LOS 5 RIESGOS A LOS QUE SE ENFRENTA TU ADOLESCENTE EN INTERNET

“Mamá, necesito un móvil”. ¿A qué edad escuchaste por primera vez esta frase? Yo me quedé de piedra cuando mi hija mayor la pronunció por primera vez. Tenía cinco años. Y por más que resistamos, que intentemos mantener nuestros principios, que lo retrasemos todo lo que podamos… La realidad es que el 93,8% de adolescentes tiene móvil, según el último estudio del INE, que el uso de pantallas es una fuente de conflicto frecuente en las familias con adolescentes, y que cuando dejas a tu adolescente que navegue por internet le abres la puerta a un mundo en el que no todo es de color de rosa (pero tampoco un peligro constante). Así que hoy te quiero hablar de los cinco peligros a los que se enfrenta tu adolescente en internet.

¿Es internet un peligro para mi adolescente?

Ni las pantallas en general, ni internet en particular son un peligro en sí; como me gusta decir, son una herramienta. Pero de la misma manera que sucede con otras herramientas, como el coche, internet mal empleado puede acarrear peligros.

Adolescente empantallada

Claro, el problema que tenemos con las internet es que no existía en nuestra infancia: somos pioneros en la educación digital. Y no solo eso, sino que la industria nos convenció hace unos años de las bondades de la conexión a edades tempranas, y hemos criado, sin pretenderlo ni ser conscientes de ello, una generación de personas dependientes del estímulo continuo de internet.

Una generación a la que llamamos engañosamente “nativa digital”, sin pensar que eso sería el equivalente de pensar que una persona que nació a principios del siglo XX sería “nativa automovilística” y, por tanto, no necesitaría aprender a conducir. 

Sí, te parece que tu adolescente es más hábil que tú en internet. Y probablemente ya desde los dos años manifestaba esa supuesta habilidad. Pero la realidad es que, simplemente, ha conocido esa herramienta desde que nació, y no le asusta. Pero, igual que una persona que nació tras la invención del automóvil, necesita formación para manejar de manera consciente el vasto mundo que le ofrece internet.

Porque ni hay que ver peligros por todas partes (y prohibir la conexión) ni hay que confiar en que una persona adolescente, que aún tiene la corteza cerebral en pleno desarrollo, sea capaz de autorregular su comportamiento en internet (y no ejercer control alguno).

Como siempre, la solución es educar, y no es nada fácil. Pero para ello debemos saber a qué nos enfrentamos.

¿Cuáles son los verdaderos riesgos de internet para mi adolescente?

1. Riesgos relacionados con el acoso entre iguales

La red es omnipresente, lo que hace que el acoso entre iguales, que antes se limitaba a momentos en que víctima y acosador estaban en el mismo ámbito físico, ha traspasado ese contexto y se ha colado en casa de las víctimas.

Se trata de un problema grave, pues suele ser difícil de detectar (las víctimas de abuso tienden a ocultarlo por miedo a represalias) y provoca graves consecuencias psicosociales (que van desde el malestar hasta las conductas suicidas).

Y es que hay aspectos del ciberacoso que lo hacen aún más difícil de sufrir que el acoso presencial, porque:

  • El acosador puede ocultar su identidad, lo que aumenta la sensación de indefensión de la víctima y la de impunidad en el acosador (lo que hace que se pueda ampliar el perfil de acosador potencial).
  • La audiencia puede ser muy grande en cuestión de muy poco tiempo, si el acoso se lleva a cabo en público (una red social, por ejemplo), y la humillación ser muy duradera en el tiempo (los vídeos, comentarios vejatorios, etc. permanecen durante años en la red).
  • El acoso no para cuando víctima y acosador no se ven: la víctima no puede esconderse, lo que incrementa el daño que recibe y la sensación de no poder escapar del acoso.

Puedes consultar más sobre ciberacoso en este informe publicado por el Ayuntamiento de Valencia.

2. Riesgos relacionados con el acoso y abuso sexual

Uno de los mayores problemas de internet es la facilidad con que una persona puede hacerse pasar por quien no es con el objetivo de llevar a cabo una actividad delictiva

Y esto es especialmente grave para los adolescentes, que aún no tienen la capacidad de reflexionar fríamente sobre las personas con quienes hablan, y tienden a ser confiados.

SextingEl informe “Violencia viral”, publicado por Save the children en 2019 (puedes consultarlo aquí), concluyó que uno de cada cinco jóvenes españoles de 18 a 20 años había sufrido acoso sexual en internet por parte de una persona adulta que se hacía pasar por menor; la edad media de inicio de este tipo de violencia (que se conoce como grooming) era de 15 años.

No es lo más común, pero en ocasiones el acosador acaba convenciendo o extorsionando a la víctima para encontrarse, y se produce un abuso físico.

Pero, aunque no sea así, debemos acabar con la idea de que el acoso sexual en internet es “menos grave” porque no hay contacto físico: la víctima lo es tanto como si hubiera estado en contacto con su agresor y, además, a los sentimientos propios del acoso (aislamiento, miedo, autoinculpación…) se suma el hecho de que existen documentos gráficos de la experiencia, que pueden difundirse de forma masiva.

3. Riesgo de visualización de contenidos para mayores

Sí, estoy hablando de porno.

Porque, aunque no lo creas, los adolescentes españoles ven pornografía por primera vez a los 12 años y casi 7 de cada 10 lo hacen de forma frecuente. Puedes consultar al respecto este informe de Save the children.

El porno, y más los contenidos gratuitos, que son los que se suelen consumir en la adolescencia, se basa en relaciones desiguales, machistas y violentas, además de en prácticas sexuales e ideales de cuerpos que nada tienen que ver con la realidad.

Y algo que es muy revelador en ese informe es que el primer acceso al porno tiene a menudo su origen en un tipo de violencia online: la exposición involuntaria a material sexual, bien porque una persona de su grupo de iguales -o desconocida- se lo enseña (compartiendo un link o mostrándole una pantalla) o a través de anuncios en internet.

Y algo muy importante: las chicas están más expuestas a recibir contenido sexual de una persona desconocida sin que medie intercambio previo, lo que constituye una forma de abuso.

4. Incitación a conductas dañinas u ofensivas

Por sorprendente que te parezca, en internet hay muchos lugares donde se incita a las personas a llevar a cabo conductas que son dañinas.Abuso

Hay, por ejemplo, espacios donde se hace apología de la anorexia y de la bulimia, y adolescentes enfermas (son mayoritariamente chicas, aunque también hay chicos) se ofrecen trucos y apoyo para resistir ayunos prolongados, o vomitar sin que se enteren otras personas. Y aunque muchas veces se denuncian, y se realizan acciones colectivas para intentar que se prohíban completamente, siguen existiendo. Tienes una buena fuente de información a este respecto en la página web Proyecto princesas.

Existen también retos en los que se incita a cometer algún tipo de violencia contra sí mismo o contra otras personas: la “caza del pijo”, en el que se anima a pegar sin mediar palabra previa a chicos y chicas de clase social media-alta, o la “ballena azul”, un reto que constaba de 50 pruebas cada vez más dañinas, siendo la última el suicidio. 

Estos retos suelen viralizarse rápidamente, lo que da a los adolescentes que los realizan una gran cantidad de likes en poco tiempo.

Los likes les dan la satisfacción instantánea de sentirse conectados, pertenecientes a una comunidad: justo lo que sus cerebros necesitan (puedes leer más sobre retos virales aquí).

5. Adicción a dispositivos móviles

De todos los riesgos de internet, es el que más preocupa a los padres y madres: la adicción a internet o, de manera más general, a las pantallas. 

Es verdad que en ocasiones llegamos a confundir un uso abusivo (adolescentes que parecen no desengancharse del móvil en ningún momento) con la nomofobia, el miedo irracional a no tener el teléfono móvil encima, y que según algunos estudios podrían sufrir hasta 8 de cada 10 personas en España (te dejo aquí un artículo sobre el tema).

Pero aunque no lleguemos a ese extremo, es innegable que las pantallas enganchan (¿o acaso tú, que esperabas una semana para ver Farmacia de guardia no dejas “un capítulo más” de tu serie favorita aunque debas irte a la cama?), y ya sabes que todo lo que provoque adicción, satisfacción inmediata, es especialmente peligroso en la adolescencia.

Y, aunque nos traen muchas ventajas, las pantallas también nos están quitando otras cosas: tiempo de interacción cara a cara, de dedicación a otros hobbies, de estudio y, peor aún, de sueño. Tanto a las personas adultas como a las adolescentes.

¿Puede mi adolescente usar internet de forma segura?

La buena noticia es que sí: tu adolescente puede usar internet de forma segura.

Pero para ello necesitas actuar ya, y cuanto antes, mejor.

Necesitas saber qué hace tu adolescente en internet, qué aplicaciones utiliza y qué riesgos entrañan.

Necesitas conocer las herramientas para detectar una conducta abusiva con respecto a las pantallas.

Necesitas establecer unos límites claros para proteger el desarrollo de tu adolescente (sus horas de sueño, su progreso intelectual), su derecho a la intimidad y su integridad.

Necesitas ser firme y consecuente en tus noes, y acompañar a tu adolescente en su frustración (que la habrá).

Necesitas enseñar a tu adolescente un código de conducta en la red, para que, por desconocimiento o escudándose en el anonimato, no caiga en el abuso o en los comentarios desagradables o hirientes.

Tu adolescente te necesita ahora.

De algunos de estos temas ya hemos hablado en el blog (aquí, aquí, aquí, aquí y aquí).

Pero si sientes que necesitas información más concreta y unas pistas para empezar a actuar desde ya, he creado para ti mi curso Adolescentes conectadOFF, en el que aprenderás:

• Señales de advertencia sobre un uso adictivo a las pantallas

Gestión en el uso y tiempo adecuado que salvaguarde la salud de tu hijo/a

Establecer límites claros alrededor del uso de la tecnología

Técnicas para evitar la distracción a la hora de centrarse en los estudios

•Validación y gestión del enfado como emoción legítima

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