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Adolescentes, Educación

¿Cómo entender a un adolescente?

A pesar de que comunicarse con un adolescente sea una tarea compleja, seguramente de las más complicadas a las que los padres deben enfrentarse, no es del todo imposible. Lo primero que te recomendaría es que echaras la mirada atrás y recordaras lo que fue ser un adolescente para ti. Las discusiones con tus padres, la sensación de no sentirte comprendido, la lucha interna por entender la vida, la decepción por ese amigo que menospreciaba tu amistad, las exigencias del profesor cada día... 

Bien, pues multiplica esas sensaciones por tres. La experiencia que tú viviste hace años dista, y mucho, de la experiencia que tu hijo adolescente vive ahora. El motivo no es otro que la apresurada evolución que vivimos en los últimos años. Las nuevas tecnologías, las relaciones sociales, el entorno y las motivaciones han cambiado de manera considerable, y esta transformación hace que las nuevas generaciones de adolescentes se sienten perdidos ante lo que se les viene encima.  

Todos recordamos a nuestros mayores hacerse respetar. La severidad y la imposición formaba parte de los métodos pedagógicos que nuestros padres aplicaban en la educación de sus hijos. No vamos a entrar a valorar en si ese sistema era el idóneo o no. Pero estoy segura de que aún recuerdas esa mentira que tuviste que idear para evitar una reacción desmesurada de tus padres.  

¿Acaso es eso lo que quieres? ¿Estás dispuesto a que tus hijos te mientan con tal de no escuchar tus reprimendas? ¿O crees que hay un modo más efectivo para que ellos confíen en ti y expresen sus sentimientos? 

Piensa por un momento en ese amigo o amiga que acude a ti para contarte sus problemas. Necesita desahogarse y nadie mejor que tú, su leal compañero, para relatar sus preocupaciones. Como buen camarada que eres lo escuchas, le aconsejas, le ayudas a tomar decisiones, lo consuelas, pero nunca lo juzgas.  

Imagina a ese compañero de trabajo que viene cabizbajo a confesarte que tiene problemas con su mujer. ¿Le dirías entre voces que es un inútil, que no sabe hacer bien las cosas y que si no cambia su actitud será un desgraciado toda su vida? ¿O más bien tratarías de atenuar su problema, darle ánimos, aconsejarle y hacerle ver que estás ahí para lo que necesite?  

Exactamente lo mismo sucede con tu hijo. ¿Por qué lo tratas de una manera más inflexible que a tus amigos? ¿Por qué crees que sus problemas no son lo suficientemente importantes? ¿Por qué respondes a sus preocupaciones en un tono elevado? Debemos tener cuidado de no confundir la autoridad con la responsabilidad o, de lo contrario, serán sus propios amigos adolescentes, esos que hoy te adoran pero mañana te aborrecen, los que se ocuparán de “resolver” los problemas de tu hijo.  

Empatizar con un hijo adolescente requiere todo un ejercicio de autocontrol. Deseamos lo mejor para ellos y por eso, a veces, actuamos de la forma que lo hacemos, impulsivamente. 

adolescente comunicacion

Si pretendes que tu hijo sea franco contigo y tenga la suficiente confianza para contarte sus inquietudes, domina tus respuestas. En ocasiones, cuando debas discutir una cuestión que consideres primordial sobre la vida de tu hijo, puedes darte tiempo para meditar la solución. Basta con decirle que considerarás lo que te ha propuesto y que pronto obtendrá una respuesta por tu parte.  

Por ejemplo, imagina que tu hijo de catorce años llega a casa diciendo que quiere ponerse un piercing en la nariz, y tú estás totalmente en contra de que lo haga. En lugar de recriminarle que eso es una tontería, que ni de broma se va a hacer un piercing, que en la familia nadie los lleva o que deje de comportarse como los borregos de sus amigos, respóndele que lo vas a pensar unos días antes de tomar una decisión.  

En estos casos pueden suceder dos cosas. Una, que pasados esos días tu hijo haya cambiado de opinión y que ya no quiere hacerse el piercing. Dos, que siga empeñado en hacérselo.  

Lo más prudencial es darle otras opciones. Por ejemplo, puedes proponerle que se lo haga en la oreja en lugar de la nariz, o que sea algo muy discreto que no llame mucho la atención, o que si lo que desea es ir a la moda, puede cortarse el pelo con un estilo más actual... 

Los adolescentes necesitan tener una identidad. Algo que conecte con el pasado, le dé sentido al presente y le guíe hacia un futuro. 

Es posible que creas que tu hijo es el mismo de siempre. Crees conocer su personalidad desde que era un niño. Sin embargo, él/ella siente que debe construir su nuevo “yo”. En otras palabras, al igual que el cuerpo y la mente crecen, su identidad también debe madurar. 

 

Es vital que apoyes sus experimentos en esta etapa siempre y cuando no suponga un peligro para él/ella. Si eres demasiado controlador o crítico, reforzarás sus ganas de hacer lo que desea. 

 

Ser un modelo para él/ella es lo más efectivo. A estas edades te observará más que cuando era niño. En unos años tendrá más seguridad en sí mismo y entonces incorporará a su identidad esos valores que le enseñaste adaptándolos a su propio “yo”.  

 

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