Cómo controlar el uso de videojuegos en la adolescencia

CÓMO CONTROLAR EL USO DE VIDEOJUEGOS EN LA ADOLESCENCIA

Hace unos meses se conoció en España el caso de un chico de 15 años que consiguió el triste récord de ser el primer caso clínico de adicción a un videojuego, Fortnite. Se habló mucho sobre ello, pero casi todo el mundo se quedó en la superficie del asunto. Sabemos ahora que el niño se refugió en los videojuegos tras un fallecimiento en su familia, y que antes de ese episodio era un chico normal, con un rendimiento académico alto, sin ningún factor de riesgo para desarrollar una adicción. Entonces, ¿qué? ¿Debo o no tener miedo? ¿Debo controlar el uso de videojuegos de mi adolescente? ¿Cómo saber si sufre adicción a los videojuegos?

¿Son adictivos los videojuegos?

Responder a esta pregunta no es fácil, y la prueba es que ni siquiera los expertos se ponen de acuerdo; de hecho, cuando la OMS decidió poner la adicción a los videojuegos en la lista de enfermedades mentales, se generó una gran polémica, y no solo porque estaban en juego los intereses económicos de una industria muy potente (los videojuegos son la primera industria del ocio).

VídeojuegosLa polémica, en los círculos médicos, venía por el hecho de que algunos estudios sobre los videojuegos también han demostrado efectos positivos. De hecho, se han desarrollado videojuegos para contextos no lúdicos, como la formación en empresas o la intervención terapéutica (por ejemplo, para jóvenes con TDAH), con muy buenos resultados.

Algo que está claro es que los videojuegos activan (en mayores como en menores de edad) el circuito cerebral de recompensa, en el que se libera dopamina, una de las hormonas del placer. Y con la dopamina sucede como con el comer en el refrán popular: “todo es empezar”; a más dopamina, más quiere el cerebro repetir esa acción que le produce placer, y por tanto segregar más dopamina. Esto sucede con muchas actividades: comer algo que nos gusta, hacer deporte, escuchar o tocar música, practicar sexo, beber alcohol, drogarse… 

El problema real…

…viene porque en la adolescencia los circuitos de control cerebral aún no están totalmente desarrollados y, por lo tanto, tenemos un cerebro mucho más vulnerable que otros a la sensación de placer que le aporta la dopamina. El cerebro adolescente está configurado para aprender y desarrollar hábitos de forma muy rápida y sólida pero, a cambio, puede desarrollar adicciones mucho más deprisa.

Lo que quiero decir es que el videojuego, en sí, no es un problema. De hecho, la OMS también definió como enfermedades mentales, a la vez que la adicción a los videojuegos, la adicción al sexo y al trabajo, y a nadie se le pasa por la cabeza que alguna de estas actividades sea negativa en sí misma, ¿no?

(Por cierto, de cómo el problema no es la tecnología sino el uso que hacemos de ella ya hablamos en el capítulo 26 del podcast de Adolescencia Positiva, en una entrevista con Liliana Arroyo que seguro te interesa).

Abuso de videojuegos: un dolor de cabeza en familias con adolescentes

Pero claro, que los videojuegos no sean un problema en sí no quita que muchas familias con adolescentes tengan dificultades para gestionarlos

Aunque quiero dejar muy claro que, en general, no se trata de casos de dependencia, que requerirían tratamiento profesional, sino de abuso

La OMS establece los siguientes requisitos para diagnosticar la adicción a los videojuegos:

  1. a) Deterioro en el control sobre el juego (por ejemplo, inicio, frecuencia, intensidad, duración, terminación, contexto);
  2. b) Incremento en la prioridad dada al juego al grado que se antepone a otros intereses y actividades de la vida diaria;
  3. c) Continuación o incremento del juego a pesar de que tenga consecuencias negativas.

Si no se dan estos tres factores combinados,  no se considera una adicción. Un uso abusivo o desadaptativo puede “tratarse” desde la familia, con una adecuada formación y límites adaptados a la edad de tu adolescente. 

Porque si bien los casos graves son muy pocos, la realidad es que un 7,4% de las chicas y un 30% de los chicos pueden convertirse en jugadores problemáticos. Y ello no tiene pocas consecuencias.

Malestar

Los jugadores problemáticos podrían:
  • Abandonar obligaciones familiares, educativas o sociales por pasar más tiempo jugando.
  • Reducir su rendimiento académico.
  • Preferir relaciones virtuales a relaciones reales.
  • Mostrar inquietud al no poder jugar.
  • Presentar patrones de sueño poco saludables.
  • Ser agresivos o mostrar gran irritación cuando son interrumpidos en el juego.
  • Padecer trastorno de ansiedad.
  • Que hasta el 95% de las familias con adolescentes afirmen necesitar formación sobre el uso de  las TIC nos dice bastante sobre la magnitud del problema. Y es que, aunque quienes somos padres y madres hemos jugado a videojuegos en nuestra adolescencia, no existía la posibilidad de conectarse a internet y jugar en línea. Ni se creaba un universo social. Este universo social es, según parece, el motivo principal para hacer un uso desadaptativo de los videojuegos, y la razón por la que quienes juegan online presentan más tasas de abuso que quienes juegan offline.

Así puedes controlar el uso de videojuegos por parte de tu adolescente

La mejor manera de evitar que los adolescentes terminen haciendo un uso desadaptativo de las pantallas es que nosotros monitoricemos qué, cuándo, dónde y con quién las utilizan.

Sin embargo, algunos estudios hablan de que dos de cada cinco adolescentes menores de edad juegan a videojuegos sin ninguna supervisión (ni de contenido, ni de tiempo, ni de espacios), lo que deja a estos chicos en una situación de mayor vulnerabilidad.

Monitorizar no significa controlar ni espiar: se trata más bien de dar pautas y confiar, acompañar imponiendo lo mínimo, estableciendo límites saludables y un entorno en el que nuestros adolescentes se sientan en confianza para hablarnos de a qué juegan y con quién.

(Puedes leer este artículo del blog en el que hablamos sobre control de móviles).

Cada familia tiene sus dinámicas, pero te aconsejo que establezcas, conjuntamente con tu adolescente, unas normas muy claras sobre el uso de videojuegos, y que, al menos al principio, no te las saltes

Una vez que las normas estén integradas, y dependiendo de la edad y el carácter de tu adolescente, podrás ver si puedes hacer excepciones en determinados momentos, pero mientras las estéis asimilando, lo que mejor funciona es seguirlas a rajatabla.

Si crees que tu adolescente ya está haciendo un uso abusivo de los videojuegos, deberás hablar sobre el tema antes de establecer las normas, para que entienda por qué necesita reducir su tiempo de juego y que tu objetivo es ayudarle.

Mis consejos para establecer estas normas son: Madre habla con hija
    1. Sed realistas. Si el objetivo es reducir el número de horas que tu adolescente pasa jugando, es muy poco factible pasar de 3 horas a 0. Es casi seguro que acabéis abandonando.
    2. Estableced tiempos de juego razonables. La barra libre los fines de semana casi nunca funciona, porque el tiempo que se pasa por sesión es un factor que favorece el uso abusivo.
    3. Los tiempos de descanso son sagrados. Te corresponde a ti establecer el número de horas mínimo que debe dormir tu adolescente, y asegurarte de que lo respeta. Si juega por la noche a escondidas, quizá debas plantearte retirar los dispositivos de las habitaciones a la hora de acostarse.
    4. Que no descargue nada sin tu permiso. Aunque sea un juego gratis. Debes verificar que el juego es apropiado para su edad y su nivel madurativo.
Implícate

Aunque no te gusten los videojuegos, interésate por lo que hace, su progresión, las personas con las que juega. Esto no solo te ayudará a estar más cerca de tu adolescente, sino que te permitirá supervisar sin controlar o espiar. Si le apetece, también puedes probar a jugar; probablemente compartáis un rato de risas y conexión, y a tu adolescente le encantará ver que es mejor que tú en algo.

Porque, al final, las semanas tienen 168 horas, así que se pueden dedicar algunas a los videojuegos y otras a otras aficiones. Acompañar, conectar, dialogar con ellos es fundamental. A veces no es fácil, pero siempre merece la pena.

Si necesitas ayuda para establecer pautas de control de videojuegos, te recuerdo que tengo el programa ConectadOff, que puedes seguir a tu ritmo, para ayudarte a acabar con el uso abusivo de las pantallas en casa. En él aprenderás:

  • A conocer las señales de advertencia sobre un uso abusivo de las pantallas.
  • A gestionar el uso y adecuar los tiempos para salvaguardar la salud de tu hijo/a
  • A establecer límites claros sobre el uso de la tecnología.
  • Cómo evitar distracciones cuando es hora de centrarse en los estudios.
  • A validar y gestionar el enfado como emoción legítima ante un límite.

Puedes acceder al programa aquí y ver el video training gratuito que he preparado para ti.

Cuéntame, ¿a tu adolescente le gustan los videojuegos? ¿Crees que pasa demasiado tiempo frente a ellos o son solo una afición más?

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