PELEAS ENTRE HERMANOS ADOLESCENTES

PELEAS ENTRE HERMANOS ADOLESCENTES: CÓMO ACABAR CON ELLAS

Una amiga mía cuenta siempre que, cuando su madre llegó a casa del hospital con su hermana menor en brazos, ella le tiró del pelo al bebé y comenzó una larga historia de peleas cuyo máximo apogeo tuvo lugar en su adolescencia, cuando en varias ocasiones las expulsaron del instituto por pelearse a golpes en el patio. Está claro que tal nivel de agresividad no es común, pero los conflictos entre hermanos están a la orden del día en muchas familias. ¿Son normales las peleas entre hermanos adolescentes? ¿Dónde está el límite? ¿Es posible acabar con ellas?

Los conflictos (hay que recordar que conflicto significa, simplemente, ‘oposición’) entre personas que conviven, o que pasan mucho tiempo juntas, son perfectamente normales, pues el acuerdo constante es imposible.

Entre hermanos, los desacuerdos son más normales aún, pues hay que tener en cuenta que compiten por los mismos recursos: los recursos materiales comunes (espacio en el sofá, tiempo en el baño, objetos de ocio como la consola) y la atención de los padres. Peleas hermanos adolescentes

A lo anterior, que sucede ya en la infancia, se le une en la adolescencia el proceso de individuación, que suele provocar que cada hermano o hermana se busque un nuevo lugar en la familia, muy a menudo por oposición a lo que percibe en otros miembros. Así, es normal que los conflictos se agudicen en la etapa adolescente.

Eso no significa, claro está, que como padres sea lícito que, simplemente, nos lavemos las manos y dejemos su gestión en manos de nuestros adolescentes. De hecho, si en casa suele haber insultos y peleas, es porque los adolescentes aún son incapaces de gestionar sus conflictos por sí mismos (su cerebro en construcción es aún demasiado emocional para ello).

Nuestro trabajo como madres y padres será, pues, doble: debemos, en primer lugar, ser proactivos para intentar evitar que los conflictos degeneren y, además, hacer que cada una de nuestras intervenciones sea un paso hacia la educación de nuestros adolescentes en la gestión de conflictos. 

Y a ello vamos.

📌¿Es normal que mis hijos adolescentes tengan conflictos?

Rotundamente sí. Los conflictos entre hermanos suelen llegar a su punto álgido al inicio de la adolescencia; más adelante, si se han resuelto de forma positiva, se aprecian y reconocen como iguales, y tienden más a apoyarse. Pero si el conflicto adolescente no termina de resolverse bien, entonces puede determinar que, a partir de ese momento (e independientemente de cómo haya sido en la infancia), la relación entre los hermanos sea mala o inexistente.

Por otro lado, la calidad de las relaciones familiares en la adolescencia es un factor predictivo del bienestar psicológico del adolescente; y este, a su vez, actúa como protector frente a problemas como ansiedad, depresión, abuso de sustancias…

Si los adolescentes perciben calidad en las relaciones de la familia, esto evitará que, ante un conflicto, se dé una escalada rápida; antes bien, existirá buena disposición para resolverlo. Algunos consejos para conseguirlo son: 

  • Trata a tus hijos con justicia y equidad.

No es sencillo: no hay mayor injusticia que tratar a todos los hijos por igual (hay que tratarlos según las necesidades) pero, por otro lado, es necesario garantizar una cierta igualdad, pues todos tus hijos son miembros de una misma familia.

Una buena manera de conseguir esto es procurar que los privilegios estén bien distribuidos, aunque sean diferentes: quizá el hermano mayor puede salir hasta más tarde, pero entonces el menor tendrá más tiempo de pantallas el fin de semana… 

  • Establece reglas para los conflictos.

Por supuesto, estas reglas deberían descartar siempre el abuso físico, pero también el verbal y todas las líneas rojas que te parezcan necesarias. 

Solo tú sabes cuáles son, en tu familia, los límites verdaderamente importantes.

  • Modela las reglas.

De nada sirve decir a tus adolescentes que no griten… Gritando.

Y en los conflictos con tu pareja si la tienes, con otros miembros de la familia, deberías también tener cuidado de respetarlas reglas. 

Recuerda que educas todo el tiempo, sobre todo cuando crees que tus hijos no te ven.

  • No los compares.

Tus hijos son diferentes, por suerte. Procura reconocer y alabar esas diferencias sin hacer de ellas un “mejor” o “peor”.

Es cierto que muchas veces tenemos más afinidad con las elecciones de uno de nuestros hijos, y no pasa nada, pero los otros no deberían sentir que los dejas de lado por esa razón.

  • Deja claras las normas de uso de los espacios y los objetos compartidos.

Hazlo, sobre todo, con aquello que cause más controversia. 

A veces es necesario, al establecer nuevas reglas, comenzar con una disciplina muy rigurosa, sin excepciones, para después, cuando ya se haya interiorizado una dinámica, ir dejándoles gestionar sus diferencias.

  • Dales tiempo en exclusiva, incluso si lo rehúyen.

Para los niños muy pequeños, el mejor momento del juego del escondite es aquel en que son encontrados. 

A los adolescentes les pasa un poco lo mismo: nos dicen continuamente que no nos necesitan, pero están deseando que vayamos a hablar con ellos. Y cuidado con los hijos “ariscos”: también necesitan tu cariño exclusivo.

  • Fomenta las aficiones compartidas.

Si tus hijos comparten alguna afición, el cine, los juegos de mesa, las salidas en bicicleta, la consola… Intenta que cada semana haya un rato para cultivarla. 

Esto les ayudará a verse como compañeros, y no como rivales.

🙄¿Cómo intervenir en las peleas adolescentes?

Ante las peleas de hermanos, las teorías educativas podrían dividirse en tres: las que aconsejan dejarles hacer, y llegar a soluciones por sí solos, las que prefieren que los padres intervengan y “corten” la disputa y las intermedias, que proponen la mediación adulta como una manera de enseñarles a resolver sus problemas.

En Adolescencia Positiva sostenemos esta última metodología, que se corresponde con el estilo parental democrático, aquel en el que los padres, desde la presencia, van dando a los hijos espacios de libertad según sus necesidades y aptitudes.

Esto implica intervenir en las peleas adolescentes, pero siempre desde la comprensión y el respeto a sus diferencias, evitando posicionarte y resolver la situación. Te damos algunos consejos para hacerlo: 

  • Mantén la calma.

Es muy cansado ver a tus adolescentes discutir a diario: lo sabemos. Pero si tu intervención es necesaria, debes intentar relajarte y decirte que estás invirtiendo en su futuro. 

Si no eres capaz de calmarte en este momento, plantéate si la no intervención puede ser posible (si no hay peligro, por ejemplo, quizá no pase nada por dejarles discutir).

  • No busques culpables.

Aunque hayas estado presente desde el inicio del conflicto, intenta aplicar la máxima de que “dos no discuten si uno no quiere”; puede que tengas muy claro que hay un culpable, pero de lo que se trata ahora es de encontrar una solución.

Ya cuando las aguas se hayan calmado podrás decirles que no te ha gustado tal o cual cosa que han hecho o dicho.

  • Ayúdales a encontrar una solución, pero sin imponerla.

Si no son capaces de encontrar una salida, puedes sugerir alguna, pero nunca imponerla como si fueras un juez. 

En ocasiones, tu simple sugerencia les hará pensar en otra solución, y casi siempre verán mejor aquella a la que lleguen por sí mismos, aunque a ti te parezca injusta.

  • Respeta la solución que hayan encontrado.

Si te parece que uno de tus hijos siempre sale perdiendo, busca otro momento, explícale lo que has observado, pregúntale cómo se siente por ello y hazle saber que no debe ceder siempre. 

Hay personas que prefieren ceder, elegir sus batallas, y está bien siempre y cuando tenga claro su derecho a reivindicarse cuando le parezca necesario.

👉Un recordatorio: enseñarles a gestionar los conflictos no va a acabar con ellos

No. Los conflictos entre tus hijos van a seguir durando toda la vida. Y las peleas, probablemente durarán hasta el final de la adolescencia. 

Enseñar a tus hijos adolescentes a gestionar conflictos es plantar una semilla que tardará en germinar, pero cuyo fruto es impagable: preservarás la relación entre hermanos y les darás una gran oportunidad para llevarse bien en la edad adulta. Además, es infinitamente más sencillo aprender a gestionar conflictos en un entorno seguro, el familiar, que fuera de casa: es, también, un aprendizaje que les entregas. 

Si además perciben que en la resolución de conflictos los tratas con justicia, respetando sus diferencias y sus opiniones, esto redundará en una mejor relación contigo y en un mejor ambiente general en la casa. 

Ojalá ahora que llegan las vacaciones y abundan las oportunidades de pelearse seas capaz de aplicar estas máximas y vayas construyendo, poco a poco, un lugar en el que disfrutar de la adolescencia de tus hijos.

Cuéntame si es así, o si tienes algún otro truco para gestionar sus discusiones.

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He vuelto a gritarle a mi hijo

https://youtu.be/RplIVoV9KRQ

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