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¡SOCORRO, MI ADOLESCENTE ES UN VAGO! CÓMO ACTUAR CON UN ADOLESCENTE QUE «NO HACE NADA«

Aún recuerdo a mi prima cuando tenía unos 17 años. Estaba en el último curso de Bachillerato, y suspendía todas las asignaturas, una y otra vez. Cuando llegaba a casa, era incapaz de hacer otra cosa que no fuera tumbarse. No estudiaba nada. Solo cuando ya estaba repitiendo curso, mi tía la llevó al médico: le diagnosticaron una disfunción tiroidea tan fuerte que la endocrinóloga le dijo “lo que no sé es cómo ha hecho para ir a clase todos los días”. El caso de mi prima es excepcional, pero sirve para llamar la atención. Y es que los adolescentes tienen fama de vagos, sí, pero cuidado: etiquetarlos como vagos no va a solucionar nada.

¿Por qué crees que tu adolescente es un vago?

Lo primero que nos podemos preguntar son las causas por las que pensamos que nuestros adolescentes son vagos.

Y es que muy a menudo juzgamos a los adolescentes por actitudes que creemos que dependen exclusivamente de su voluntad, sin tener en cuenta que en la ecuación están entrando también otros factores. 

Porque casi todas las actitudes de los adolescentes “vagos” (duermen hasta tarde, les gusta estar tumbados en el sofá, no rinden mucho en el instituto), que son más o menos molestas y que nos parece, a veces con razón, que habría que corregir, tienen una explicación algo diferente (y también más justa para nuestros adolescentes) que el simple hecho de que sean “vagos”.

1. La pereza física en la adolescencia

Tu adolescente está cambiando, y tiene necesidades diferentes.

Así que gran parte de la causa de su supuesta pereza se debe a que sí, tiene sueño.Adolescente perezoso

Para hacer frente a los cambios físicos y cerebrales, el cuerpo adolescente necesita mucho descanso, más que en la etapa de la infancia inmediatamente anterior, entre 9 y 10 horas al día. Y todos los estudios están de acuerdo: nuestros adolescentes no están durmiendo suficiente.

Y es que, en la adolescencia, los ritmos circadianos son diferentes a los de la infancia y la madurez; se comienza a segregar melanina (la hormona que induce el sueño) hacia las 12 de la noche, aproximadamente dos horas más tarde que en otras etapas de la vida (y esto explica que se acuesten más tarde), pero entre semana tienen la necesidad social de levantarse temprano, porque las clases suelen empezar antes de las 9.

De manera que un adolescente medio suele dormir, a diario, unas dos horas menos de las que necesita. Por esta razón, suelen padecer de “fatiga crónica” y, sí, necesitan dormir más el fin de semana.

Por supuesto, no tienes por qué dejar dormir a tu adolescente hasta la hora que quiera si eso va a afectar a vuestra organización familiar, pero te aconsejo que tengas en cuenta sus necesidades porque la falta de sueño puede afectar negativamente a diversos ámbitos de la vida.

De hecho, la famosa abulia adolescente (lo de pasarse las horas tirados en el sofá) se debe, sobre todo, a una necesidad real de recuperar fuerzas.

Recuerda…

El no dormir suficiente es, por tanto, la causa más común para la fatiga. Pero puede haber otras. 

Puede que esa misma falta de sueño esté ocultando un problema psicológico (ansiedad y depresión son los más comunes, aunque un TCA también se manifiesta, entre otras cosas, por una fatiga extrema) o físico (es menos común, pero no excepcional, que en la adolescencia se diagnostiquen algunas enfermedades crónicas). 

Con respecto a estas y otras dolencias, recuerda: la línea roja es que el desarrollo de tu adolescente parezca detenido en varias áreas (social, escolar, física…). No te olvides de consultar con otros adultos que le acompañen, para confirmar tus sospechas y, ante la duda, acude a un especialista.

2. La pereza académica en la adolescencia

En muchos casos, también llamamos “vagos” a los adolescentes que no obtienen los resultados académicos que pareciera que podrían obtener. Este hecho, que en realidad también puede explicarse por el fenómeno del cansancio, puede deberse, simplemente, a una falta de motivación.

VagoLos adolescentes que se implican en los estudios son aquellos que, o bien tienen un gran sentido de la responsabilidad (aunque esta responsabilidad hacia los asuntos que vienen impuestos externamente suele perderse en la adolescencia), o bien sienten un gran interés por una o varias asignaturas, o una vinculación profunda hacia un profesor. Y esto no es algo que se improvise, aunque sí se puede trabajar.

Queremos, y es necesario, que nuestros adolescentes estudien, pero catalogarlos como vagos por no hacerlo no es la mejor solución (es, de hecho, la peor). Si quieres saber algo más sobre este tema, puedes consultar este artículo sobre motivación.

Por otro lado, en ocasiones la falta de estudio no se debe tanto a desmotivación como a un miedo muy agudo al fracaso. En la adolescencia la imagen de sí mismos se relaciona mucho con la mirada de las otras personas (especialmente de sus pares), así que, en muchas ocasiones, no llegan siquiera a comenzar algo por miedo a no ser capaces y quedar, de alguna manera, en ridículo. Con respecto a los estudios, pero también a aficiones nuevas, muchas veces les es más fácil pasar por “vagos” que intentar algo y no saber hacerlo.

¿Cómo hacer, entonces, si mi adolescente es un vago?

En Adolescencia Positiva somos muy partidarios de la formación.

Porque para entender que tu adolescente no es vago necesitas empatizar con sus necesidades reales, no ceder a esos mitos sobre la adolescencia que tan extendidos están. 

Y si entiendes de verdad lo que necesitan el cerebro en plena reestructuración y el corazón de tu adolescente, sabrás que, como muchos otros problemas de la adolescencia, esa supuesta “vagancia” se combate respetando su sueño (siempre que sea compatible con el ritmo familiar) y reforzando su autoestima.

Respetar el sueño de tu adolescente no significa solo que le dejes dormir hasta tarde el fin de semana: también pasa por establecer una hora para retirar los dispositivos electrónicos, pues iluminación de las pantallas inhibe la producción de melanina (que, como ya hemos dicho, es la hormona del sueño). 

Establece cuándo se deben apagar pantallas y bajar luces y sonidos, y sé inflexible.

Este horario debería respetarse incluso en época de exámenes, pues dormir menos para estudiar resulta contraproducente, ya que cuando falta sueño se memoriza peor.

Con respecto a cultivar una sana autoestima, significa, para empezar, que le quites a tu adolescente la etiqueta de “vago” y la cambies por una observación lo más objetiva posible de la realidad: “quizá no habías estudiado mucho para este examen”, “veo que tienes dificultades para tal o cual asignatura” y mucha escucha. ¿Qué piensa tu adolescente al respecto? ¿Cómo cree que puede solucionar el problema en concreto del que estáis hablando?

Además, tu adolescente necesita tu confianza. Ya se siente lo suficientemente perdido con los cambios físicos y sociales que está sufriendo, como para encima sentir que no confías en su criterio. Así que déjale aplicar sus propias recetas, llegar a sus propias soluciones, y felicítale por el camino recorrido, mejor que criticarle por aquello a lo que no ha llegado.Madre habla con adolescente

Si no se le están dando bien los estudios, te aconsejo que comiences a construir esa confianza desde otros lugares: reconocerle aquello que se le da bien (una afición, un deporte, una habilidad: lo que sea) y animarle a cultivar el esfuerzo y la paciencia en aquello que le gusta (es más fácil madrugar para practicar un deporte que se disfruta que para estudiar matemáticas, y al fin y al cabo en los dos casos estaría haciendo un esfuerzo). 

En lugar de reprocharle, como se suele hacer, el que solo se esfuerce “para lo que quiere”, reconoce su capacidad para sacrificarse por aquello que le interesa: así podrá descubrir que sí tiene ese potencial, y que podría aplicarlo a asuntos que quizá no le entusiasman, pero que son necesarios, como los estudios.

Recuerda…

Se trata, en definitiva, de hacerle saber que no estás ahí para enfadarte ni para castigarle, sino para apoyarle y darle consejo cuando lo necesite

Apoyar a tu adolescente significa, muchas veces, sostenerle cuando se equivoque (porque se va a equivocar), sin reproches y sin intentar arreglarle tú la vida. Cuando lo haces así, estás ayudándole a relativizar los errores, a aprender de ellos y, en definitiva, a confiar en su propio criterio.

Y de eso se trata, de ayudarle a confiar en sí mismo.

Si quieres aprender más sobre tu adolescente y sobre cómo acompañarle desde la calma, puedes unirte ya a la novena edición de mi programa Círculo de la Armonía Materna, donde te ayudo a conectar con tu adolescente y a afrontar con eficacia la maravillosa etapa de la adolescencia.

Puedes unirte aquí.

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