Cuando mi hijo confesó que se había saltado una norma

Cuando mi hijo me confesó que se había saltado una norma

Alguien, en la clase de mi hijo, había robado los enunciados de un examen y los había vendido entre los compañeros. Habían descubierto a un par de personas, que recibieron su castigo. Estaba sorprendida, pues conocía a los culpables, dos “buenos chicos” de quienes no me esperaba aquello; hablé con mi hijo durante la cena, pensé en voz alta en cómo se sentirán los padres, en… 

Y de pronto, dos días después, vino mi hijo cabizbajo a decirme que él también estaba en “lo de los exámenes”.

Horror.

Vale, es ficción, pero totalmente verosímil. Adolescentes que “la lían” y luego nos lo cuentan. Nos avergonzamos. Nos enfadamos. Pero, en el fondo, sabemos que han hecho bien, que han sido valientes. ¿Qué hacer con un adolescente que confiesa? ¿Perdonar? ¿Castigar?

No es sencillo, y no hay una fórmula matemática, pero es posible trazar algunas líneas de reflexión para estos casos.

Hay tres variables que deberíamos considerar: la primera es por qué han venido a contárnoslo, pues ahí está la clave de nuestra actuación posterior. La segunda, claro, la gravedad y los daños que hayan podido derivarse de su actuación. La tercera, que en el fondo se relaciona mucho con la primera, es si se trata, o no, de la primera vez.

Porque, está claro, no es lo mismo copiar en un examen que participar en una pelea o robar en una tienda. Y tampoco es lo mismo hacerlo una vez que varias. Por eso, aunque la idea general será la misma, no es posible dar una respuesta universal.

Cuando mi hijo confesó que se había saltado una norma
Cuando tu hijo hace algo mal y te lo cuenta, independientemente del tipo de falta de que se trate, debes tratar de mantener y fortalecer ese vínculo

¿Por qué algunos adolescentes confiesan cuando han hecho algo mal?

¿Por qué ha confesado, si la situación ya estaba resuelta y no parecía que hubiera ningún riesgo para él? ¿Por solidaridad con sus compañeros? ¿Por qué ha recibido amenazas? ¿Para evitar un castigo mayor, si algún adulto termina enterándose?

Puede ser cualquiera de estas opciones. Pero la mayoría de los adolescentes nos cuentan sus faltas porque se sienten culpables.

Y es que la culpa actúa como un regulador de su comportamiento social: tu adolescente sabe que ha hecho algo que va contra las normas comunitarias, pero se siente lo suficientemente vinculado a la comunidad como para sentirse mal por lo que ha sucedido. Es un tipo de culpa sana; un mecanismo que evita (o trata de evitar) que aquello que sucedió vuelva a ocurrir. 

Tu hijo te cuenta que ha hecho algo mal, además, porque te reconoce como autoridad; sabe que, aunque la responsabilidad es suya (si no se sintiera responsable no sentiría culpa), tú puedes ayudarle a resolver su error.

Y, por otro lado, que te lo cuente significa que se siente lo suficientemente vinculado a ti como para ser muy consciente de que, con toda seguridad, te ha decepcionado, y desear no haberlo hecho.

Por eso, cuando tu hijo hace algo mal y te lo cuenta, independientemente del tipo de falta de que se trate, debes tratar de mantener y fortalecer ese vínculo, pero también ayudarle a elaborar lo sucedido de manera que pueda asumir de forma saludable su parte de culpa (pues, en caso de no ser así, la culpa sana podría llegar a transformarse en culpa no sana, o en irresponsabilidad).

Habla con tu adolescente sobre lo sucedido

Quizá se resista un poco a hablarte (a nadie le gusta profundizar en aquello que no ha hecho bien), pero lo mejor es que recabes toda la información posible.

Para comprender mejor lo sucedido es importante, por ejemplo, saber si la idea fue de tu hijo, si siguió voluntariamente la sugerencia de otras personas o si se vio obligado a actuar por la presión del grupo.

Habla sin acusar, sin juzgar, sin dar nada por sentado, sin sermonear. Interésate por los detalles, por cómo sucedieron las cosas, por cómo se sintió y, sobre todo, por cómo se siente en el momento en que te lo está contando.

Una vez te quede más o menos claro cómo han sido los hechos, trata de averiguar qué es lo que espera que suceda.

Quizá te sorprenda, pero muchos adolescentes se juzgan muy duramente y, cuando confiesan, no lo hacen para “librarse” de la responsabilidad sino para liberarse de la culpa, y para ello a menudo prefieren que se les apliquen las consecuencias previstas para ese caso. 

¿Castigar a un adolescente que confiesa?

Esta es la duda más frecuente entre padres y madres.

¿Le “premio” por confesar o le castigo igual? ¿Si le perdono va a creer que puede saltarse las normas cuando quiera? ¿Va a ser esto la puerta de entrada a un ciclo sin fin de confesión – perdón?

No es sencillo encontrar el equilibrio entre tantas cuestiones. Pero podemos darte algunos elementos de reflexión, para evitar que su sinceridad termine convirtiéndose en un problema:

1. Nunca encubras sus errores

A veces “no ha pasado nada”, pero en ocasiones las acciones de nuestros hijos tienen consecuencias negativas. Si es el caso, y es posible, hay que buscar reparación. Si han lanzado piedras contra un cristal, y el cristal se ha roto, tu adolescente es tan responsable como aquellos a quienes han descubierto y, por tanto, deberá abonar su parte.

Encubrir sus errores le enviaría un mensaje contradictorio: que sus acciones no tienen consecuencias, que tú “te ocupas”, y ese es un gran error educativo. No permitas que te suceda, pues para que tu adolescente sea un adulto responsable y equilibrado debe saber asumir sus errores.

Tampoco es cuestión de dramatizar, ni de añadir gritos ni reproches: acompáñale, apóyale, alaba su valentía y aplaude su decisión de ser consecuente.

2. Ayúdale a prepararse para la próxima vez

Tu adolescente se ha equivocado y quizá ha sido la primera vez, pero es muy probable que vuelva a encontrarse en una situación semejante: la oportunidad de transgredir una norma para obtener un beneficio a corto plazo, la tentación de las conductas de riesgo, la dificultad de resistirse a la presión del grupo…

En ocasiones, el mal comportamiento adolescente se debe a una cuestión de autoestima (porque busca ser “el malo” para destacar, o porque se deja llevar para no ser “el raro”…); si sospechas que es el caso, quizá puedas revisar las dinámicas de casa para ayudarle a sentirse mejor consigo mismo. 

Es una tarea a largo plazo, pero una sana autoestima es siempre un factor de protección frente a los problemas que más nos preocupan en la adolescencia. 

3. Sé indulgente, pero solo una vez

No se trata de permitir que tu adolescente se aproveche de ti. Pero si te ha contado que se fue de bares el día que creías que estaba en casa de tu amigo, y es la primera vez, es preferible que le des más importancia a la confianza que a la consecuencia.

Eso sí, no deberías simplemente “dejarlo correr”. Dile a tu adolescente tu opinión sobre el asunto. Recuérdale el por qué de la norma y cuéntale abiertamente la razón por la que, en esta ocasión, has decidido seguir confiando en él.

Tu adolescente debe saber que valoras su sinceridad por encima de todo, pero que si vuelve a traicionar tu confianza, vas a tener que actuar.

¿Y si la conducta se repite?

Este es el mayor miedo de las familias: que esa conducta negativa se repita por no haber sido firmes y tajantes desde el principio.

Y es que tenemos tan integrado el patrón educativo autoritario que nos resistimos a creer que las malas conductas puedan corregirse sin recurrir a la “mano dura”.

Pero está más que demostrado que un marco educativo democrático, de confianza y autonomía, con expectativas y normas ajustadas y claras, es mucho más efectivo que el autoritarismo.

Por eso nuestro consejo es, en un primer momento, si tu adolescente te ha contado la verdad y si no hay nada que reparar, confiar en que ha sido un error que no se repetirá.

Y, si se repite, entonces sí, actuar de otro modo. 

No con un castigo sino aplicando consecuencias lógicas, es decir, basadas en las tres R: 

  • Relacionadas con la falta cometida: si llega tarde, es lógico cambiar los privilegios de las salidas, pero no confiscar el móvil.
  • Respetuosas: olvídate de aquellas “consecuencias” que buscan humillar; quizá parezca que funcionan, pero solo conseguirás desconexión.
  • Razonables, es decir, adecuadas y proporcionales a la falta. Retirar el móvil un mes por usarlo una vez a la mesa, por ejemplo, sería desproporcionado.
  • Reveladas con antelación, pues esto es lo que diferencia una consecuencia de un castigo. Si tu adolescente ya sabe que si no respeta la hora de salida, la adelantarás, cuando vuelva a casa tarde ya sabrá lo que va a suceder, y probablemente hasta le parezca justo.

Recuerda que, en cualquier caso, lo fundamental es siempre mantener la conexión con tu adolescente y hacerle saber que, independientemente de sus errores, sabes ver su valía como persona y tu amor es incondicional.

Cuéntanos, ¿qué ha sido lo más sorprendente que te ha confesado tu adolescente?

5 comentarios. Dejar nuevo

  • Inteligencia emocional , tan importante
    Gracias por transcribirla

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  • Hola! Estoy ahora mismo metida en un asunto de «confesiones». Ayer, jugando a la Play, mi hijo lanzó el mando contra la tele y la rompió. Es la segunda vez que ocurre, la primera fue hace dos o tres años, con una tablet. Estabámos los dos solos en casa y lo único que oí fueron sus gritos de desesperación al darse cuenta de lo que había hecho… Empezó a contarme excusas absurdas como que le había asustado un ruido de fuera y se le había «caído» el mando contra la tele… Intenté con mano izquierda decirle que no me parecía que las cosas hubieran ocurrido de esa forma porque yo no había oído ningún ruido pero no confesó, solo cuando le pregunté abiertamente si había sido en un arranque de furia con el juego, me dijo que sí.
    Ahora estamos esperando que se lo cuente a su padre, no se atreve, pero quiero que sea él quien se lo diga.
    Hemos pensado que esté un tiempo sin play, un par de meses, y que luego pague él la tele nueva del dinero que tiene ahorrado. Pero hasta que no se sincere con su padre no movemos ficha.
    No sé, es muy buen chico y no lo veo con un mal autocontrol en otras situaciones. Tengo otros dos hijos más mayores que fueron muy conflictivos y el pequeño no tiene nada que ver.
    Creo que el castigo es proporcionado aunque creo que el hecho de pagarla él le va a resbalar bastante porque no da todavía ese valor al dinero, ya que no ha tenido que esforzarse para tenerlo.
    Gracias por leerme!!

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  • Valoro mucho que hablen de los problemas y ver soluciones con ellas. Por ahora en casa no hemos tenido nada grave. Pero nosotros le damos prioridad hablar y darle nuestra opinión.

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  • Tus palabras son como piezas de tetris que encajan perfectamente en mi mente! Gracias por este apoyo! Es invaluable

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  • Mi hija de 14 no cuenta sus cosas ( en este caso, que tenia novio) porque según sus amigas, es bueno guardar secretos!

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