de riesgos importantes.

No es así.

Entre las complicaciones posibles se encuentran la inflamación, los hematomas, el dolor, las infecciones, las irregularidades y la aparición de nódulos.

También existen complicaciones poco frecuentes, pero potencialmente graves, como la obstrucción accidental de un vaso sanguíneo, que puede provocar lesiones en los tejidos. En determinadas circunstancias, los rellenos faciales también se han asociado con alteraciones visuales graves y otros daños vasculares.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) advierte expresamente de estos riesgos y de la importancia de acudir a profesionales sanitarios cualificados.

Por eso debemos desconfiar de tratamientos ofrecidos en domicilios, establecimientos no autorizados o por personas que carecen de la capacitación médica necesaria.

En España, la medicina estética se encuentra incluida entre las actividades sanitarias que requieren autorización, y los tratamientos médicos no quirúrgicos de finalidad estética deben contar con responsabilidad médica.

Tampoco conviene confiar en ofertas especialmente económicas, promociones por tiempo limitado o anuncios que prometen resultados perfectos sin explicar las posibles complicaciones.

Un aumento de labios no es equivalente a hacerse una manicura: implica introducir un producto mediante una técnica invasiva y requiere valoración médica.

Qué hacer si insiste o quiere hacerlo a escondidas

Quizá después de todas estas conversaciones tu hija continúe insistiendo.

«Pues cuando cumpla 18 años me lo haré».

«La madre de mi amiga sí la deja».

«Lo voy a pagar con mis ahorros».

En estos momentos, es fácil que el conflicto se convierta en una lucha de poder.

Sin embargo, necesitamos distinguir entre aquello sobre lo que podemos establecer límites y aquello que pertenece a la construcción progresiva de su autonomía.

Si es menor de edad y consideramos que el procedimiento no es adecuado, podemos mantener nuestra negativa sin necesidad de humillarla ni entrar en discusiones interminables.

Podemos decirle: «Sé que no estás de acuerdo conmigo y entiendo que te enfade. Pero mi responsabilidad es cuidar de tu salud y no voy a autorizar una intervención que considero innecesaria y arriesgada en este momento».

Si amenaza con hacerlo a escondidas, conviene tomárselo en serio sin reaccionar exclusivamente con castigos. Podemos explicarle los riesgos de acudir a personas no cualificadas, preguntarle si ya ha contactado con algún centro y dejar claro que, si alguna vez se somete a una infiltración y aparece dolor intenso, cambios llamativos de color en la piel o cualquier otro síntoma preocupante, debe pedir ayuda médica inmediata.

También es importante que sepa que puede acudir a nosotros si ha tomado una decisión equivocada. Porque una adolescente que teme una reacción desproporcionada puede ocultar una complicación por miedo al castigo. Y en cuestiones médicas, ese silencio puede tener consecuencias importantes.

Cuándo preocuparse: señales de dismorfia o baja autoestima

Que tu hija quiera aumentarse los labios no significa que tenga un trastorno psicológico. Sin embargo, hay situaciones en las que conviene prestar especial atención a cómo se relaciona con su imagen.

Por ejemplo, si dedica mucho tiempo a examinar supuestos defectos en el espejo, evita fotografías o encuentros sociales, necesita comprobar constantemente su apariencia o expresa un rechazo intenso hacia características físicas que los demás apenas perciben. También si su preocupación está interfiriendo en los estudios, las amistades o las actividades cotidianas.

Estas conductas pueden aparecer en distintos problemas relacionados con la imagen corporal y, en algunos casos, formar parte de un trastorno dismórfico corporal, que requiere una valoración profesional.

No debemos diagnosticarlo en casa ni utilizar la palabra «dismorfia» para desacreditar sus preocupaciones.

Lo adecuado es consultar con un profesional de salud mental con experiencia en adolescentes cuando el malestar es intenso, persistente o limita su vida cotidiana.

También conviene buscar orientación si observamos que pasa de una preocupación física a otra, convencida de que nunca estará satisfecha hasta corregir el siguiente supuesto defecto.

En estos casos, una intervención estética no debería presentarse como la solución automática al sufrimiento.

Acompañar su imagen sin que su valor dependa de ella

Cuando una adolescente nos dice que quiere cambiar una parte de su cuerpo, es fácil que los padres sintamos que estamos ante una decisión que debemos impedir o aceptar.

Pero quizá existe una tercera tarea mucho más importante: ayudarla a comprender por qué desea ese cambio y enseñarle a tomar decisiones sobre su cuerpo desde la información, la autonomía y el respeto hacia sí misma.

No podemos evitar que nuestros hijos crezcan rodeados de determinados ideales de belleza. Tampoco podemos impedir que, en algún momento, se comparen con otras personas o deseen modificar su apariencia.

Lo que sí podemos hacer es ofrecerles una mirada diferente. Una mirada que no convierta cada rasgo físico en algo que debe corregirse. Que no mida el atractivo únicamente a través de los filtros, las tendencias o la aprobación de los demás.

Y que les recuerde que cuidar su imagen puede formar parte de su identidad, pero no debería convertirse en una condición para sentirse valiosas.

Porque el objetivo no es convencer a nuestras hijas de que nunca quieran cambiar nada de su aspecto, sino ayudarlas a construir una autoestima que no dependa de tener que cambiarlo constantemente.

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