Mi adolescente no me escucha

MI ADOLESCENTE NO ME ESCUCHA

Estás hablando con tu adolescente, que asiente de forma mecánica (sin mirarte a los ojos) a todo lo que le dices y, cuando llega la hora de la verdad, hace exactamente lo contrario. Pero ¿no me estaba escuchando? La respuesta a esta pregunta es compleja: a lo mejor sí, aunque probablemente no. También es fácil que ya supiera lo que le querías decir y haya hecho lo contrario solo por reivindicar su propia independencia. Así que, a efectos prácticos, podríamos decir que no, que tu adolescente no te escucha.Madre habla con adolescente

Pero ¿por qué no me escucha mi adolescente, si hace nada era el niño más adorable del mundo?

Esta respuesta tampoco es sencilla. Podríamos resumirla así: tu adolescente no te escucha porque empieza a tener criterio propio, y le resulta más importante actuar conforme a ese criterio que está comenzando a adquirir que seguir el que tú le has impuesto.

Lo cual estaría muy bien si supiéramos que el criterio adolescente es siempre razonable. Pero no lo es. En la adolescencia aún no está desarrollada la corteza prefrontal, que es la región del cerebro que controla la organización y la regulación. Eso significa que las decisiones de tu adolescente las toma el llamado cerebro reptiliano, que está regido por las emociones: por eso en muchas ocasiones sus decisiones no son acertadas, porque están tomadas bajo una influencia excesiva de lo emocional.

Si tu adolescente no te escucha, cambia de técnica

Pero hay otra razón para que los adolescentes no escuchen.

Y es que, aunque tu adolescente pueda tener un interés genuino en lo que le estás diciendo en este momento, cuando te diriges a él con determinadas actitudes va a desconectar inmediatamente

La psicóloga Lisa Damour, en su libro Untangled, nos da algunas de ellas:

Moralizar: 

Cualquier adolescente que sospeche que su madre o padre le va a soltar un discursito moral, lo mínimo que va a hacer es desconectar inmediatamente (puede también que se enfade y dé un grito o un portazo).

En realidad, prácticamente nadie es capaz de escuchar un sermón sin ponerse a la defensiva, así que, si cuando estás hablando con tu adolescente observas que has pasado al sermón, te aconsejo que tomes aire, des un paso atrás y cambies de tono.

Adoptar un tono de sospecha:

No importa lo que tú creas que tu adolescente ha hecho, ni siquiera lo que en realidad haya hecho (o vaya a hacer), si tus preguntas tienen un tono de sospecha (“¿seguro que solo os vais a quedar en casa de tu amiga?” “¿cómo sabes que nadie llevará alcohol?”) tu adolescente desconectará, te dirá lo mínimo (quizá incluso te mienta) e intentará evadirse de la conversación

Juzgar:

Tienes tus propias ideas morales y te gustaría que tu adolescente las respetara y compartiera, pero no creas que por juzgar lo que hace (y mucho menos, por juzgar por adelantado algo que crees que va a hacer) conseguirás que se alinee con tus valores

Por supuesto, puedes (y debes: forma parte de la tarea educadora) transmitirle tu sistema de creencias, pero ten siempre en cuenta que los valores morales son relativos y que tu importancia en su universo es menor que cuando era un niño: si de verdad quieres que te escuche, háblale con franqueza, sí, pero sin juicios.

Exagerar los riesgos:

No, tu adolescente ya no cree en el Coco, así que el discurso del miedo ya no funciona.

Por esta razón, cuando hagas referencia a conductas de riesgo, no intentes asustarle, diciéndole por ejemplo que “el alcohol es una droga mortal” porque, aunque sea potencialmente cierto, no deja de ser una exageración, y su experiencia, además (tal o cual persona de su clase se emborracha todos los fines de semana y llega el lunes al instituto sin problemas aparentes, contando que se lo pasó fenomenal) le está indicando lo contrario.

Por cierto, hay un estudio de la Universidad de Harvard en el que se demostró que algunas de estas actitudes por parte de las madres provocaban una “desconexión” en el cerebro adolescente; vamos, que no es que no quieran escuchar, es que no pueden.

¿Cómo conseguir que tu adolescente te escuche?

Cuando queremos hablar a un adolescente sobre un tema de importancia, debemos contar con que oponga algo de resistencia, pero si sabemos llevar bien la conversación, es más que probable que sí nos escuche.

Si consigues dejar a un lado todos estos automatismos de los que acabamos de hablar, ya tendrás bastante ganado, claro, pero además hay algunas técnicas que puedes aplicar para asegurarte de que, al menos, no se cierra completamente a escucharte.

1. Intenta no luchar todas las batallas.

Tu adolescente, como decíamos antes, está comenzando a tener criterio propio, así que respétalo todo lo que puedas: su criterio y, también, sus errores. Eso no significa que no te intereses por lo que hace, sino que seas capaz de dejar tu opinión a un lado cuando no se trata de algo realmente importante, como la ropa que se pone para ir al instituto o el estado de (des)orden de su habitación (y aquí, obviamente, sabemos que la idea de “importante” es relativa, pues cuando la ropa o el desorden pasan un cierto límite, vamos a intervenir).

Y ¿cuáles son esos temas realmente importantes? Para mí, son aquellos que tienen que ver con la seguridad personal y la de las otras personas

Por supuesto, en los asuntos muy importantes habrá unos límites familiares que esperas que tu adolescente respete, pero la realidad es que no puedes controlar lo que hace todo el tiempo y además, a medio y largo plazo, tu objetivo no es que respete tus límites, sino que tenga una actitud sana ante la vida

Y es ahí donde interviene tu capacidad para convencer, mucho más que para vigilar

2. Hazle entender es un interlocutor inteligente

Uno de los hitos neurológicos en la adolescencia es que se alcanza el pensamiento abstracto, lo que significa que tu adolescente estará preparado para entender explicaciones científicas y morales, y para rebatirlas.

La evidencia científica dice, por ejemplo, que cuando las chicas han conocido de primera mano experiencias de madres adolescentes, la proporción de embarazos adolescentes y de abortos desciende, lo que significa que practican sexo de forma más segura: esto se puede aplicar a muchos otros ámbitos.

Así que infórmate bien y, cuando hables con tu adolescente, enfócate en los riesgos de determinadas conductas (el efecto de las drogas en el cerebro adolescente; las consecuencias a medio plazo de la deprivación de sueño por ir a la cama con las pantallas; los peligros de conducir a gran velocidad…). Cuanto más objetiva sea la información, mejor.

3. Comienza la conversación lo antes posible

No se trata de que le hables a tu hija de cinco años de los peligros de las drogas, pero presta atención e intenta tirar del hilo lo más que puedas de los asuntos realmente importantes. Madre habla con hija

Por ejemplo, el tema del peso ya forma parte de las conversaciones de las niñas en primaria: no deberías dejar escapar ni una oportunidad para decirle a tu hija (¡sin moralinas!) cómo crees que debe cuidar su cuerpo y la importancia de tener buena salud. 

Según vayan pasando los años, podrás ir concretando algunos asuntos, e incluso llevando a tu hija a un nutricionista para que tenga la información de la mano de profesionales (a quienes les prestará, seguramente, más atención que a ti).

Pero no esperes a que lleguen los años más difíciles para hablar. Hazlo en cuanto tengas la oportunidad.

4. Ten expectativas muy realistas

Hay algunos asuntos que, te gusten o no, existen en el mundo adolescente (el sexo, las drogas, los riesgos); si no lo asumes, no solo las conversaciones no serán realistas, es que además le estarás dejando sin salida, porque solo podrá hacer dos cosas: abandonar su vida social o mentirte (y créeme que la mayoría eligen la segunda opción). 

Imagina, por ejemplo, que tu expectativa es que tu adolescente no vaya a bares, que te ha engañado, ha ido a uno y ahora la persona que le ha llevado en coche está bebida. Probablemente prefieres que te llame a que se suba en el coche con alguien bebido, pero si te ha estado mintiendo, es muy improbable que tome la opción correcta: le has dejado sin salida.

5. Sé modelo

Decía María Montessori que los hijos puede que no nos escuchen, pero nos miran todo el rato, así que la mejor manera de educar es siendo modelo. No bebas en exceso si quieres que no beban, deja el móvil en el salón por la noche si quieres que duerman, no excedas el límite de velocidad si quieres que lo respeten…

Se trata, nada más y nada menos, de ser consecuente con los valores que estás tratando de inculcarle.

Cuando hayas conseguido que tu adolescente te escuche, te aconsejo que pruebes a hacerle hablar. Tienes dos artículos en este blog sobre esto: uno sobre por qué no hablan y otro sobre la escucha activa.

Cuéntame, ¿habías puesto en práctica alguno de estos puntos? ¿Tienes otros trucos para que tu adolescente te escuche?

 

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