Mi hijo adolescente no me quiere

Mi hijo adolescente no me quiere. ¿Qué puedo hacer?

Hay personas que se llevan fenomenal con sus padres. Mujeres adultas (u hombres) que están deseando tener a sus madres en casa porque les echan una mano con los niños o porque les encanta hacer planes juntas. 

Pero la mayoría de las veces no es así. Las relaciones padres-hijos suelen ser complicadas, llenas de rencor o culpa, ambivalencia, sentimientos de obligación o de malestar… Y es que el amor entre hijos y padres, que se solía dar por descontado, es cada vez más puesto en duda. Por eso no es tan raro que tu hijo adolescente te diga que no te quiere.

Hay en el amor padres-hijos un aspecto natural, el apego, que se da en la primera infancia en toda circunstancia, incluso ante padres maltratadores y negligentes. Pero más allá de esta primera etapa, los afectos, tanto los familiares como los de amistad, se van constituyendo por intereses comunes, por identidades… 

Y la realidad es que la relación entre padres e hijos adultos está basada casi exclusivamente en el deseo de compartir tiempo juntos. No querer a los padres no es, ni mucho menos, algo contra-natura.

En la adolescencia esto es algo diferente, pues en este momento no siempre nos encontramos con un verdadero desamor, sino más bien con un desencuentro. 

Y es que muchas veces, en ese “no te quiero” adolescente (e incluso en el adulto), lo que hay es un deseo de que la relación cambie, y no un verdadero deseo de romperla. 

Mi hijo adolescente no me quiere
Uno de los hitos que marcan el final de la infancia es la conciencia de que los padres no son perfectos

Cuando tu adolescente dice que no te quiere… ¿De verdad no te quiere?

Los seres humanos estamos “programados” por nuestra genética para vincularnos afectivamente a nuestros cuidadores principales; es lo que se conoce como apego

El apego existe siempre, incluso en casos de negligencia extrema. Pero no siempre es saludable, es decir, no siempre se consigue de la manera más positiva para el crecimiento y la madurez del niño o niña. 

Cuando llega la adolescencia, el apego comienza a transformarse, acompañando a los cambios típicos de la edad (físicos, cerebrales, sociales…). El adolescente se abre al mundo, comienza a interesarse por otras personas, conoce otros estilos de vida y a veces llega a dudar del amor que siente por sus padres, incluso les dice que les odia.

La mayoría de las veces las dudas adolescentes sobre el amor de los padres están ligadas al fin de la etapa de enamoramiento.

Uno de los hitos que marcan el final de la infancia es la conciencia de que los padres no son perfectos, de que se pueden equivocar. Este hito es necesario para que el adolescente crezca por sí mismo, desarrolle su propia personalidad, pero a veces es sentido como una falta de amor. 

Otras veces, especialmente cuando el apego se ha construido de forma no segura, lo que sucede es que un cerebro más maduro permite analizar las propias vivencias con un poco más de objetividad, en el afecto mostrado hacia el padre o madre hay también sentimientos “negativos”: resentimiento, odio, indiferencia… O, sencillamente, el afecto está inhibido. 

En esos casos no siempre es sencillo encontrar el camino de vuelta, pues debe haber un cambio importantísimo en la manera en que el padre o madre muestra su afecto, también.

Por último, en una sociedad cada vez más individualista se van documentando cada vez más casos de personas (generalmente adultas) que sí rompen definitivamente con sus familias. Pero en estos casos no suele subyacer tanto una falta de amor (que también) como la necesidad de cambiar la dinámica de la relación. 

Razones del desamor entre hijos adolescentes y padres

El hecho de que un hijo no quiera (o crea que no quiere) a sus padres está ligado a la relación que hemos construido con ellos, y muy concretamente a algunos factores:

La atención que han recibido por nuestra parte

En la infancia está muy claro: los niños reclaman atención casi continuamente. En la adolescencia, es un poco más complejo: parece que la rechazan, pero en realidad la necesitan. Hay que tener cuidado para combinar la atención con el respeto a sus silencios: preguntar sin insistir, estar disponibles… 

Este y otros temas los tratamos con mayor profundidad en el taller FAMILIDER, donde te enseño a liderar tu familia con equilibrio entre la disciplina y el amor, a través de la comunicación, los límites y la afectividad.

El trato recibidoMi hijo adolescente

En los casos de abuso, negligencia, etc., es bastante común que los hijos, llegada la adolescencia, sientan que no quieren a los padres e, incluso, corten relación con ellos. 

Terceras personas

Es menos común, pero cuando las amistades adolescentes son negativas, puede suceder que los adolescentes decidan que odian a sus padres. Por eso es tan importante tener abiertos los canales de comunicación, conocer a sus amistades y tratar siempre de conservar el vínculo aunque los amigos no nos gusten. 

Cambios problemáticos en las circunstancias familiares

El divorcio, y la presencia de nuevos miembros en una familia es, a veces, un factor de conflicto que en ocasiones provoca rupturas entre padres e hijos: si los adolescentes sienten que la atención o el amor están divididos, que las nuevas personas no les respetan, que no se vela por sus necesidades económicas… Pueden llegar a albergar sentimientos de desamor. 

Diferencias irreconciliables

Cuando llega la adolescencia, los valores de los hijos tienden a ser diferentes a los de los padres. A veces, contrarios. Si los padres no son capaces de escuchar sin juzgar, de ser comprensivos hacia las ideas de los hijos… Muchas veces se llega a situaciones muy incómodas, en las que estos, al no sentirse escuchados, no se sienten amados. 

¿Puedo conseguir que mi adolescente vuelva a quererme?

Como decíamos, es probable que el desamor sea solamente un desenamoramiento, y entonces solamente va a quedar aceptar que la relación con tu hijo ha cambiado. Lo bueno es que cambiará varias veces más, cuando quien hoy es adolescente se independice, cuando tenga hijos… 

Lo importante es, pues, ser paciente y mantener siempre la convicción de que el amor está ahí.

Aunque hay algunas cosas que puedes ir haciendo:

Dile que le quieres y que siempre le querrás. 

Quizá su comportamiento te está hiriendo, pero al fin y al cabo es tu hijo y tu amor no va a cambiar, así que díselo tan a menudo como te lo permita. La adolescencia es una etapa difícil: no des por sentado que sabe que le quieres.

Pregúntale qué necesita

Es importante saber, si la situación se ha enquistado, qué es lo que te reprocha. Quizá sean cosas que no le vas a dar (objetos que quiere que le compres, por ejemplo) pero quizá su desamor esté provocado por algo en tu manera de relacionarte con él que sí puedes cambiar (como si siente que no respetas sus decisiones). Si consigues tener una conversación abierta con tu adolescente, quizá podáis llegar a compromisos bilaterales que faciliten una mejora en la relación

Déjale claros los límites

Puede que tu adolescente y tú no os llevéis tan bien como hace unos años, incluso como hace unos meses, pero eso no significa que debas consentirle algunos comportamientos. Si te dice a menudo que no te quiere y te molesta, o si te lo dice de forma agresiva, dile de forma serena pero firme que no te debe tratar así y márchate de la habitación para terminar la conversación en ese mismo momento. 

Proponle ir a terapia familiar

A veces la mejor manera de desenquistar la relación con un adolescente es tener ayuda de un profesional. Como decíamos, es muy difícil, si no ha habido abuso o negligencia, que un hijo adolescente deje de querer a sus padres, y muchas veces se debe a un malestar que puede ser tratado. Trabajarlo así, en terapia, no garantiza el éxito, pero sí que habrá muchas menos discusiones. 

¿Y si nada funciona?

Como decíamos antes, la mayor parte de las veces se sale del desamor propio de la etapa adolescente con un amor que es el mismo pero es otro: el que se da hacia los hijos adultos. 

Pero en otras ocasiones, también hay que decirlo, la situación puede llegar a un punto de no retorno. En ese caso, creemos importante recalcar que no hay que buscar culpables, aunque tampoco dar la relación por perdida. 

Sigue intentado conectar con tu adolescente, haciéndole saber que estás disponible, recordándole que le quieres… Y, mientras tanto, tratando de no sentirte culpable, quédate con los recuerdos de aquellos días en los que la relación era de otra manera, pues el saber que una vez fue de otra forma te ayudará, seguramente, a no dejar de insistir.

Cuéntanos, ¿el amor entre tu adolescente y tú sigue igual o se ha ido enfriando?

AdolescenteZ de la A a la Z

2 comentarios. Dejar nuevo

  • Yo estoy viviendo un duelo ….mi hijo de ser super cariñoso a decir me que no me quiere ..es muy duro

    Responder
  • Con mi marido hacemos todo por nuestras hijas, una es super agradecida y la otra nos dice que se quiere ir de casa. Es muy doloroso.

    Responder

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