Mi hijo adolescente repite curso

Mi hijo adolescente repite curso, ¿cómo afrontarlo?

Faltan muy pocas semanas, o incluso días para que finalice el curso escolar y muchos jóvenes se enfrentan a los temidos exámenes finales. Como es lógico, los padres esperamos ansiosos las notas finales. Es un momento importante para la familia saber si nuestro hijo adolescente repite curso o si, como esperamos, promociona para el siguiente. Y claro, la tensión se palpa en casa estos días.

Lo cierto es que algunos jóvenes tiran la toalla incluso antes de que lleguen las notas, bien porque no se ven capaces de superar los últimos exámenes, bien porque creen que ya no hay nada que hacer, o puede que han tenido dificultades durante el año escolar y prefieren comenzar de cero el próximo curso.

De lo que no hay duda es de que el final del curso escolar es un período de incertidumbre y estrés, tanto para los estudiantes como para los padres, especialmente cuando se enfrentan a suspensos y a la posibilidad de repetir curso. Esta situación genera, como decimos, una mezcla de emociones difíciles de manejar.

Como profesora a punto de acabar el curso escolar, me gustaría ofrecer algunas orientaciones sobre cómo abordar estos momentos, tanto emocionalmente como en términos de establecer límites y consecuencias constructivas de cara al año que viene.

Mi hijo adolescente repite curso
Es crucial que los padres comprendan que los suspensos no son el fin del mundo

Comprender y aceptar la situación

Compartir tus sentimientos con su hijo de manera abierta y honesta puede ayudar a construir una mejor comprensión mutua. Mi consejo es que evites el tono acusatorio y enfoques la conversación en cómo te sientes. Por ejemplo, en lugar de decir «Me decepcionas cuando no sacas buenas notas», intenta «Me siento preocupado/a cuando veo que tienes dificultades en la escuela porque quiero que tengas un buen futuro».

Gestión de las emociones

Primero de todo, es crucial que los padres comprendan que los suspensos no son el fin del mundo. Son una señal de que algo no ha funcionado correctamente en el proceso de aprendizaje y, aunque es un momento difícil, también es una oportunidad para reflexionar y corregir el rumbo.

Es natural que tanto los padres como los hijos sientan frustración, tristeza o incluso enojo. Validar estas emociones es el primer paso para poder manejarlas de manera constructiva. Toca hablar con los hijos abiertamente sobre cómo se sienten sin juzgar ni culpar.

Me gustaría compartirte la historia de María y su hijo Luis, que vivieron una situación similar hace un par de cursos en mi centro. Luis, un estudiante de secundaria con buenas capacidades, comenzó a tener problemas académicos a mediados del curso. A pesar de sus esfuerzos, sus calificaciones bajaron significativamente, y al final del año escolar, enfrentaba la posibilidad de repetir curso.

María, al recibir las notas de su hijo, sintió una mezcla de decepción y preocupación. Su primera reacción fue recriminar a Luis por no haber estudiado lo suficiente. Sin embargo, tras mantener una tutoría conmigo, decidió tomarse un tiempo para reflexionar antes de hablar con él.

Esa noche, María y Luis se sentaron juntos para hablar sobre lo sucedido. La madre empezó la conversación reconociendo que ambos debían sentirse frustrados y preocupados. Le dijo a Luis: «Entiendo que esto debe ser muy difícil para ti, y también lo es para mí. Pero quiero que sepas que no estamos solos en esto y que vamos a encontrar una solución juntos.»

Evaluación de las causas

En lugar de centrarse en los resultados, María decidió investigar las razones detrás de los suspensos de Luis. Tras hablar con el resto de profesores y con su hijo, descubrió que había varios factores que habían contribuido a las bajas calificaciones de su hijo:

  1. Falta de organización: Luis no había desarrollado buenos hábitos de estudio y tenía problemas para gestionar su tiempo.
  2. Dificultades en matemáticas: Tenía problemas específicos en matemáticas que no había abordado adecuadamente.
  3. Ansiedad: La presión de las expectativas académicas y los exámenes había generado un alto nivel de ansiedad en Luis, afectando su rendimiento.

Así que ambos comenzaron a trabajar juntos para establecer un plan de acción. Crearon un horario de estudio que ayudara a Luis a organizar mejor su tiempo, buscaron la ayuda de un tutor de matemáticas y trabajaron en técnicas para manejar la ansiedad.

Con el apoyo y la comprensión de su madre, Luis no solo mejoró sus calificaciones, sino que también aprendió valiosas lecciones sobre la organización, el manejo del estrés y la perseverancia. Aunque al final del año escolar Luis tuvo que repetir curso, tanto él como María vieron esto como una oportunidad para fortalecer sus habilidades y prepararse mejor para el año siguiente.

Te recuerdo que puedes profundizar sobre cómo dar respuesta a los bajos resultados escolares de tu adolescente en nuestro taller grabado APLICA, con recursos y estrategias de comprensión y respuestas.

Cómo abordar emocionalmente la frustración

Los niños y los jóvenes necesitan sentir que sus padres los apoyan incondicionalmente. Resaltar sus esfuerzos y progresos, por pequeños que sean, puede motivarlos a seguir intentando. Ayuda a tu hijo a ver los suspensos como un desafío, no como un fracaso definitivo.

Parte de nuestro acompañamiento es centrarse en enseñar a los hijos a superar las dificultades es una habilidad vital. Explicarles que todos enfrentamos obstáculos y que lo importante es cómo respondemos a ellos. El desarrollo de la resiliencia les ayudará a superar futuros desafíos con mayor confianza.

Pero claro, ¿cómo vamos a hacerlo si nosotros no somos capaces de gestionar nuestra propia frustración al ver que los hijos no cumplen con nuestras expectativas?

Aquí toca reflexionar sobre dichas expectativas a nivel académico. ¿Son realistas y alcanzables? ¿Están basadas en nuestras propias experiencias o en lo que consideramos que es lo mejor para un hijo? A veces, esas expectativas pueden no alinearse con las capacidades, intereses o circunstancias actuales de nuestros hijos.

¡Ojo! Esto no significa conformarse con menos, sino ser flexible y considerar sus intereses y habilidades.

Mi hijo adolescente repite curso, ¿cómo afrontarlo?

Como ya sabes, en Adolescencia positiva abogamos por buscar soluciones respetuosas pero firmes antes que recurrir al castigo. Aquí van algunas ideas que quizá puedan ayudarte de cara al curso que viene:

Rutinas y hábitos de estudio

Crear un ambiente propicio para el estudio en casa es fundamental. Estableced un horario fijo para el estudio y aseguraros de que el lugar de estudio esté libre de distracciones. Puedes ayudar a organizar y supervisar este tiempo, pero es importante que los hijos desarrollen su autonomía.

Consecuencias constructivas

En lugar de castigos punitivos, considera consecuencias que fomenten la responsabilidad y el aprendizaje. Por ejemplo, si tu adolescente no estudia lo suficiente para sus exámenes, una consecuencia podría ser dedicar tiempo adicional a esa materia con la ayuda de un tutor.

Limitar actividades

Si las actividades extracurriculares o el tiempo en dispositivos electrónicos han interferido con el estudio, establecer límites claros puede ser necesario. Eso sí, asegúrate de que estos límites sean razonables y que tu hijo comprende la razón detrás de ellos. No es una cuestión de fuerza ni amenaza, sino de sentido común y acompañamiento.

Consultar con profesionales

Si hay problemas persistentes de aprendizaje o emocionales, no dudes en buscar ayuda profesional. Existen psicólogos educativos, pedagogos y tutores especializados que pueden ofrecer estrategias y apoyo adicionales.

Colaboración con la escuela

Mantener una comunicación abierta y regular con los profesores y el personal de la escuela puede proporcionar información valiosa sobre el progreso y las necesidades del adolescente. Mi recomendación es visitar a su tutor al menos una vez cada trimestre. Trabajar juntos como un equipo aumentará las posibilidades de éxito.

Afrontar los suspensos y la posibilidad de que un hijo repita curso es un desafío, pero también es una oportunidad para crecer y aprender juntos. Con comprensión, apoyo emocional, límites claros y consecuencias constructivas, los padres pueden ayudar a sus hijos a superar estos obstáculos y prepararse para un futuro exitoso.

Recuerda que el proceso educativo es una maratón, no una carrera de velocidad, y cada paso, incluso los más difíciles, contribuyen al crecimiento y desarrollo integral de los adolescentes.

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