Madre enfadada con ira

¿Madre de adolescente enfadada? Te enseñamos a controlar tu ira.

Tú no eras una persona gruñona. Pero desde que tienes hijos, o desde que llegaron a la adolescencia, te encuentras gritando y protestando más a menudo de lo que te gustaría, incluso sientes que en ocasiones pierdes los papeles, y no te gusta. ¿Es posible controlar la ira y salir de ese bucle? Si eres madre de adolescente y siempre estás enfadada, hoy te enseñamos a controlar tu ira.

No te culpes. Teniendo en cuenta los patrones educativos que has heredado, transformarte en una madre enfadada era normal.

Pero te merece la pena cambiar esto.

Porque cuando gritas nadie sale beneficiado. Ni en el corto plazo (pues tu adolescente muchas veces no entiende tu reacción, y a ti ni siquiera te sirve de desahogo real), ni en el largo plazo (pues crecer en una casa donde hay gritos frecuentes tiene consecuencias negativas, y quienes se dejan llevar por la ira tienen mayor probabilidad de padecer algunos problemas de salud).

La buena noticia es que se puede controlar la ira. Es un camino largo y necesitarás comprometerte contigo y con tu hijo o hija adolescente, pero si perseveras será muy beneficioso para ti y para el bienestar familiar.

Madre enfadada con hijo adolescente
El origen de la rabia, en las madres y padres, suele ser la combinación de la exigencia excesiva

Tienes razones para estar enfadada

Digámoslo claramente: no eres la única que piensa que su adolescente “le saca lo peor”. Es un sentimiento generalizado, y perfectamente legítimo en una sociedad que no pone nada fácil maternar o paternar adolescentes.

Vivimos en un mundo hiperexigente y orientado hacia la productividad en todas las áreas de la vida (el trabajo, la familia, el ocio…). No es casual que se esté hablando cada vez más del burnout parental y de la salud mental, especialmente la de las madres.

El origen de la rabia, en las madres y padres, suele ser la combinación de la exigencia excesiva con las particularidades de la etapa adolescente, que es un desafío continuo. Aunque no hay que olvidar que en algunos casos, el enfado incontrolable es el de un problema más profundo, como ansiedad o depresión (si crees que este puede ser tu problema, consulta cuanto antes con un profesional).

¿Reconoces en alguna de estas razones el origen de tu enfado? 

Estás saturada

La mayoría de las madres llevan mucha más carga familiar y doméstica que los padres: la casa, la escolarización, las extraescolares, la comida… Esta ocupación continua, la carga mental, puede llevar a un estado de enfado inconsciente. 

Tu adolescente no coopera

Una queja habitual en familias con adolescentes. ¿Puede ser que “no le dé la gana” de hacer las cosas? Puede ser. Aunque también quizá sí las haga, pero no a tu manera, o no haya entendido bien tus expectativas. 

Tu adolescente es desagradable contigo

Gritos, portazos, enfados… Los adolescentes son personas muy emocionales, los enfados y el mal comportamiento son habituales y, aunque tengamos muy claro que se deben a su momento de desarrollo cerebral, a veces es complicado no tomárselos de forma personal.

Desavenencias con tu pareja por la organización doméstica

Cuando se educa en pareja y los dos miembros tienen una visión diferente de la educación, o no se comparte equitativamente la carga doméstica y mental, suele generarse un enfado “de fondo” que las pequeñas tensiones del día a día hacen estallar. Es necesario comprender, en esos casos, que el problema no suele ser aquello que ha provocado directamente la reacción, sino ese malestar preexistente.

Presiones que vienen de fuera del hogar

Puede suceder que el malestar venga de fuera del hogar: estrés laboral, problemas económicos… Esas preocupaciones, grandes o pequeñas, a las que no se puede dar salida en otros espacios, pueden ser un factor más en la mala gestión de la ira en el hogar.

Las consecuencias de la ira

La ira es una emoción intensa que conlleva una gran activación fisiológica, se produce en momentos de conflicto y puede llevarnos a conductas violentas.

Estamos acostumbrados a un modelo educativo en el que las madres y padres no pedían, ordenaban, se enfadaban y castigaban, así que tendemos a creer que el enfado la única manera de que nuestros hijos adolescentes hagan “lo que deben hacer”…

Pero ese modelo no sirve. Tus hijos necesitan que seas su líder, pero también necesitan armonía en el hogar. Los límites son, para ellos, tan necesarios como la ternura y el apoyo. Si necesitas saber cómo pasar del autoritarismo a la autoridad, apúntate al taller FAMILÍDER, que tendrá lugar el lunes 19 de junio a las 19h, hora española. Aprenderás a cultivar un ambiente de apoyo y motivación en tu familia, para cambiar los enfados por la responsabilidad.

Me apunto a FAMILÍDER.

Porque dejarse llevar por la ira tiene consecuencias muy negativas: para los hijos, pero también para ti. 

Familíder

Consecuencias negativas de tu ira para tu adolescente

Se sabe que en las familias donde los adultos dan rienda suelta a la ira (no hablamos de violencia física ni abuso, sino de enfados frecuentes) es más probable que los hijos padezcan:

  • comportamiento antisocial o agresivo;
  • baja autoestima;
  • problemas de salud mental;
  • dificultades en el comportamiento social.

Consecuencias negativas de tu ira para ti

Se habla poco de ello, pero los estudios son claros: las personas que ceden más a menudo a los empujones de la ira tienen más tendencia a padecer alguno de estos problemas:

  • Deterioro de la salud mental (más probabilidad de sufrir depresión);
  • deterioro de la salud física (aumenta la probabilidad de sufrir un infarto, por ejemplo);
  • deterioro de las relaciones personales o familiares (una familia donde el padre o la madre actúan siempre enfadados establece relaciones basadas en el miedo y no en la confianza).

Breve decálogo de control de la ira parental

Lo primero de todo es comprender que la ira es una emoción, ni buena ni mala: lo positivo o negativo es la manera en que te comportas cuando la sientes. 

Ten en cuenta, además, que educar en positivo no significa ocultar las emociones, sino tratar a los hijos con respeto. Eso significa que estás en tu derecho de decirle a tu adolescente que te has enfadado, pero que no es lícito ni beneficioso montarle una escena.

Hoy queremos compartir contigo diez maneras de controlar tu ira: 

1. Delega

Haz que las tareas domésticas estén repartidas de manera proporcional entre los diferentes miembros de la familia, teniendo en cuenta su madurez, su disponibilidad y, si es posible, sus preferencias. Cuando cada uno tiene sus tareas, la carga mental se aligera.

2. Baja expectativas

Sobre ti, sobre tu adolescente, sobre tu pareja. Quizá tu adolescente no ha hecho los deberes hoy, a lo mejor tu pareja ha olvidado comprar leche… Sé compasiva; no exijas a nadie la perfección y, a cambio, permite que cada cual asuma las consecuencias de sus acciones.

3. Cuídate

La salud mental pasa, siempre, por cuidarse: comer de forma saludable, dormir suficiente, moverse, hacer actividades placenteras (leer, tirarse en el sofá, ir a clases de baile…). Procura que no todo sean obligaciones.

4. Pon límites

A tu adolescente, a tu pareja… Recuerda que los límites ayudan, cuidan y sirven para transmitir lo importante y recuerda, también, que cuanto menos haya, más fácil será respetarlos.

5. Comunica tus necesidades con claridad

¿Quieres que tu adolescente recoja la mesa nada más comer? No esperes que sepa que “se hace en ese momento”: díselo. ¿Necesitas echarte la siesta? Pídele claramente que no te interrumpa y que no haga ruido. A veces lo que parece obvio no lo es para otras personas, especialmente para los adolescentes. 

6. Identifica los desencadenantes de tu enfado

Cada persona “salta” por motivos diferentes: identifica los tuyos. Quizá no soportas que tu adolescente te hable mal, a lo mejor no aguantas el desorden en la cocina… Si sabes qué es lo que te hace enfadarte, podrás poner remedio antes del estallido.

7. Reconoce los primeros síntomas de la ira

La ira conlleva una gran activación fisiológica, que es fácil de reconocer: el corazón y la respiración se aceleran, los músculos se tensan… Si te haces consciente de ello, sabrás darte cuenta cuando comience, y frenarla antes de que vaya a más.

8. Tómate un respiro

Cuando sientas los primeros síntomas físicos de la ira, tómate un breve respiro: haz diez respiraciones conscientes, apártate del problema… Algo que te dé un espacio físico, y mental para calmarte.

9. Expresa tu enfado de forma asertiva

Dilo claramente: “estoy enfadada y ahora no puedo mantener esta conversación”. A veces puedes añadir algo que puede hacer la otra persona para ayudarte, como: “necesito que me dejes cinco minutos”… Expresar el enfado así, aunque las primeras veces te cueste, te ayudará a no dejarte llevar.

10. Habla con alguien

A veces llamar a una amiga, hermano… Ayuda mucho para calmar el enfado. Intenta, si lo haces, no llamar para quejarte sino más bien para charlar de otro asunto: así podrás dejar de pensar en el problema.

Si los ataques de ira son muy frecuentes o no te sientes capaz de controlarlos, pide ayuda psicológica. La ira continua no es buena compañera, y tu salud mental es muy importante: para ti y para tu familia.

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