Cuatro cosas qeu odias de tu adolescente y por qué son normales

Cuatro cosas que odias de tu adolescente y por qué son normales

Hace unos años, mi primo publicó en Facebook una foto con su hijo, el día de su 13er cumpleaños. El pie de foto decía: “Preadolescente total. Los años más divertidos están a la vuelta de la esquina”. Le llovieron los comentarios irónicos, que si no sabía lo que era la adolescencia, que si eso dices ahora pero ya verás… Él dio una respuesta general y cerró los comentarios. Su respuesta decía “sé lo que es un adolescente. Yo fui uno, y no de los más fáciles. Mi hijo va a cambiar y probablemente habrá cosas que no me gusten de esos cambios. Pero también sé que está construyendo su personalidad y me parece maravilloso. Lo otro, intentaré tomármelo con humor porque lo que no va a cambiar es mi amor por él”. 

Adolescente enfadada

La verdad, me emocionó su respuesta. Y es que no le faltaba razón: si algo no hay que perder nunca de vista en la adolescencia es que a tu hijo lo quieres por encima de todo. Y es que seguro que habrá cosas en él que odies y que no podrás cambiar, porque son normales.

Pero no, la culpa no es de las hormonas, es de su cerebro. Los cambios cerebrales le están empujando a reivindicarse como persona autónoma y diferente de ti. Se llama “proceso de individuación”, y dura toda la adolescencia, desde aproximadamente los 13 años hasta pasados los 20. Básicamente, su cerebro le está diciendo que es hora de “volar del nido”, tanto en lo personal como en lo social. Tu adolescente se está convirtiendo en una persona adulta.

El proceso no es cómodo. Y es que, seamos sinceras, algunas actitudes adolescentes son realmente difíciles de sobrellevar, incluso aunque tengamos en cuenta que son normales, que no van contra nosotras, y que no van a durar eternamente.

Las cuatro actitudes de tu adolescente que no soportas pero son normales

  • Va a su rollo

Hasta la niña más expansiva y sociable parece mutar cuando llega la adolescencia: o está fuera o se queda encerrada en su cuarto y solo parece preocuparse de sus asuntos y de sus amistades.

Y es difícil saber lo que hace con esas amistades. Es más, a veces llegamos a enterarnos de que lo que tienen comportamientos que no aprobamos, o incluso que son peligrosos.

Hay un duelo que todo padre o madre deber realizar con la llegada de la adolescencia, y es la renuncia a tener continuamente toda la información. Debes aceptar que tu adolescente se está convirtiendo en una persona adulta y que, como ya te sucede con otras personas, habrá cosas de su vida que no conozcas.

Porque en este momento de su vida necesita separarse de ti y construir su propia individualidad, tomar sus propias decisiones.

Y ten por seguro que muchas veces preferirá equivocarse sola que acertar contigo.

Así que ha llegado el momento de soltar.

Tu adolescente debe sentir tu apoyo en sus primeras experiencias independientes. Debe saber que estás ahí, que confías en sus decisiones y que no juzgas sus errores cuando los comete, sino que le ayudas a transitar las consecuencias de esas equivocaciones, y a corregir su conducta si es necesario.

Y, por supuesto, debes seguir ahí para cuando se equivoque (que lo hará) y te necesite.

Si quieres saber más sobre cómo estar presente para que tu adolescente te hable, puedes consultar este post del blog.

  • Rechaza las normas

Con la adolescencia, en el tema de las normas, no suele quedar títere con cabeza.

Cuestionan hasta las más básicas, las que llevaban cumpliendo desde la infancia y parecía que nunca habían supuesto un problema. Necesitan negociar todas y cada una de ellas. Es agotador. 

Las razones adolescentes para no seguir las normas son incontables; desde el hecho de que prefieren la opinión de sus pares, pasando por el desajuste entre las normas y su nivel de desarrollo o su necesidad de asegurarse de que nuestro amor es incondicional (algo similar a lo que les sucedía cuando tenían dos o tres años y “probaban” las normas para ver si eran consistentes). 

Madre habla con hija

Ahora, más que nunca, funciona la regla general para normas y límites: poner los mínimos, ser consistentes y tener tacto.

¿Qué significa exactamente esto? Significa: 

  • Comunicar normas y límites de forma clara y sencilla (a veces los adolescentes no tienen claro lo que se espera de su comportamiento).
  • No pasarlos nunca por alto (es decir, no hacer la vista gorda cuando se los salten; tampoco hace falta enfadarse pero, si la hora de llegada son las once y llega a las once y cuarto, podemos decirle “veo que has llegado un poco tarde, ¿ha pasado algo?”. A veces necesitan, simplemente, sentir que les estamos viendo).
  • Corregir siempre en privado (a nadie le gusta que le ridiculicen delante de otra gente, y en la adolescencia, aún menos).

 

  • Se deja llevar por sus impulsos

A lo mejor tu hijo, que era un niño super cuidadoso que medía siempre lo que iba a hacer y nunca daba un paso en falso, se ha enfadado en clase por un comentario de su profesor (que ni siquiera te parece tan grave) y le ha gritado o faltado al respeto. Se ha dejado llevar por su emoción.

Algo que nunca había sucedido antes.

Y de hecho, en frío, ni siquiera él entiende por qué ha reaccionado así.

Puede ser desesperante, pero es normal, porque el cerebro adolescente no es capaz de autocontrol.

En la adolescencia, el cerebro llega a su última etapa de crecimiento, aquella en la que se desarrolla la corteza frontal. Esta parte del cerebro es la encargada, precisamente, del control de los impulsos, de manera que podemos decir que, cerebralmente hablando, los adolescentes son incapaces de no ser impulsivos.

No trates de reprimirlo: si la reacción ha resultado en algo negativo, simplemente ayúdale a entenderlo y también a reparar su error, en la medida de lo posible (en este caso, podría pedir disculpas). 

Esta impulsividad irá cediendo paso al autocontrol, y el proceso será menos duro si tú lo acompañas sin juzgarlo.

  • Te cuestiona continuamente

Escuchaba el otro día en el podcast de la psicóloga Lisa Damour, especialista en adolescencia, que lo esperable a los 13 años es que a tu adolescente no le guste ni la forma en que respiras.

Es una exageración, claro (aunque bastante realista), pero resume muy bien el proceso de individuación del que hablábamos antes.Madre habla con adolescente

En la infancia, las figuras de apego son percibidas como héroes. Tu hijo quería ser como tú, vestir como tú, hacer el mismo trabajo que tú, ser la misma persona que tú.

Pero al final de la infancia, la necesidad de ser una persona independiente se manifiesta, en un primer momento, como una oposición muy fuerte a las figuras que antes se admiraban. Criticará cómo hablas, cómo te vistes, cómo te bebes el café.

Además, en la adolescencia se desarrolla un sentido ético muy profundo, de manera que, si tu adolescente está percibiendo en tu conducta lo que puede parecer un fallo o una incoherencia, con toda probabilidad te juzgará de forma muy dura.

Y sí, es doloroso. Por supuesto que lo es.

Te ayudará saber que no es personal, aunque lo parezca, sino que está relacionado con su proceso de individuación. Y lo mejor que puedes hacer es no dejarte llevar por las emociones que te provocan sus comentarios, sino responder (si hace falta una respuesta) desde la serenidad y desde el autocontrol. 

Recuerda que la persona adulta aquí eres tú. Y que con tu conducta, modelas la suya. No es instantáneo, pero merece la pena perseverar.

¿Entonces, tengo que aceptar que no aguanto a mi adolescente y no hacer nada?

No. Rotundamente no.

En primer lugar, debes vigilar siempre y asegurarte de que ninguna actitud termina siendo preocupante. Preocúpate si observas, en algún momento, que su desarrollo parece estancado (en lo físico, en lo social, en los estudios…) o si alguna otra persona adulta que acompañe a tu adolescente (en clase, en su club deportivo…) te manifiesta algo inquietante. De no ser así, puedes confiar en que su actitud, por irritante que sea, forma parte de su desarrollo.

Pero, además, debes ser muy consciente de que el desarrollo de tu adolescente no tiene por qué interferir de forma grave en la vida familiar.

Y para ello, lo mejor es que comprendas por qué no soportas esos comportamientos de tu adolescente y cómo podéis reconectar para buscar una solución que sea satisfactoria para todo el mundo.

Este camino no es fácil, lo sé. Y se recorre mejor acompañada.

Por eso quiero que sepas que desde hoy mismo están abiertas las inscripciones para la 8ª edición del Círculo de la armonía materna, mi programa estrella de acompañamiento a familias de adolescentes.

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