¿Cómo gestionar a mi adolescente mayor de edad?

La mayoría de edad es un hito que se espera con emoción. Conducir, beber, fumar, votar: muchos son los verbos que pueden empezar a conjugarse como por arte de magia al llegar a los 18 años. Pero la realidad es que, en España, la independencia real no llega sino mucho más tarde (el 55% de jóvenes de 25 a 29 años vive en la casa familiar, según la última Encuesta hogares del INE). A pesar de ello, un cierto número de adolescentes se cree con derecho de hacer su vida libremente, aunque vivan en la casa familiar, sin consultar a nadie ni pensar en las consecuencias a largo plazo. Poner límites en la infancia y en la primera adolescencia, cuando sabemos que es nuestra obligación y estamos en nuestro derecho, no es fácil, pero ¿cómo gestionar a un adolescente mayor de edad?

La mayoría de edad es un espejismo

Muchas veces, en nuestra vida de madres y padres, tendemos a pensar en la mayoría de edad como una meta; como si, de alguna manera, nuestro trabajo se acabara en ese momento

Pero esto está muy lejos de ser así.

En primer lugar, la adolescencia no se termina con la mayoría de edad legal. Como ya te he dicho en alguna ocasión (puedes consultar este post), el cerebro se sigue desarrollando hasta aproximadamente los 25 años, así que a los 18 el córtex prefrontal aún no está del todo maduro, y el control de las funciones ejecutivas y los impulsos sigue sin ser el de una persona, digamos, cerebralmente adulta.

18

No te asustes: con esta edad lo más probable es que tu adolescente haya entrado, o esté a punto de hacerlo, en la llamada “adolescencia tardía”, que es un momento de mucha menos impulsividad y conflictividad.

Por otro lado, la idea de que nuestras funciones como padres acaban a los 18 no está del todo ajustada desde el punto de vista legal. Sí es cierto que la patria potestad, el conjunto de derechos y obligaciones de los padres en relación con la integridad física y psicológica de los hijos y con sus bienes, termina con la mayoría de edad. Pero no lo hace la obligación de los padres de proveer para los hijos si estos no tienen independencia económica, lo que viene a decir que, en principio, en España no podemos poner en la calle a un hijo o hija que no es independiente, aunque sea mayor de edad (aquí te dejo un artículo al respecto por si te interesa).

Así las cosas, la mayoría de edad es un hito (uno más) en las relaciones familiares, que necesitarán un reajuste: un paso atrás por nuestra parte, que en muchas ocasiones entraña un duelo por una etapa familiar que se cierra, y una mayor consciencia por parte de nuestros hijos e hijas de que la vida en comunidad requiere una serie de esfuerzos.

Reajustando la familia con la mayoría de edad de los hijos

La mayoría de edad suele dar inicio a una etapa en la que los hijos e hijas tienen más libertad. En muchas ocasiones han cerrado un ciclo de estudios (Bachillerato o Ciclos de grado medio) y, ya sea que busquen trabajo o que sigan estudiando, nuestra presencia a su lado deberá ser cada vez menor.

Se trata de ir soltándoles la mano, dándoles responsabilidades dentro y fuera del hogar para que la transición hacia el mundo adulto sea lo más real posible.

Y no es fácil, porque si se equivocan ahora, las consecuencias serán muy diferentes, y en ocasiones más duraderas, que las de una equivocación hace unos años: Si tu hijo, tras un cuatrimestre, decide dejar los estudios, la repercusión de esta decisión será mayor que cuando con siete años dejó el fútbol, pero deberás aceptarla.

Muchos padres y madres transitan esta etapa como un duelo, sintiendo que ya no son necesarios, y a veces se aferran al control que sí tuvieron sobre sus hijos en otras etapas, estableciendo límites y obligaciones que no corresponden para los jóvenes adultos que son sus hijos ahora.

Piensan que así los protegen de los peligros y decepciones de la vida adulta pero, aunque la preocupación es entendible, acaban perjudicando a unos jóvenes que necesitan mayores dosis de libertad.

Como dice Tess Brigham, una vez que tus hijos llegan a la mayoría de edad, debes dejar de ser CEO de sus vidas y empezar a asumir el rol de consultor: dales a entender que estás ahí, que siempre vas a estarlo, y que tu opinión, más experimentada, puede ayudarles. 

Pero no pretendas obligar a tu adolescente mayor de edad a tomar las decisiones que te parecen mejores, porque solo conseguirás alejarle de ti. Ahora más que nunca, debes dejarle vivir su vida, apoyar sus decisiones, cuidar el vínculo y disfrutar de ver cómo se ha convertido en una persona adulta.

Los conflictos con adolescentes mayores de edad

Los conflictos intergeneracionales no desaparecen por arte de magia la noche en que los hijos cumplen 18 años; de hecho, suelen acompañarnos en todas las etapas de nuestras vidas.

Mayor de edadYa sabemos que cuando los hijos cumplen 18, aún quedan unos cuantos años de convivencia. Y los estudios son claros: cuanto mayor es el tiempo de convivencia, más se van a prolongar los conflictos.

Y a veces, con la mayoría de edad llega un argumento que nuestros hijos consideran definitivo: el “soy mayor de edad y hago lo que quiero”, al que los padres no saben muy bien cómo responder (aparte del clásico “en mi casa se hace lo que yo diga”, que solo sirve para escalar el enfrentamiento).

Pero… ¿de verdad puede un hijo mayor de edad hacer lo que quiera en nuestra casa?

No voy a responder a esta pregunta de momento, porque me gustaría reflexionar primero sobre por qué una persona llega a decir esas palabras.

La causa de este nuevo argumento suele ser que el acercamiento a los conflictos no ha sido, hasta entonces, satisfactorio para ambas partes. Los hijos no se han sentido escuchados y quieren ahora imponer sus supuestos derechos.

Y, aunque lo mejor hubiera sido trabajar desde años antes en otra manera de resolver conflictos, nunca es tarde para hacerlo. 

Dan Dana, fundador del Mediator Training Institute, habla de tres estrategias en la resolución de conflictos:

Estrategia de control

que siempre deja ganadores y perdedores. Es lo que sucede cuando los padres amenazan a los hijos con “cortar” los recursos materiales.

Estrategia de derechos

que aparece cuando una parte se ha sentido tratada injustamente. Sería el ejemplo anterior, “ahora puedo porque soy mayor de edad”. Esta estrategia también deja ganadores y perdedores.

Búsqueda del interés mutuo,

que es mucho más interesante que la demostración de poder o de derechos. Se centra en encontrar una solución que pueda beneficiar a ambas partes; de este modo, no hay ganadores ni perdedores, y todo el mundo siente que sus sentimientos se han escuchado y respetado.

Cuando en la familia nos enfocamos en una estrategia de interés mutuo, lo que estamos haciendo es considerar el vínculo y la integridad de cada persona por encima de todo. Esto siempre mejora el ambiente. Nadie sale herido, por lo que en el siguiente conflicto es más fácil enfocarse de nuevo en una solución satisfactoria para todos. 

Date tiempo, porque no se consigue de un día para otro, pero ten por seguro que esta estrategia da resultados. Porque una persona que se siente mirada y escuchada, que siente su pertenencia a un grupo, tenderá a buscar el interés grupal. Está en nuestra naturaleza.

Prevenir los conflictos con adolescentes mayores de edad: los derechos y la vida en comunidad

Por supuesto, esta estrategia de resolución de conflictos no significa que no tengas derechos ni expectativas sobre tus hijos adultos que viven en tu casa.

Madre habla con adolescente

Lo que quiero decir es que deberías preguntarte quién obtiene beneficios, y quién sale perjudicado, cuando ejerces esos derechos de manera unilateral.

Imagina el caso de un hijo que no colabora en el hogar porque, según dice, está muy ocupado yendo al gimnasio. Podrías dejar de pagarle el gimnasio para que tuviera tiempo, pero ¿quién saldría beneficiado?

Probablemente te interese más trabajar desde otra perspectiva, creando una idea de comunidad en la que tu hijo/-a entienda que su contribución sirve al bien común.

No esperes sin más que tu joven adulto, que tiene muchas ganas de “quemar” su mayoría de edad, y pocas de asumir responsabilidades, entienda esto sin que se lo expliques. Te aconsejo que:

  • Escuches sus necesidades y expongas las tuyas.
  • Dejes muy claros los derechos y obligaciones de cada quien.
  • Busquéis una división de tareas del hogar que sea equitativa.
  • Interfieras lo mínimo posible en sus obligaciones.
  • Asumas que no lo puedes controlar todo.
  • Cuando no cumpla, no acuses: pregunta desde la empatía.
  • Sigas haciéndole saber que le quieres, a diario, aunque parezca que no te escucha.

 

¿Cómo vives tú la llegada de tus adolescentes a su mayoría de edad? Yo he acompañado a muchas familias en este tránsito, pero aún no lo he vivido en primera persona, así que me encantará saber cómo te está yendo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.