decálogo para acompañar las emociones de tu adolescente (y no morir en el intento)

DECÁLOGO PARA ACOMPAÑAR LAS EMOCIONES DE TU ADOLESCENTE (Y NO MORIR EN EL INTENTO)

Quien dijo que los bebés no nacían con un manual bajo el brazo, aún no tenía adolescentes en casa. Porque casi todos los problemas de los primeros años de vida se solucionan con contacto, pero, ay, cuando llega la adolescencia… Del contacto no quieren ni oír hablar, y además pasan el día en una montaña rusa emocional que nos agota, nos estresa y nos hace enfadar. Así que hoy, pensando en ti y pensando en el inicio de curso que ya tenemos encima, te traigo mi decálogo para acompañar las emociones de tu adolescente (y no morir en el intento)

Para que puedas prevenir las explosiones y, cuando se den, vivirlas de la forma más serena posible.

1. Verás a tu adolescente tal y como es 

Tu adolescente no es sus limitaciones, ni sus explosiones de ira o tristeza, ni sus éxitos.

Tampoco ha venido al mundo para cumplir los sueños que tú no pudiste realizar, no.

Tu adolescente es una persona perfecta tal y como es, que acierta y se equivoca igual que tú, y que aprende continuamente.

Eso es lo que debes ver cuando le mires. Dejando de lado tus prejuicios, tu opinión sobre sus elecciones, tus expectativas sobre su futuro: mira a tu adolescente por quien es ahora.

2. Cuidarás siempre su autoestima

Madre e hija

Una sana autoestima es el mejor regalo que puedes darle a tu adolescente, pues le ayudará a ser una persona segura de sí misma y asertiva, además de que le protegerá contra algunas enfermedades mentales.

¿Cómo se construye una sana autoestima? Si tuviera que responder con una sola frase, esta sería: demostrándole a cada paso tu amor incondicional.

Porque la manera en que tú le hablas y le quieres determina la manera en que tu adolescente se habla y se quiere.

El amor incondicional se demuestra validando sus emociones, apoyando sus decisiones, valorando sus logros y haciéndole ver sus cualidades.

(Ya nos referimos a cómo fomentar la autoestima en este artículo del blog y en este vídeo de Youtube, en directo con Sonia Cervantes).

3. Anticiparás los cambios y compromisos.

Anticipación rima con educación, y a mí me gusta ver en esto una enseñanza.

Por supuesto, a veces hay que improvisar y cambiar planes sin tiempo, pero, como norma general, debes avisar siempre a tu adolescente de los planes; especialmente si se trata de compromisos ineludibles que no le apetezcan (comer en casa de familiares o amigos, viajes, etc.), y también de los cambios que pueda haber.

Si haces esto, evitarás que tu adolescente haga sus propios planes (y que, por tanto, se enfade porque los tenga que cancelar); también, le facilitarás el que se vaya haciendo a la idea de cómo va a ser la organización familiar, y que en su planificación mental ya cuente con ese contratiempo.

A lo mejor cuando llega la hora de prepararse para salir no está de muy buen humor, pero si sigues este principio es probable que evites una explosión.

4. Enseñarás a tu adolescente a pararse antes de reaccionar 

Mientras el neocórtex de tu adolescente siga su curso de desarrollo, puede ser interesante enseñarle estrategias para evitar reaccionar desmedidamente ante situaciones inesperadas.

Una de ellas es hacer un conteo (hasta tres, hasta cinco) antes de reaccionar. Es un tiempo corto, pero suele ser suficiente para tomar conciencia de las propias emociones y de cómo se pueden expresar sin herir a nadie.

Me gusta llamar a esta y otras estrategias “neocórtex artificial”: el cerebro de tu adolescente va a ir adquiriendo la capacidad de reflexionar antes de actuar, pero si lo entrenamos en ser capaz de esperar, podrá actuar de forma mucho más ajustada incluso antes de llegar a la madurez. 

El dominio de estas estrategias, además, fortalece la autoestima, pues a nadie le gusta perder los papeles.

5. No te lo tomarás como algo personal

La adolescencia es un proceso de cambio profundo, en todos los niveles: físico, personal, emocional, social. El sistema límbico de tu adolescente, el que alberga la reacción emocional, está hiperexcitado, mientras que el neocórtex, donde reside la capacidad para sopesar las propias reacciones, está aún inmaduro, de manera que tu adolescente no es capaz de regular sus propias reacciones.

Ya hablamos en este blog (puedes leerlo aquí) de cómo el cerebro adolescente se remodela.

Así que debes pensar que las malas caras, los gritos, los portazos… No son un ataque personal contra ti, sino una cuestión de inmadurez cerebral.

6. Respetarás sus emociones, sin minimizarlas ni esconderlas ni tratar de repararlas

Las emociones son las que son, y no son malas ni buenas: son una respuesta de nuestro organismo ante algo que existe, o que creemos que existe.

Es cierto que a veces, en la adolescencia, la reacción parece desmesurada para lo que la causa. Pero es que la emoción está también ligada a los pensamientos, a nuestra interpretación de la realidad; en cualquier caso, la emoción es la que es, y por eso decirle a alguien “ya se te pasará” o “no estés triste” no le va a ayudar, sino todo lo contrario: sentirá que le rechazamos.

Aceptar las emociones es también educar en la igualdad: es permitir a tu hijo emociones femeninas, como la tristeza, y a tu hija emociones masculinas, como la ira. Porque, aunque nos hayan hecho creer lo contrario, las emociones no tienen género.

Sí que podemos ayudar a cambiar los pensamientos, la interpretación de la realidad, para elegir las emociones, pero no en un momento de desborde.

(Puedes leer sobre cómo elegir nuestras emociones en este artículo de Patricia Ramírez Loeffler)

7. Respetarás tus propias emociones, las nombrarás y te darás espacio para vivirlas sin ofender a otras personas

O, lo que es lo mismo: predicarás con el ejemplo

Eso significa que, si en un momento dado te enfadas, deberías ser capaz de reconocer este enfado y hacer algo que te ayude (marcharte si puedes, cambiar de actividad), mejor que, por ejemplo, gritar a tu adolescente.

No es fácil, y a veces es necesaria ayuda profesional, pero merece la pena. 

Desbordarse emocionalmente no educa a nadie, y saber controlar las propias reacciones aporta una mayor felicidad.

8. Te mantendrás firme pero serena en tus normas y límites. Madre habla con adolescente

Un enfado o un momento de descontrol no es, nunca, el momento ideal para renegociar una norma o límite.

Tú sabes por qué las has puesto, y no deberías cambiarlos solo porque tu adolescente esté fuera de sí.

Si tu adolescente se desborda, recuérdale serenamente que el límite está ahí, y la razón por la que se ha puesto, y acompaña su enfado de la manera que puedas; normalmente será no interviniendo hasta que se calme.

Esto no significa que no debas nunca renegociar los límites, por supuesto que sí, solo que deberías hacerlo en momentos de serenidad. 

9. Postergarás los comentarios sobre su reacción

Esto debes tenerlo en cuenta, sobre todo, cuando haya una reacción negativa.

Si tu adolescente se deja desbordar por la emoción, y siempre que no haya peligro para nadie, te ahorrarás los comentarios y los reservarás para otro momento.

Es más, te aconsejo que, si es posible, le digas tranquilamente que salga de la habitación (también puedes salir tú) y que, cuando se sienta mejor, podréis volver a veros.

Esto no significa que le dejes hacer, sin más. Al rato, cuando vuelva la calma, podéis hablar tranquilamente de lo que ha sucedido, de por qué, de cómo os habéis sentido y de qué reacción sería mejor para mantener la paz familiar.

10. Reconocerás su esfuerzo de autocontrol

A veces, damos por sentadas actitudes que esperamos en nuestros adolescentes, sin reconocerles el esfuerzo que han realizado.

Pero no debería ser así: tu adolescente necesita que te enfoques en lo que sí hace bien, mucho más que en sus equivocaciones. ¿Cómo va a saber que ves sus progresos, si no se lo dices? ¿Cómo va a ser consciente de que te sientes orgullosa de su evolución, si te lo callas?

Así que, cuando veas que tu adolescente no ha sobrerreaccionado a una emoción, debes decírselo. Quizá no en el mismo momento, pero sí un rato después: “gracias porque he visto que te has enfadado un montón con tu hermano pero te has ido a tu cuarto sin gritarle”.

Ese tipo de reconocimiento reforzará vuestra conexión y le animará a seguir en el mismo camino.

 

Y recuerda siempre que: Estos diez mandamientos se resumen en dos: conectarás con tu adolescente ante todas las cosas y predicarás siempre con el ejemplo.

 

De todo esto y mucho más aprendemos en el programa del “Círculo de la armonía materna”. Comenzamos una nueva edición este mismo viernes 17 de septiembre, así que aún estás a tiempo de apuntarte si deseas cambiar la relación con tu adolescente.

 

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